El tiempo vuela.
Isio lleva sólo un mes de mando y casi está ya cansado con ir y
venir del Gobierno de la provincia y de otras casas, donde habitan
sus superiores, que son la Administración de H. P., la Guardia civil,
etc.; ¿pero qué son esos cansancios ante el prurito de ir á oir misa,
con la música delante, atrayendo la vista y las simpatías de las
babbalasang (solteras) del pueblo?
El tiempo sigue volando.
Isio ya está cansado de tanto ruido, á juzgar porque ya piensa en
renunciar el cargo.
Pero el viejo mentor de él, le dijo en tono solemne:
--Si ahora desmaya V., es mejor que se ahorque, y si le falta cuerda
para ello, acuérdese de las borlas de su baston. ¡Animo para todo,
y mucha prudencia!
--Bueno, me ahorcaré,--le solía contestar el inocente Isio--no tengo
valor para tanto sufrir.
--Es ley natural del inferior con el superior. Hágalo lo mismo con
los otros.
¡Y volaba el tiempo!
Habían pasado seis meses.
Isio ya no era tímido; los polistas, en vez de trabajar en los caminos
y puentes, se ocupaban en levantar una gran casa de tabla para él.
Tenía fama de valiente; había organizado el cuerpo de cuadrilleros
militarmente, y con ellos tenía á raya á los malhechores y á los
igorrotes, á quienes visitaba con frecuencia en son de guerra.
Ya tenía algún dinero; zanjó, más bien violentamente que otra cosa,
sus cuentas con sus antiguos deudores
¡Volaba, volaba el tiempo!
Isio llevaría ocho meses de mando: no ya solamente tenía metidos en
cintura á los tulisanes y demás gentuza del monte, sino á la misma
turbulenta principalía del pueblo.
--¡Oh! solía gritar á sus enemigos en pleno Tribunal, cuando se ponía
furioso--¡¡ustedes cuidado!!; qué no anden tonteando conmigo, pues
no hay más ley que mi voluntad, ni más imperio que la fuerza de mis
cuadrilleros. No me importa que me ahorquen; después de haber hecho
degollar á Vdes.
¡Cá! si su mismo padrino temblaba de miedo, cuando Isio apostrofaba
en las juntas á sus enemigos.