[5] =Tebaida,= hermitage; a place of seclusion; retreat. From Thebes, to

which place the first Christian anchorites went in quest of solitude.

[6] =las fuentes de la inspiración,= the sources of inspiration.

3.--EL REGIONALISMO

La mayoría de las obras de la literatura americana de la última época

responden a una honda preocupación territorial, como es el estudio de

nuestro medio y de nuestra evolución orgánica.

Que en nuestra vida americana sobran asuntos de positivo interés, lo han

demostrado de antiguo, no sólo esas novelas o poemas románticos, hoy

célebres, que se llaman «María» y «Amalia,» y que se deben a la pluma de

dos poetas hondos y sinceros: Jorge Isaacs y José Mármol; lo demuestra

también, por otro concepto, ese modelo de sátira político-social que se

llama Blas Gil,[1] que sin desdeñar el sabor clásico del estilo, nos

dejó como reflejo de la vida colombiana el literato-presidente José

Manuel Marroquín.[2] En nuestros días, es muy variado y extenso el

panorama de la novela en América, donde si bien es verdad que algunos

escritores como Enrique Rodríguez Larreta, el discutido autor de «La

gloria de don Ramiro»,[3] eligen o prefieren temas exóticos, la mayoría

de los que al género novelesco se dedican ha sabido encontrar en el

marco de las costumbres nacionales asuntos múltiples que esperaban ser

explotados. Así Carlos Reyles y Eduardo Acevedo Días en Uruguay;

Francisco Sicardi, Roberto Payró y el fecundo Ocantos en la Argentina;

Emilio Rodríguez Mendoza en Chile; Manuel Díaz Rodríguez en Venezuela;

Manuel Zeno Gandía en Puerto Rico; Federico García Godoy y Tulio M.

Cestero en la República Dominicana; Federico Gamboa y Carlos González

Peña en Méjico; así, por último, en Cuba, Jesús Castellanos, que

siguiendo las huellas[4] de predecesores valiosos como Cirilo Villaverde

y Nicolás Heredia, es quien ha sabido señalar mejor, de manera más

definida y precisa, el marco de la novela típicamente cubana.[5]

--_Max Henríquez Ureña_ (DOMINICANO)

Chapter Footnotes:

[1] =Blas Gil,= _nom de plume_ of José M. Marroquín.

[2] Alluding to the fact that José M. Marroquín, the noted Colombian

writer, statesman and philologist, was president of his country from

1900 to 1904.

[3] =«La Gloria de don Ramiro,»= a work which, although written by an

Argentine, depicts the life and people of Spain in the sixteenth

century.

[4] =siguiendo las huellas,= _following in the footsteps_.

[5] For the benefit of those who desire to know more about the Spanish

American writers who have excelled in the description of national life

and customs, the above, which includes only contemporary writers, may be

extended by including the following, many of whom wrote a generation

ago:

In Argentina, Pastor Obligado (traditions), José Miró (Julian Martel),

Manuel T. Podestá, Emma B. de la Barra (fiction); in Chile, Miguel Luis

Amunátegui, Enrique del Solar (traditions), Alberto Blest Gana, Luis

Orrego Luco, Zorobabel Rodríguez (fiction); in Perú, Ricardo Palma

(traditions); in Mexico, José María Roa Bárcena, Justo Sierra

(traditions), Victoriano Salado Álvarez, Ireneo Paz, José Portillo y

Rojas, Rafael Delgado; in Ecuador, Eduardo and Juan de León Mera; in

Guatemala, José de Batres y Montufar (traditions) and José Milla

(fiction); in Costa Rica, Fernández Guardia and Aquiles Echeverría; in

Venezuela, Rufino Blanco Fombona.

4.--ALGUNOS LITERATOS ILUSTRES DE HISPANO-AMÉRICA[A]

=Andrade, Olegario V.= (1838-1884)

Olegario V. Andrade[1] es el poeta objetivo por excelencia, es el cantor

de las cumbres, a cuyos ojos no tienen valor las cosas pequeñas o

vulgares. La epopeya andina de que hace rápsode al cóndor[2] solitario,

el tormento del pensamiento encadenado al que atenacean los buitres de

la envidia, el hecho portentoso del descubrimiento de un mundo,

encuentran en su paleta colores nuevos y en su lira sones heroicos y

graves. Andrade esculpe versos en el granito y despierta los ecos de los

cerros andinos haciéndolos vibrar con sus epítetos sonoros.

