Fluctúo en un mar de amargas lágrimas, ¡oh amor! no cesan mis
pesares y tormentos; basta ya, basta de crueldades que ya mi vida,
sin género de duda, se vá á escapar de mi desventurado cuerpo.--Oh
amor! ¡Qué triste es morir desdeñado! inspira lástima ver á uno que
ama y que no es correspondido.--Crueles son tus encantos, inhumana tu
bondad; ¡oh tirana! dirige una mirada á este angustiado; mis ojos se
han equivocado al entrever dulce esperanza;--Pero vanas resultaron
aquellas esperanzas;... no sospechaba yo que el fin de mis amores
sería una tumba, á donde me conduce mi desesperación.
Voy á concluir con una anécdota de Doña Leona Florentino.
Bernardo Favía, inspirado vate ilocanista, se hallaba en un apuro,
porque no le satisfacía cierta estrofa de una composición suya;
ya había compuesto y borrado muchas y maldecía á su numen porque no
daba con lo que buscaba.
En esto, la señora se enteró de su apuro y le contestó á Favía:--Toma
la pluma y escribe.
É improvisó una estrofa. Ésta no solamente satisfizo á Favía, sino que
resultó mejor que cada una de las demás estrofas y que todo el poema.