Iba un amante con su doncella,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!,
por los maizales dejando huella,
cuando florece la estación bella,
la primavera dulce y feráz.
Las aves cantan de dos en dos,
y los amantes se echan por esos trigos
á la buena de Dios.
Entre los surcos de los maices,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!,
sobre los verdes blandos tapices
se recostaron los dos felices
bajo la sombra de aquel maizal.
Las aves cantan de dos en dos,
etc., etc.
Y principiaron una tonada,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!,
de que la vida no dura nada,
como una rosa que á la alborada
se abre, y de noche marchita está.
Las aves cantan de dos en dos,
etc., etc.
Disfruta la hora cuando es propicia,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!;
porque en amores es la delicia
ser coronado con la primicia
que en primavera más bella está.
Las aves cantan de dos en dos,
etc., etc.
PIEDRA.--En verdad, caballeritos, que aunque la letra no valía gran
cosa, la entonación era insoportable.
PAJE 1.º--Os equivocáis, señor. Hemos guardado el tiempo; no hemos
perdido el tiempo.
PIEDRA.--Á fe mía que sí; pues el tiempo pasado en oir tan necia canción
no es más que tiempo perdido. Que Dios os guarde y remiende vuestras
voces. Ven, Tomasa.
(_Salen._)