Pocos poetas en América han mostrado, por la misma época, el desenfado y

la audacia del cantor de «Prometeo» y de la «Atlántida»,[3] en la

elección de la metáfora y del símil. Diríase que el poeta ha querido

crear con sus estrofas, formas y conceptos nuevos dignos de la

magnificencia del objeto cantado.

(_Anónimo_)

=Altamirano,[4] Ignacio Manuel= (1833-1893)

No tiene la historia americana un rival tan brillante que oponer a este

artista de la palabra[5] y de la idea, que haya brotado espontáneo y

luminoso, como un astro majestuoso y desconocido en la tenebrosa

inmensidad avasallando los mundos, de la raza indígena[6] y de sus más

remotas comarcas.

Sin imitar las asperezas de su raza, se pulió con el refinamiento del

progreso, revelando ternezas ingenuas y descubriendo bríos civilizadores

invencibles y prodigiosos.

Aportó a la cultura de su patria los gérmenes poderosos de su estirpe,

como elementos nuevos, puros y fecundos de un desarrollo maravilloso que

encerraba todos los encantos y las fuerzas latentes de la naturaleza de

su raza.

--_Pedro Pablo Figueroa_ (CHILENO)

=Amunátegui, Luis= (1828-1888)

La parte más valiosa que hay en la personalidad múltiple de _Miguel Luis

Amunátegui_[7] es la del propagandista tenaz de las glorias del pasado

chileno; es la del escritor de actividad asombrosa en la aclaración de

todos los puntos obscuros del ayer[8]; es la del biógrafo fecundo y

generoso inmortalizador de tantas glorias de nuestra historia; es la del

obrero infatigable de la verdad histórica y de la ilustración social de

Chile.

--_Jorge Hunecus_ (CHILENO)

=Barros Arana, Diego= (1830-1907)

Diego Barros Arana[9] es la personalidad de mayor consistencia

científica en el campo de las ciencias históricas de Chile, el último

glorioso sobreviviente del gran triunvirato de nuestros investigadores

del pasado: Amunátegui, Vicuña Mackenna y Barros Arana. Su obra se

distingue principalmente por su gran consistencia científica. La

Historia General de Chile es la síntesis suprema de nuestros grandes

progresos en la literatura histórica _ad narrandum_.[10] Es el gran

monumento, que al fin del interesante camino de nuestra producción

intelectual se levanta para decir que la obra gloriosa de exhumación de

todo el pasado nacional está, por fin, terminada.

--_Jorge Hunecus_ (CHILENO)

=Bello, Andrés= (1781-1865)

Andrés Bello,[11] que aunque nacido en Venezuela vivió y murió en Chile,

es uno de esos personajes que honran a todo un continente,[12] y que se

granjea el respeto y las simpatías de cuantos le tratan, y aún de

aquéllos que solamente le conocen por sus escritos. Es una de esas

fisonomías dignas de estudiarse, porque cada uno de sus rasgos revela la

inteligencia más cumplida[13] y la virtud más acendrada. Es un espíritu

ingenioso, un escritor elegante y castizo, que recuerda los bellos

tiempos de la literatura española. Su talento, poderoso y fecundizado

por el estudio, ha recorrido todos los ramos del saber humano; y por

esto ha escrito con la misma maestría sobre historia, sobre derecho de

gentes,[14] sobre gramática, sobre métrica, sobre astronomía; y ha

resuelto los más arduos problemas de matemáticas con la misma facilidad

con que ha escrito bellísimas odas.

--_M. Torres Caicedo_ (COLOMBIANO)

=Blest Gana, Alberto= (1831)

Las novelas de Alberto Blest Gana[15] parecen escritas de propósito para

vindicar a la sociedad Chilena de su tan gritada y compadecida

esterilidad. Todas las figuras que dibuja en sus cuadros no tienen un

pie, ni una pulgada más que cualquiera de los vecinos de nuestra buena

capital.[16] Cuanto les rodea es prosa. El mundo en que viven, los

círculos que frecuentan son los mismos que frecuentas, tú, lector,[17] y

yo: mundo insípido, círculos donde la vulgaridad está a la orden del

día,[18] donde se bosteza mucho, se juega malilla y cada uno se ocupa en

martirizar a los demás. En una palabra, cada uno de esos cuadros es un

daguerrotipo de nuestra sociedad, sólo sí[19] iluminado con los colores

de un rico estilo.

