Otra parte del bosque.
Entran el DUQUE (MAYOR), AMIENS, JAQUES, ORLANDO, OLIVERIO Y CELIA.
DUQUE (M.)--¿Crees, Orlando, que el mancebo podrá cumplir todo lo que ha
prometido?
ORLANDO.--Á veces lo creo y á veces no, como aquellos que temen esperar
y saben que temen.
(_Entran Rosalinda, Silvio y Febe._)
ROSALINDA.--Paciencia una vez más, mientras llega el momento de cumplir
nuestro pacto. (_Al Duque._) ¿Decís, señor, que si os traigo á vuestra
Rosalinda la daréis aquí por esposa á Orlando?
DUQUE (M.)--Así lo haría, aunque tuviera que dar reinos con ella.
ROSALINDA.--(_A Orlando._) ¿Y vos decís que la tomaréis por esposa en el
momento en que la traiga?
ORLANDO.--Así lo haría, aunque fuese soberano de todos los reinos.
ROSALINDA.--(_A Febe._) ¿Decís que os casaréis conmigo si lo deseo?
FEBE.--Así lo haría aunque tuviera que morir una hora después.
ROSALINDA.--Pero si rehusáis el casaros conmigo, ¿seréis la esposa de
este fidelísimo pastor?
FEBE.--Es lo convenido.
ROSALINDA.--(_A Silvio._) ¿Decís que tomaréis por esposa á Febe, si
consiente?
SILVIO.--Aunque tomarla y morir fuese todo uno.
ROSALINDA.--He prometido allanar todo esto. Cumplid vuestra palabra ¡oh
duque! de dar vuestra hija; vos, Orlando, la vuestra de recibir su hija;
cumplid vuestra palabra, Febe, de desposaros conmigo; ó si lo rehusáis,
de ser la esposa de este pastor. Cumplid vuestra palabra, Silvio, de
casaros con ella, si me rehusa; y yo me aparto de aquí para que todas
estas perplejidades se aclaren.
(_Salen Rosalinda y Celia._)
DUQUE (M.)--Este joven zagal me trae vivamente á la memoria ciertos
rasgos de la fisonomía de mi hija.
ORLANDO.--Señor, la primera vez que le ví me pareció hermano de vuestra
hija; pero, benévolo señor, este joven es nativo de este bosque, y ha
sido educado en los rudimentos de muchos aventurados estudios por un tío
suyo, de quien dice que era gran mágico y que vivía oscuramente en el
recinto de este bosque.
(_Entran Piedra-de-toque y Tomasa._)
JAQUES.--De seguro que se aproxima algún nuevo diluvio y estas parejas
vienen en busca del arca. He aquí que llega un par de las más extrañas
bestias, que en todos los idiomas se conocen con el nombre de imbéciles.
PIEDRA.--Salud y buenaventura á todos.
JAQUES.--Acogedle benignamente, señor. Éste es el caballero de
estrambótica imaginación, que tantas veces he encontrado en el bosque, y
jura que ha sido cortesano.
PIEDRA.--Y si hay quien lo dude, á la prueba me remito. He bailado una
contradanza: he adulado á una señora: he sido político con mi amigo y
suave con mi enemigo: he estafado á tres sastres: he tenido cuatro
desafíos, y uno de ellos casi acaba á estocadas.
JAQUES.--¿Pues cómo vino á acabar?
PIEDRA.--Llegando al terreno, y descubriendo que la disputa versaba
sobre la séptima causa.
JAQUES.--¿Qué séptima causa es esa? Duque mío, vale la pena de gustar de
este perillán.
DUQUE.--No me desagrada en manera alguna.
PIEDRA.--Dios os premie, y otro tanto deseo para vos. Vengo aquí,
señor, entre la muchedumbre de paisanos copulativos, á jurar y perjurar,
según como liga el matrimonio y como la sangre quebranta. Una pobre
doncella, señor, nada agraciada, pero mía. Con ella cargo, señor, por un
humilde capricho mío, de tener lo que nadie querría. La honestidad
oculta su riqueza, como los avaros, señor, en un pobre alojamiento; así
como la perla dentro de una fea ostra.
DUQUE.--Á fe mía que es agudo y sentencioso.
PIEDRA.--Conforme á la coyunda de los necios, señor, y á tales dulzainas
dolencias.
