LEÓN. Voy a llamar.
VICENTA. (_Aparte._) Sin duda estorbo para el llamamiento...
Pero aquí me planto.
MARÍA. (_Queriendo variar de conversación._) En fin,
loquinario, ¿viene usted o no a que pongamos en orden 295
nuestras cuentas?
LEÓN. No... Digo, sí... vengo a eso... y a otra
cosa. Empecemos por las cuentas.
VICENTA. (_Apartándose._) ¡Ay, ay, ay! Estas cuentecitas...
me parece a mí que es el diablo quien las 300
arregla.
LEÓN. (_Saca de su cartera un papel._) Liquidación de
azulejos.
VICENTA. ¿Qué, también vende alfarería? En el
nombre del Padre... 305
LEÓN. Alfarería y cerámica superior. ¿A qué ese
asombro? Mi discípula pidió a Sevilla dos partidas de
azulejos: la una superior, con reflejos metálicos... la
otra ordinaria. A mí me dio el encargo de colocarlas...
¿Pero no ha visto usted el zócalo del nuevo salón del 310
Ayuntamiento?
VICENTA. Y los portales de las casas nuevas... sí.
LEÓN. (_A María._) La clase superior se ha vendido
ya totalmente. La otra ya irá saliendo. Liquidaremos
las dos... 315
MARÍA. No: liquidemos sólo la partida realizada.
VICENTA. (_Aparte._) Estas partiditas y estas liquidacioncitas...
¡ay! (_Suspira._)
LEÓN. (_Saca billetes de su cartera._) Son ochocientas
treinta y dos... Rebajadas las letras de Aguiló Hermanos, 320
Pasamanería, que pagué, resultan...
MARÍA. (_Después de hacer rápida cuenta._) No tiene
usted que darme más que cuatrocientas catorce, con diez
céntimos.