VI

Isio fué derrotado por sus adversarios y ocupó el segundo lugar en

la terna.

Humillado el viejo padrino de Isio, se mordía los labios, no podía

hablar de despecho y de vergüenza; al paso que los del opuesto

bando celebraban su triunfo con comilonas, libaciones de basi (vino)

y animadas tertulias. Y unos ante el golpe fatal de su derrota, y

otros ante su deslumbradora victoria, todos se olvidaron de pedirse

mútuamente explicaciones de los insultos que se habían cruzado delante

de todo el pueblo.

Isio todavía se atrevió á aparecer delante del ex-gobernadorcillo,

su padrino, quien había tomado más empeño en la lucha.

Sí, el pretendiente fué melancólico á la casa del viejo, y fué

indescriptible su primera entrevista: instintivamente bajaron corridos

los ojos al suelo.

--¿Qué tal, cómo sigue V.?--al fin Isio pudo murmurar.

Comprendiendo el viejo lo que con esto queria decir, contestó:

--No desespere V.; todavía hay remedio; estamos no más á la mitad

de la guerra, casi se puede decir que aún no hemos roto el fuego,

y esos tontos ya cantan victoria... Calle V.; ahora, se necesita

mucha prudencia y sigilo... Trabajaremos, y V. será elegido.

--Veremos!

--¿Cómo veremos? Es preciso seguir ad pedem litteræ mis consejos.

Cuando menos lo pensaba el elegido en primer lugar, que ya se había

gastado mucho por celebrar su triunfo, y contraido deudas, pues el

pueblo en nada se niega á los gobernadorcillos actuales ó electos;

cuando menos lo pensaba, repito, se recibió del Gobierno general el

nombramiento de Isio como gobernador chiquitin.

Y ahora me preguntareis:

--¿Y el elegido por el pueblo? ¿Para qué entonces sirven estas

elecciones?

Isio también fué elegido por ese mismo pueblo, si bien en segundo

lugar; y sobre los votos del pueblo están los informes del jefe de

la provincia, de la Guardia civil y del Cura párroco, y la decisión

de la Autoridad Superior.

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 209 / 232 题