Y puesto que influyes en el mundo soberanamente, de tal modo que en él
sin ti nada tendría vida y nada sería agradable, inspira estos versos
que escribo destinados al estudio de la _Naturaleza de las cosas_, y
dedicados á nuestro Memmio[2], á quien adornar quisiste en otros días
con tus más nobles dones: por él ¡oh diosa! demando tu favor. Haz,
entre tanto, que los horrores militares duerman en la tierra y en el
mar, y como tienes poder para conservar á los mortales paz tranquila,
ya que el gran Mavorte[3] que á su gusto rige las batallas suele
quedar en tus brazos preso y de intenso amor herido, cuando sediento
de contemplar tu albo pecho, inclinada la cabeza y embebecido en tus
ojos en éxtasis prolongado tenga de tus labios pendiente su voluntad,
y cuando desfallecido en tu regazo yazga y tu dulce persuasión le
quebrante la ira, pídele que conceda á los Romanos paz serena; porque
ni yo podría en época de aflicciones para mi patria dedicarme con ánimo
reposado á entonar mis cantos, ni tampoco el ilustre Memmio podría
oirme, impulsado á las armas por la común defensa.
[2] Memmio Gemelo, ciudadano romano que fué pretor de Bitinia y
después vivió desterrado en Atenas, donde es fama que recibió
algunas cartas de M. T. Cicerón.
[3] Marte (Mars) es síncopa de Mavorte (Mavors).