Presenta siempre ante los ojos del lector al hombre moral: son sus

sentimientos, sus ideas, sus pensamientos, sus pasiones en lucha,[20]

sus impresiones más fugitivas las que hacen todo el gasto.[21] ¡Y qué

delicadeza de observación, qué maravillosa facultad de adivinación, en

algunas escenas, qué pinceladas tan maestras y felices para comunicar

cuerpo, vida y movimiento al personaje que retrata!

Cuando se termina la lectura de una novela de Blest Gana, uno cree haber

conocido a sus personajes, haber vivido en su intimidad. La ilusión es

completa.

--_Justo Arteaga Alemparte_ (CHILENO)

=Calcaño, Julio= (1840)

Miembro don Julio Calcaño de una familia verdaderamente ilustre de

Venezuela, porque ha dado a su patria numerosos individuos que la han

enaltecido con sus talentos, con sus virtudes, con los servicios

valiosos que le prestaran, ha representado dignamente, en larga vida

enaltecida por grandes merecimientos, el lucido papel a que le llamaban

los precedentes de su casa, y a los timbres de sus predecesores añadió

los que supo conquistar el propio valer....

Su cooperación tan incesante como inteligente, a los trabajos de las más

importantes corporaciones venezolanas y de no pocas[22] extranjeras; el

decidido empeño con que ha cooperado también a que otros realizaran

labor fructuosa; la variedad de sus talentos y la amplitud de su

cultura; todo ello hace de él una personalidad conspicua, merecedora de

respeto y estimación.

--_José A. Rodríguez García_ (CUBANO)

=Caro, José Eusebio= (1817-1853)

José Eusebio Caro[23] fué el más lírico de todos los colombianos, por lo

profundo e intenso de su vida afectiva, la cual expresó con rara

franqueza y viril arrojo en versos de forma insólita, que bajo una

corteza que puede parecer áspera y dura, esconden tesoros de cierta

poesía íntima y ardiente, a un tiempo[24] apasionada y filosófica, medio

inglesa y medio española, que antes y después de él ha sido rarísima en

castellano. La extraña y selvática grandeza de la poesía de Caro procede

enteramente de la grandeza moral del hombre, que fué acabado tipo de

valor y dignidad humana.

--_Marcelino Menéndez y Pelayo_ (ESPAÑOL)

=Caro, Miguel Antonio= (1843-1909)

Miguel Antonio Caro,[25] digno hijo del[26] ilustre Dn. José Eusebio

Caro, es bien conocido por sus trabajos literarios no sólo en Colombia

sino en España, donde personas competentes consideran su traducción de

las obras de Virgilio como la mejor que se ha hecho en lengua

castellana. Si como poeta es notable, como prosista elegante y correcto

y como escritor erudito no hay quien le supere en América. A él, en

primer término, se debe el que haya caído en desuso[27] el espíritu

antiespañol, que no era natural y espontáneo sino simple moda, fomentada

oficialmente cada año por los discursos patrioteros de 20 de julio,[28]

y tal resultado se obtuvo con el establecimiento de las relaciones

diplomáticas con la madre patria, con la propagación de la buena

literatura castellana y con la fundación de las Academias

americanas,[29] que tanto han contribuido a estrechar los lazos de

amistad entre España y las repúblicas hispanoamericanas.

--_Miguel Cané_ (ARGENTINO)

=Echeverría, Aquiles=

Aquiles J. Echeverría[30] habla la lengua de los hombres rurales de

Costa Rica. Una ráfaga del aire que acarició las melenas de Martín

Fierro o de Santos Vega[31] ha pasado por allá. El canto brota del

terruño como las flores y frutos autóctonos. De más decir que Echeverría

no ha tenido nada que ver con princesas propias o ajenas; no ha

contribuido a hacer odioso el alejandrino, no ha tenido jamás ningún

rastacuerismo lírico, ni se cree un pistonudo genio. Tiene--¡ah, tener

eso todavía, Dios mío[32]!--tiene un corazón. Un corazón armonioso,

sensible y lleno de alegría y de ternura. Ha sufrido las terribleces de

la escasez y está padeciendo las amarguras de la enfermedad y, sin

embargo, no hay en él un solo instante de pesimismo y, como buen pájaro

natural, dice su decir rítmico celebrando las cosas lindas de la vida y

despertando la sonrisa en los labios de los que escuchan su música

jovial.

