En la más angosta de dichas callejuelas, y a la puerta de
una muy pobre, pero muy blanqueada casucha, estaba sentado
05 en el suelo, o más bien sobre sus talones, fumando en pipa de5
barro secado al sol, un moro de treinta y cinco a cuarenta años,
revendedor de huevos y gallinas, que le traían a las puertas de
Ceuta los campesinos independientes de Sierra-Bullones y
Sierra-Bermeja, y que él despachaba, a domicilio o en el mercado,
10 con una ganancia de ciento por ciento. Vestía chilava[86-2]
de lana blanca y jaique[86-3] de lana negra, y llamábase entre los
españoles _Manos-gordas_, y entre los marroquíes
Admet-ben-Carime-el-Abdoun.
Tan luego como el moro vió al maestro de capilla levantóse
15 y salió a su encuentro, haciéndole grandes zalemas; y, cuando
estuvieron ya juntos, díjole cautelosamente:
--¿Querer[86-4] morita? Yo traer mañana cosa meleja; de doce
años....
--Mi mujer no quiere más criadas moras....--respondió
20 el músico con inusitada dignidad.
_Manos-gordas_ se echó a reír.
--Además...--prosiguió D. Bonifacio--tus endiabladas
moritas son muy sucias.
--Lavar....--respondió el moro, poniéndose en cruz[86-5] y
25 ladeando la cabeza.
--¡Te digo que no quiero moritas!--prosiguió D. Bonifacio.--Lo
que necesito hoy es que tú, que sabes tanto y que
por tanto saber eres intérprete de la plaza, me traduzcas al
español este documento.
30 _Manos-gordas_ cogió el pergamino, y a la primera ojeada
murmuró:
(p87)
--Estar moro....
--¡Ya lo creo que es árabe! Pero quiero saber qué dice,
y, si no me engañas, te haré un buen regalo... cuando se
realice el negocio que confio a tu lealtad.
05 A todo esto, Admet-ben-Carime había pasado ya la vista por
todo el pergamino y puéstose muy pálido.
--¿Ves que se trata de un gran tesoro?--medio afirmó,
medio interrogó el maestro de capilla.
--Creer que sí--tartamudeó el mahometano.