La fama de sus virtudes y de sus maravillas cundió pronto en los
bosques, exagerándose sus milagros.
Los baglanes le adoraron como á profeta; y halagando Isio su vanidad
y enseñándoles á curar con las plantas del país y otras lecciones
muy útiles, se convirtieron en apóstoles suyos.
La religion que enseñaba era la Anitería malaya, ó sea la misma que
se conservaba en aquellas bosques, pero perfeccionada y reducida á
racional sistema. Combatía Isio el catolicismo con los argumentos de
los herejes y atacaba la sociabilidad, ó sea la idea de reducir á
la vida civilizada á los igorrotes con las objeciones del católico
contra el socialismo exagerado, por supuesto, todo presentado en
formas sofísticas que alucinaban no sólo á aquellos monteses, sino
que logró además adeptos aún entre los ilocanos.
Sus dogmas se reducían á tres: adorar y obedecer hasta el sacrificio
á Dios y á sus anitos en la persona de su Profeta; no hacer á nadie
lo que no queremos para nosotros; antes bien socorrer al pobre
y desamparado.
Desde los montes de Ilocos hasta Cagayan, Isio era venerado por sus
milagros, su sabiduría y su desinterés.
Y esto de desinterés debe entenderse por limitarse Isio á pedir lo
que personalmente necesitaba, como alimento y parca contribución de
dinero ó en especie, que visiblemente empleaba en el bienestar de
aquellas rancherías, como en la construcción de puentes, la policía,
el cuerpo de atalayas avanzadas, que se comunicaban de dia con sábanas
izadas y de noche con luces. Predicó el trabajo y les estimuló á
estudiar, enseñando conocimientos útiles, especialmente la Medicina
y la Agricultura.
Inspiró á los súbditos el respeto á los jefes de las rancherías,
y á éstos el amor á sus hermanos.
Es cierto que llevaba consigo como vírgenes para el puro culto de
los anitos, á las más guapas de la ranchería.
En fin, logró civilizar relativamente á aquella gente; con la libertad
y justicia que procuró para los inferiores, se estimularon á trabajar
con afan; con la fraternidad sincera, el olvido de los agravios y
mútuo auxilio que predicó, abolió las luchas diarias de ranchería
contra ranchería, y todos no procuraban más que atender á las nuevas
necesidades buenas que les había creado Isio, como las de vestirse
y alimentarse bien, costear la enseñanza de los niños y pagar los
demás impuestos para mejorar sus nacientes pueblos, etc.