--_Rubén Darío_ (NICARAGÜENSE)

=Gutiérrez González, Gregorio= (1826-1872)

Gregorio Gutiérrez González[33] es el más popular de los poetas

colombianos cuyas estrofas andan en boca[34] aún de gente que no sabe

leer. Cuando los cantos de un poeta han ido más allá del campanario de

la aldea, y vagado en alas de[35] las auras, y han sido repetidos por el

murmurio de los arroyos, y reproducidos por el eco de las colinas, y,

antes que aplaudidos en los palacios del rico, han alegrado las vigilias

en las cabañas de los pobres, y resonado en tierras remotas, entonces

está medio ganado el pleito de la fama.

--_Salvador Camacho Roldán_ (VENEZOLANO)

=Hernández, José= (1834-1886)

José Hernández,[36] indiscutiblemente es el que posee el cetro de la

poesía criolla[37] Argentina entre los clásicos. Rudo en el lenguaje, de

una rudeza natural, escribió «El Gaucho Martín Fierro,» completado más

tarde con «La Vuelta de Martín Fierro,» poemas que son un exponente

nítido del espíritu criollo, ameno para la charla, que suele matizar con

sentencias e imágenes tanto más poéticas cuanto no pertenecen al género

metafórico, de que tanto se abusa en los tiempos que corren.[38]

Hernández fué poeta a su manera.[39] Carecía de ese «gay decir»[40] tan

celebrado en Estanislao del Campo, pero dominaba en absoluto lo que éste

rara vez logró: la agudeza filosófica de los dichos populares.[41] Como

dice José M. Estrada, «Martín Fierro es el tipo culminante del gaucho,

es decir, el producto más completo de una sociabilidad injusta,

operando sobre una naturaleza ingénitamente poderosa y activa.»

--_Noel de Lara_ (ARGENTINO)

=Isaacs, Jorge= (1837-1895)

La «María» de Jorge Isaacs,[42] el poeta colombiano, es admirable, pero

¿qué es? No encontramos en ella ni un soplo de Shakespeare ni un soplo

de Dickens, ni menos, y por fortuna, un soplo de Dumas. María es una

niña, niña de cualquier país, de cualquier sociedad con tal de[43] ser

niña. Efraín es un joven capaz de pensar y querer fuertemente, pero a

quien conocemos en el crepúsculo de su virilidad amando como todas las

naturalezas de su temple, cuando no han sido labradas por el rozamiento

brutal de la traición ni de ninguna de las miserias arrogantes y

agresivas que sombrean los caracteres: amando explosiva y angélicamente.

El teatro de sus amores es nuevo y espléndido: nuevo para el arte,

espléndido para la pasión. Pero ni los graves perfiles del Cauca ni la

indefinida serenidad de la Pampa prestan elemento al drama, cuando no

intervienen en él pasiones que se chocan y se anudan, y cuyo desarrollo

se desenlaza en la catástrofe o en la suprema delicia. Esta lucha no

existe en la «María».[44] El grupo de sus actores es un grupo hermoso,

demasiado hermoso, demasiado monótono en su belleza para que pueda

llenar las condiciones dramáticas de la novela. ¡Qué tremenda cosa sería

la vida sin la perspectiva, más o menos lejana y tétrica, de la muerte!

¿Cómo podrían resaltar la virtud y la fuerza, sin el contraste del vicio

y de la debilidad?

--_José Manuel Estrada_ (ARGENTINO)

=Lillo, Eusebio= (1826-1900)

Eusebio Lillo,[45] cuyas poesías brotan de su alma como cautivantes

notas de las cuerdas de un laúd, es el poeta de las flores, del amor y

de la libertad, que canta el ensueño sin fin del ideal, de la belleza

maravillosa.

En la humilde y perfumada violeta, en la oculta y misteriosa madreselva,

en el dorado junco, en la rosa encendida y espléndida, halla fuente

caudalosa para sus poemas de musical ternura.

Las aves y los ríos, el mar y la mujer, el amor y la libertad, le

brindan temas fecundos y prodigiosos para sus cantos de melodía

infinita.

