VII

El pueblo ofrecía inusitada animación, las calles se veían adornadas

con colgaduras ó colgajos, banderolas y pañuelos.

Era el día de tomar posesión el electo gobernadorcillo, el bastante

jóven Isio.

Al fin, la música anunció la llegada de la comitiva; rompía la

marcha una banda de música vestida de gala; seguían dos filas de

alguaciles y tenientes, llevando luengas varas encarnadas y verdes,

respectivamente, y cortaba las dos líneas paralelas otra más corta,

la de los primeros jefes locales, ó sean el gobernadorcillo Isio, á la

derecha el teniente mayor y á la izquierda el teniente segundo. Después

seguía la principalía compuesta de ex-gobernadorcillos y cabezas de

Barangay, con los nuevos jueces de sementera, de ganados, y de policía.

Isio iba muy formalote y como tímida doncella, contrastando con esta

figura la del viejo ex-gobernadorcillo, que iba detrás del primero,

tan alegre; tan decidor, y tan lleno de sí mismo.

Todo era alegría para Isio, si bien fué algo interrumpida aquella

con haberse propasado momentáneamente con él, uno de quien no le era

dado vengarse.

Todo era júbilo. ¡Oh! Más aún, cuando Isio sentado en un deslumbrador

sillon, con el baston de mando en la mano, presidiendo nada menos

que la principalía del pueblo que le vió nacer, á la faz de todos los

kailianes (vecinos) leyendo el alguacil mayor su indispensable programa

gubernamental, en que se mandaba en primer lugar oir misa los días

de guardar y cumplir con todos los deberes que la sacrosanta Religión

Cristiana nos impone; se amenaza á los jugadores, borrachos y ladrones,

á quienes habría que castigarse con mano de hierro, etc., etc.

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 210 / 232 题