ESCENA V

MARÍA, VICENTA; LEÓN, por la izquierda.

LEÓN. (_En la puerta, gozoso, gallardo, descubriéndose._)

Saludo a María, estrella de la mañana, torre de marfil,

asiento de la sabiduría. 225

MARÍA. _Ora pro nobis._ (_Riendo._) ¡Cómo viene hoy!

(_Ocupa su sitio en la mesa._)

VICENTA. (_Aparte._) ¡Jesús, qué saludos tan poéticos

usa este hombre carbonífero!

LEÓN. Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (_A María._) 230

Hoy, más que ningún día, anhelaba yo venir a tomar sus

órdenes.

VICENTA. (_Aparte._) ¡Y entra aquí como en su casa!

Pues yo no me voy sin enterarme... (_Retirándose a la

izquierda._) 235

MARÍA. No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que

hablemos León y yo puede usted oírlo.

LEÓN. Tratamos de negocios. (_Saca una voluminosa

cartera y la pone en la mesa._) Señora Alcaldesa, acérquese

usted. Aquí no hay secreto, porque los arrebatos 240

de mi admiración por esta señorita sin par, de nadie los

recato... quiero que sean públicos.

VICENTA. Y lo serán... Ya empiezan a serlo.

MARÍA. Vaya, vaya, tenga juicio.

VICENTA. (_Maliciosa._) Creo haber oído... que 245

María debe a usted sus conocimientos mercantiles.

LEÓN. No merezco el honor de llamarme su maestro.

Si esto se dice, será porque algún ejemplo de mi azarosa

vida le sirvió de lección saludable. De aquellos ejemplos

ha sacado su ciencia; de su ciencia, sus triunfos y la 250

reparación de su casa y familia.

VICENTA. ¿Es cierto, amiga mía?

MARÍA. Cierto será cuando él lo dice, Vicenta.

VICENTA. Bien. (_A León con picardía._) Sabe mucho

su alumna. 255

LEÓN. ¡Que si sabe! (_Observando a María, que sonríe._)

Vea usted esos ojos, que penetran en toda la realidad

humana.

VICENTA. ¡Los ojos!... Ésa es la ciencia que a usted

le fascina, señor mío. 260

MARÍA. No le haga usted caso, Vicenta. Hoy le

desconozco: el hombre más aplomado y más sereno del

mundo, se nos presenta como un cadete sin juicio...

¿Qué le pasa a usted hoy?

LEÓN. Me pasa... Pues verá usted: hoy he despertado 265

con una idea luminosa, que repentinamente brotó

en mí como una inspiración. Pensé...

MARÍA. (_Con gran interés, levantándose y pasando al

centro._) ¿A ver, qué ha pensado el hombre?

LEÓN. Muy sencillo... Pienso... como si Dios murmurara 270

en mi alma... pienso que después de tanto penar,

después del largo espacio de soledad y afanes en mi trabajosa

vida, ya merezco el descanso, la alegría. Acábese

mi Purgatorio y denme el Cielo, que ya tengo bien

ganado. 275

VICENTA. ¿Y quién es usted para decir y afirmar que

lo merece ya?

MARÍA. Eso sólo Dios lo decide.

LEÓN. Pues... a eso voy. Creo que Dios ha decidido

mi indulto. 280

MARÍA. ¿En qué se funda para creerlo así?

LEÓN. En que... hoy, hoy ha dispuesto Dios...

algo que estimula mis esperanzas. Y al hacerlo así, me

ha dicho...

VICENTA. ¿Dios?... ¿Pero habla Dios con los 285

comerciantes?

LEÓN. Alguna vez... Pues me ha dicho... «Pobre

alma, acábese tu suplicio... ven... llama a la puerta

de mi Cielo... No faltará un ángel que te abra...»

Mariucha · 第 118 / 254 题