--_P. P. Figueroa_ (CHILENO)

=Mármol, José= (1818-1871)

«Amalia», esa obra maestra[46] de José Mármol,[47] es un libro

esencialmente porteño, y americano por extensión; para juzgarlo es

preciso un criterio nuestro, argentino, pues siempre valdrá mucho más

para los conocedores del teatro de los hechos, que para los que,

ignorando los caracteres, las costumbres y la topografía del cuadro,

aplican en su examen elementos generales de crítica, y subordinan el

conjunto, como obra de arte, a los preceptos de escuela.[48]

Bajo este aspecto no sería difícil que[49] en muchos puntos flaquease la

«Amalia», porque su estilo no es rigurosamente académico, ni el plan del

drama está trazado con precisión; no obstante, lo que allí aparece

rebelde a la exigencia artística, es muchas veces lo que mejor expresa

un carácter o acaba de acentuar un acontecimiento. Así resulta que si

tiene defectos de estructura literaria, superabunda de[50] importancia

histórica y de interesantes episodios. En resumen[51]: «Amalia» es la

novela más extensa, más dramática y de mayor interés histórico que haya

producido hasta nuestros días la literatura del Río de la Plata.

--_M. A. Pelliza_ (ARGENTINO)

=Olmedo, José Joaquín= (1780-1847)

La obra maestra de José Joaquín Olmedo[52] es, sin duda, «La Victoria de

Junín, Canto a Bolívar.» Desde el principio hasta el fin[53] de ese

poema hay bellezas de primer orden, valentía, elevación, descripciones

felices, contrastes oportunos, y siempre una versificación armoniosa y

sostenida. Son de notarse[54] los rasgos descriptivos que el poeta

ecuatoriano da de Bolívar, con quien se encuentra antes de empezar la

batalla; la descripción de la pelea entre los dos ejércitos, la cual

trasporta al lector al campo de los combatientes, donde ve a cada

guerrero a la cabeza de los bravos que le han recomendado, embistiendo,

cargando, arrollando, distinguiéndose cada cual en la lid según su valor

y ardimiento,--donde oye el silbido de las balas, el estridor de los

aceros, el grito de los que luchan, el alarido de los que caen, el

atambor que redobla, el clamor de la trompeta que excita a la pelea, y

el relincho de los fogosos corceles--, y ve sangre a torrentes[55] y

montones de cadáveres por donde quiera que vuelve los ojos.

--_M. Torres Caicedo_ (COLOMBIANO)

=Palma, Ricardo= (1833-)

Si a Ossián es necesario leerlo en la montaña; a Tennyson junto a un

buen fuego, en una confortable silla inglesa; a Beaumarchais, en París;

y a Tasso, en Florencia, sostengo que a Ricardo Palma[56] hay que leerlo

en Lima. Para el extranjero el teatro casi no ha cambiado. No conozco

una ciudad que tenga un colorido más americano que ésta. En cuanto a los

personajes, fijad un poco la atención y la mirada hasta que los ojos

adquieran aquella potencia óptica que, en la leyenda alemana, hace salir

la figura de las telas y animarse los mármoles y bronces, y veréis

encarnarse el personaje tradicional, y pasearse con toda tranquilidad

por esta noble ciudad de los Reyes.[57] Ese es mi encanto en los libros

de Palma. La limeña que vuelve tarumba[58] al mismo virrey en persona,

con una mirada o un chiste, la he visto ayer salir de Santo Domingo, con

los ojos como ascuas, bajo el encaje del manto, con un pie capaz de

desaparecer en la juntura de dos piedras, y aquel andar que hubiera

hecho persignarse al mismo San Antonio.

Todos viven: el reverendo padre franciscano, redondo, satisfecho,

regordete, con la unción en el semblante, que da la digestión tranquila;

el _zambito físico_, paquete, sonriente y decidor; el indio paciente y

manso.

--_Miguel Cané_ (ARGENTINO)

=Rodó, José Enrique= (1872-)

José Enrique Rodó[59] es un filósofo digno de figurar en las filas de

los más célebres, como William James, Boutroux y Bergson.

¿Para cuántos de mis lectores será su libro--=«Ariel»=--como para mí lo ha

sido, una revelación?...

Es, de todos modos,[60] extraño que mientras llegan en abundancia libros

europeos, las obras latino-americanas sean escasísimas en los

escaparates de las librerías santiaguinas.

Rodó es un psicólogo y observador de primer orden; es al mismo tiempo un

moralista y un poeta. De la combinación de tan valiosos y variados

elementos nace una filosofía muy humana y escrita en estilo humanísimo.

