Isio fué derrotado por sus adversarios y ocupó el segundo lugar en
la terna.
Humillado el viejo padrino de Isio, se mordía los labios, no podía
hablar de despecho y de vergüenza; al paso que los del opuesto
bando celebraban su triunfo con comilonas, libaciones de basi (vino)
y animadas tertulias. Y unos ante el golpe fatal de su derrota, y
otros ante su deslumbradora victoria, todos se olvidaron de pedirse
mútuamente explicaciones de los insultos que se habían cruzado delante
de todo el pueblo.
Isio todavía se atrevió á aparecer delante del ex-gobernadorcillo,
su padrino, quien había tomado más empeño en la lucha.
Sí, el pretendiente fué melancólico á la casa del viejo, y fué
indescriptible su primera entrevista: instintivamente bajaron corridos
los ojos al suelo.
--¿Qué tal, cómo sigue V.?--al fin Isio pudo murmurar.
Comprendiendo el viejo lo que con esto queria decir, contestó:
--No desespere V.; todavía hay remedio; estamos no más á la mitad
de la guerra, casi se puede decir que aún no hemos roto el fuego,
y esos tontos ya cantan victoria... Calle V.; ahora, se necesita
mucha prudencia y sigilo... Trabajaremos, y V. será elegido.
--Veremos!
--¿Cómo veremos? Es preciso seguir ad pedem litteræ mis consejos.
Cuando menos lo pensaba el elegido en primer lugar, que ya se había
gastado mucho por celebrar su triunfo, y contraido deudas, pues el
pueblo en nada se niega á los gobernadorcillos actuales ó electos;
cuando menos lo pensaba, repito, se recibió del Gobierno general el
nombramiento de Isio como gobernador chiquitin.
Y ahora me preguntareis:
--¿Y el elegido por el pueblo? ¿Para qué entonces sirven estas
elecciones?
Isio también fué elegido por ese mismo pueblo, si bien en segundo
lugar; y sobre los votos del pueblo están los informes del jefe de
la provincia, de la Guardia civil y del Cura párroco, y la decisión
de la Autoridad Superior.