MARÍA. ¿Y su comisión, no la descuenta?
LEÓN. Deje usted. Otra vez será.
MARÍA. No, no. ¡Lucido está el maestro! ¡Vaya
un ejemplo que me da!... No hacemos más tratos si
no descuenta ahora mismo... 330
LEÓN. Bueno, bueno: no riña. (_Contando._) Cuatrocientas
catorce... No discuto con usted ninguna de las
formalidades mercantiles, y tomo lo que, según convenio,
me corresponde. Esto no quita para que esté dispuesto
ahora y siempre a dar a usted mi hacienda toda, mi vida, 335
y mil vidas si mil tuviera.
VICENTA. (_Aparte._) ¡Ay, Dios mío, esto está
perdido!
MARÍA. Pues con esto, unido a lo que me trajo usted
ayer por las vajillas de porcelana superior y la cristalería 340
de Bohemia (_Contando en la cesta del dinero_)... y otras
cosillas, tengo en mi caja más de dos mil pesetas... Verdad
que hay aquí un ingreso... (_Picaresca._)
LEÓN. ¿De qué?
MARÍA. ¡Curiosón!... Esto es una partida secreta... 345
un dinerito que me ha caído del Cielo. No puedo decir
más.
VICENTA. (_Aparte maliciosa._) ¡Qué cielo será ése,
Señor, de donde caen estos dineritos!
MARÍA. Bueno, bueno. Pues lo que debo a usted 350
sigo pagándolo en partiditas... Abóneme otras trescientas
pesetas. (_Se las pone delante._)
LEÓN. ¿De veras no las necesita? Antes que los
principios, está la conveniencia de usted.