Marsilio Ticino y los platónicos del Renacimiento hallarían en el

escritor uruguayo más que un discípulo, uno de sus iguales: un humanista

eximio.

--_Omer Emeth_ (CHILENO)

=Sarmiento, Domingo F.= (1811-1889)

«Facundo o Civilización y Barbarie», que escribió don Domingo F.

Sarmiento,[61] es el libro argentino por excelencia; la nota poética y

pictórica más alta que haya dado la literatura americana; sus capítulos

vibran de entusiasmo épico y de unción patriótica; pasan de la anécdota

aparentemente pueril al concepto sociológico y filosófico; de la

descripción del medio a la psicología de los hombres que de ese medio

derivan; es el libro de un pensador y de un poeta, del más grande poeta

que hayamos tenido.

--_Enrique García Velloso_ (ARGENTINO)

=Varona, Enrique José= (1855-)

Atesoran ciertos hombres un caudal tan vasto de actividades, y suelen

ejercitarlas tan útil y sabiamente, que el ánimo, perplejo ante la obra

multiforme por ellos realizada, no acierta a comprender de qué manera,

en el estrecho marco que significa una vida humana,[62] pueda caber un

programa tan vasto y tan vario. Tal ocurre[63] con la personalidad de

Enrique José Varona,[64] cuya significación en el desenvolvimiento

intelectual de Cuba es de notoria trascendencia en tan diversos como

importantes aspectos. Literato, periodista, orador, poeta, filósofo,

profesor, hombre público, Enrique José Varona ha dejado por doquier,[65]

en la vida de su país, la firme huella de su paso. Es imposible recorrer

la historia de Cuba durante casi medio siglo, o, cuando menos, desde

1880 hasta los días que corren, sin encontrar el nombre de Enrique José

Varona asociado, de un modo u otro, a los acontecimientos más salientes

que se sucedieron en tan agitado y tormentoso período.

--_Carlos de Velasco_ (CUBANO)

=Villaverde, Cirilo=

Antes, mucho antes que Pereda desplegase el estandarte del realismo en

novelas como «El Sabor de la Tierruca,» Cirilo Villaverde,[66]

procediendo por iluminaciones de su temperamento de artista, siguiendo a

secas[67] sus intuiciones, creaba en un rincón de América una novela en

que ponía a contribución[68] los mismos elementos que luego utilizó el

arcaico y cervantesco paisajista montañés «Cecilia Valdés». Fué más

lejos aún que Pereda, pues no se limitó su innovación a reproducir, tal

como era en el mundo real, la psicología de cada personaje, sino que

llegó, subordinando las partes al todo, a una síntesis profunda y

suprema en que pone de relieve,[69] como un filósofo que de análisis en

disección[70] ha llegado a la meta[71] de una hipótesis compendiosa, las

leyes históricas del período más ominoso de la colonización española en

Cuba.

--_M. de la Cruz_ (CUBANO)

=Zorrilla de San Martín, Juan= (1857-)

«Tabaré,» el poema de Juan Zorrilla de San Martín,[72] el escritor

uruguayo, parece inspirado por el medio ambiente, por la naturaleza

magnífica de la América del Sud, y por sentimientos, pasiones y formas

de pensar[73] que no son sencillamente españoles, sino que a más de

serlo,[74] se combinan con el sentir, el discurrir y el imaginar del

indio bravo, concebidos, no ya por mera observación externa, sino por

atavismo del sentido íntimo, y controversión en su profundidad, donde

quien sabe penetrar lo suficiente, ya descubre al ángel, aunque él esté

empecatado, ya descubre a la alimaña montaraz, aunque él sea suave y

culto. Ello es que en «Tabaré» se siente y se conoce que los salvajes

son de verdad,[75] y no de convención y amañados y contrahechos, como,

por ejemplo en «Atala».

--_Juan Valera_ (ESPAÑOL)

Chapter Footnotes:

[A] These pen-portraits of a few of the many notable Spanish-American

writers are presented here not only as models of expression, but with

the purpose of acquainting the student of Spanish with certain names

that are identified with the literary progress of Spanish America. These

excerpts are given in alphabetical order.

[1] =Olegario V. Andrade.= An Argentine poet and journalist.

The Spanish American Reader · 第 22 / 30 段