Los filipinos de color son de una misma familia: la malaya. Por eso,
sus facciones y costumbres, como sus teogonías y supersticiones, se
parecen mucho. El muñeco del mangkukulam tagalo ó pamgango, recuerda el
ban-auan del visaya. Los tagalos atribuyen la locura al mangkukulam,
y los ilocanos al sangkabagí ó katatao-an. En las provincias tagalas,
visayas y la Pampanga, se cometen asesinatos en las personas de
los supuestos mangkukulam y asuang, y en Ilocos los mangsisibrong
practican (rarísimas veces ya ahora), el panagtutuyó. El visaya conoce
el sumsuman y el ilocano también, pero con algunas diferencias.
El más famoso curandero de los joloanos Panlima Arat, que según se
dice, profetizaba sobre el desenlace de las enfermedades, es ni más
ni menos que los baglanes de los monteses de Abra, que pretenden
hacer lo mismo con predicciones tan ambiguas que sea cual fuese el
resultado del mal, hallan ellos subterfugio.
En el capítulo anterior hablamos de los curanderos visayas, del
mal-aire ó mal-viento á que suelen atribuir todas las enfermedades,
y de las friegas que hacen para echar la causa del mal. Ahora bien, lo
mismito practican los taabib de los moros filipinos. Estos atribuyen
asimismo casi todas las enfermedades al dichoso mal-aire, y para que
desaparezca, friegan al paciente de un modo bárbaro, no sin haberle
antes suministrado algunos brebajes, cuyos componentes sólo Dios sabe.
En vez de ventosas, aplican botonazos de fuego en los desvanecimientos
ó pérdidas de conocimiento, con tanta crueldad que muchos deben
morir más bien por sus quemaduras que por la enfermedad que se trata
de curar.
Sus medicamentos son limaduras de ciertas maderas, raices ó cortezas,
cocimientos de ciertas plantas ó yerbas, emplastos, el aceite de moro
ó tagulauay, medicina eficaz para las heridas y quemaduras.
Los taabib, durante la curación, suelen vivir en la casa del doliente
y comer á costa de éste, y después, perciben además alguna propina,
que no es mucha.
Un enfermo puede hacer que lo asistan cuantos curanderos quiera,
según sus recursos; y cuando se pone malo el Sultan, todos los del
lugar acuden á asistirle.
Los curanderos moros, como los demás filipinos, se hacen tales á sí
mismos, aprendiendo algunos conocimientos ó prácticas y divulgando sus
propios méritos con su charlatanería peculiar. Se dice, sin embargo,
que los árabes han introducido en pasados siglos algunos tratados
de medicina.
En mi libro Artículos Varios hablo de los curanderos tinguianes.