JAQUES.--Pero vamos á la séptima causa. ¿Cómo descubristeis que la
querella era sobre la séptima causa?
PIEDRA.--Por una mentira contradecida siete veces.--No te pongas en tan
mala postura, Tomasa.--Y es como sigue, señor. No me gustaba el corte de
la barba de cierto cortesano, y él hizo que me dijeran de su parte que
si yo decía que su barba no estaba bien cortada, él era de parecer que
sí lo estaba: esto se llama _la réplica cortés_. Si yo le enviaba á
decir que no estaba bien cortada, él replicaría que la cortaba á su
gusto: y esto se llama _el sarcasmo modesto_. Si todavía, que no estaba
bien cortada, me calificaría de juez incapaz; y esto es _la réplica
grosera_. Si una vez aún, que no estaba bien cortada, me respondería que
yo faltaba á la verdad; y esto se llama _la repulsa valiente_. Y si
tornase á decir que no estaba bien cortada, me diría que miento; y esto
es _el rechazo turbulento_. Y así sucesivamente se llega al _mentís
condicional_ y al _mentís directo_.
JAQUES.--¿Y cuántas veces dijisteis que su barba no estaba bien cortada?
PIEDRA.--No me animé á pasar del _mentís condicional_, ni él se atrevió
á darme _el mentís directo_. Así, medimos las armas y nos despedimos.
JAQUES.--¿Podríais enumerar ahora por su orden los grados de la mentira?
PIEDRA.--¡Oh señor! Así como tenéis libros para los buenos modales,
tenemos también las querellas en letra de molde, en libro. Os enumeraré
los grados. Primero, _la réplica cortés_; segundo, _el sarcasmo
modesto_; tercero, _la réplica grosera_; cuarto, _la repulsa valiente_;
quinto, _el rechazo turbulento_; sexto, _el mentís condicional_;
séptimo, _el mentís directo_. Podéis evadir todos estos, excepto el
_mentís directo_; y aun este se puede evadir por medio de un _si_
hipotético. Supe de una querella que siete jueces no habían podido
arreglar; pero cuando los contendientes se encontraron uno frente á otro
en el terreno, ocurriósele á uno de ellos aquel _si_, como por ejemplo:
«Si dijisteis tal cosa, entonces dije tal otra;» y se dieron la mano y
se juraron amistad eterna. Es increíble lo que puede el _si_ hipotético.
JAQUES.--Alteza: ¿no es éste un curioso sujeto? Lo mismo sirve para
todo; y, sin embargo, es un bufón.
DUQUE.--De esa calidad se sirve como de una emboscada, y escondido desde
ella dispara sus agudezas. (_Entran Himeneo, conduciendo á Rosalinda en
traje de mujer, y Celia._)
HIMENEO. Hay regocijo en el cielo
cuando las cosas del suelo
acordes y unidas son.
Recibe á tu hija querida
¡oh duque! y une su vida
al que está en su corazón.
Para cumplir tal deseo
te la ha traído Himeneo
de la celeste región.
ROSALINDA (_al duque._)--Á vos me entrego, pues soy vuestra.--(_A
Orlando._) Á vos me entrego, pues soy vuestra.
DUQUE.--Si no engaña la vista, sois mi hija.
ORLANDO.--Si no engaña la vista, sois mi Rosalinda.
FEBE.--Si la vista y la forma no engañan, ¡adios mi amor!
ROSALINDA (_al duque._)--No tendré padre, si no lo sois vos. (_A
Orlando._) No tendré esposo, si no lo sois vos. (_A Febe._) Ni me casaré
con mujer, si no es con vos.
HIMENEO. ¡Silencio! No haya algazara.
Yo de esta historia tan rara
deduzco una conclusión.
Aquí veo cuatro pares
que juntar en mis altares,
de mano y de corazón.
(_A Rosalinda y Orlando._)
Seréis felices unidos.
(_A Oliverio y Celia._)
Dos en uno confundidos
como ellos, habréis de ser.
(_A Febe._)
Al zagal tu amor escoja,
si tener no se te antoja
por marido una mujer.
(_A Piedra y Tomasa._)
Vosotros en firme nudo
seréis el invierno rudo
y el granizar y el llover.
Entre nupciales canciones,
averiguad las razones
del suceso singular
que aquí nos ha reunido,
y veréis cómo ha nacido
y cómo pudo acabar.