VI

En la más angosta de dichas callejuelas, y a la puerta de

una muy pobre, pero muy blanqueada casucha, estaba sentado

05 en el suelo, o más bien sobre sus talones, fumando en pipa de5

barro secado al sol, un moro de treinta y cinco a cuarenta años,

revendedor de huevos y gallinas, que le traían a las puertas de

Ceuta los campesinos independientes de Sierra-Bullones y

Sierra-Bermeja, y que él despachaba, a domicilio o en el mercado,

10 con una ganancia de ciento por ciento. Vestía chilava[86-2]

de lana blanca y jaique[86-3] de lana negra, y llamábase entre los

españoles _Manos-gordas_, y entre los marroquíes

Admet-ben-Carime-el-Abdoun.

Tan luego como el moro vió al maestro de capilla levantóse

15 y salió a su encuentro, haciéndole grandes zalemas; y, cuando

estuvieron ya juntos, díjole cautelosamente:

--¿Querer[86-4] morita? Yo traer mañana cosa meleja; de doce

años....

--Mi mujer no quiere más criadas moras....--respondió

20 el músico con inusitada dignidad.

_Manos-gordas_ se echó a reír.

--Además...--prosiguió D. Bonifacio--tus endiabladas

moritas son muy sucias.

--Lavar....--respondió el moro, poniéndose en cruz[86-5] y

25 ladeando la cabeza.

--¡Te digo que no quiero moritas!--prosiguió D. Bonifacio.--Lo

que necesito hoy es que tú, que sabes tanto y que

por tanto saber eres intérprete de la plaza, me traduzcas al

español este documento.

30 _Manos-gordas_ cogió el pergamino, y a la primera ojeada

murmuró:

(p87)

--Estar moro....

--¡Ya lo creo que es árabe! Pero quiero saber qué dice,

y, si no me engañas, te haré un buen regalo... cuando se

realice el negocio que confio a tu lealtad.

05 A todo esto, Admet-ben-Carime había pasado ya la vista por

todo el pergamino y puéstose muy pálido.

--¿Ves que se trata de un gran tesoro?--medio afirmó,

medio interrogó el maestro de capilla.

--Creer que sí--tartamudeó el mahometano.

Novelas Cortas · 第 124 / 274 题