XII

Si fuera Isio verdaderamente desinteresado y patriota, estaba en sus

manos el entregar un gran pueblo á los españoles, para que acabasen

la obra comenzada por él, é indudablemente le hubieran indultado,

ya en consideración á este gran servicio, ya porque cometió aquellas

exacciones de antes, obligado por las tristes circunstancias que

le rodeaban.

Pero á la propia comodidad, al espíritu de venganza y al prurito de

gobernar, todo lo sacrificó, hasta su misma labor civilizadora.

Los españoles habían sabido que en el centro de Abra, se organizaba

potente un gran pueblo compacto, decidido á todo y dirigido por el

sagaz y denodado Isio, y con justa razón temieron que algún dia daría

serio quehacer á los vecinos pueblos civilizados, y se propusieron

prender al prófugo ex-gobernadorcillo.

Isio lo supo y entonces predicó la guerra contra los españoles y los

ilocanos que les seguían.

--¡Esos--exclamaba--vienen á perseguir al enviado de los anitos, que

os está haciendo grandes servicios! Nuestros dioses quieren probar

vuestra obediencia para poderla premiar después en el paraiso. Por

lo demás, la victoria no es dudosa para nosotros.

Logró reunir un numeroso pelotón de monteses y en una sola noche

asaltaron los antiguos baluartes que había en Ilocos y que se habían

levantado para rechazar á los moros joloanos, y como casi todos estaban

abandonados, fueron derrotados sus vigilantes y se apoderaron de los

cañones y demás armas, municiones y pólvora que allí había.

Con los cañones cerraron las gargantas de los montes que daban

acceso á aquellos valles, y asi favorecidos grandemente por la

Naturaleza, hicieron imposible toda idea de avanzar un pasito más de

sus avanzadas. En la Historia de la comarca ilocana deben de estar

consignadas las muchas desastrosas retiradas y lamentables fracasos

que las tropas españolas sufrieron al intentar castigar al célebre

Isio, y últimamente fué derrotado el capitan Pinto.

Pero fué enviado contra él el no menos famoso capitan español Galvey,

á principios de 1831. Se reunieron las fuerzas de Ilocos con las de

Pangasinan en el rio Piapia de Balaoang y se dirigieron á Tamoron.

Galvey, con sus anteriores simuladas expediciones al país de los

igorrotes, desde 1829, logró que estos acabasen con toda su pólvora, y

cuando se convenció de ello, intentó llevar á cabo un decidido ataque.

No reseñare la expedición, aunque bien lo merecería la bravura con que

se defendieron los igorrotes; sólo haré constar que perdieron casi

tantos hombres como soldados de Galvey dejaron de existir, hiriendo

gravemente al capitan Castañeda, y estaban ya á punto de tomar una

retirada, cuando un. sargento logró atravesar de un balazo á Isio, y

como los igorrotes vieran caer como herido del rayo al que consideraban

profeta invulnerable, creyeron que los verdaderos dioses eran las balas

de los españoles; se sobrecogieron de terror y acabaron por huir á

la espesura de los montes, volviendo á su anterior modo de vivir. [115]

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 214 / 232 题