Uno de mis propósitos era publicar un diccionario hispano-filipino
folk-lórico, en el que se reunieran los vocablos filipinos
castellanizados y los castellanos filipinizados: y otros exclusivamente
filipinos sin equivalentes en castellano, sirviéndome como base
del Vocabuliario del Prof. Blumentritt, escrito en aleman, que si
bien es excelente é indica en el autor conocimientos profundos en
el país ó en el asunto, á pesar de no haber estado aquí; hubiera yo
podido multiplicar sus términos y rectificar algunas definiciones y
descripciones suyas. Pero ya digo, todo esto será para el siguiente
tomo, y aquí me limito á insertar los filipinismos que se han remitido
á la Exposición citada.
El verbo escuchar significa entre la gente de Manila mirar por
un agujero.
Si pues: es modismo del país, con que los filipinos afirman alguna
cosa, y vale tanto como las frases castellanas: es claro, ya lo creo.
No también: es otra locución filipina, que quiere decir unas veces:
no hagas eso, y otras no tanto.
Los filipinos usan muchas veces y á cada paso, también, pues, porque,
no más, por ejemplo: cinco no más.
¡Asi palá! esto dá á entender: ¡con que es asi!
Emprentada, significa la serenata con que les pretendientes de una
dalaga la agasajan frente á su morada.
Armar un gulay, vale tanto como introducir gran embrollo y confusión.
Quiles es una especie de tartanita, hecha de bejuco, en un principio,
inventada en la Capital de Ilocos Sur por un militar que se apellida
Quiles.
Él siguiente refrán burlesco es de los de Manila:
«Hijo de mío,
cara de otro.»
Muchas veces se llama tranvias á las mujeres públicas.
Estar de sobrefalta: estar para suplir alguna falta, por la que se
admite, aunque indignamente, otra persona sólo por necesidad.