--¡Que sí!
--¡Tío ladrón![71-3]
--¡Tío tunante!
--¡Hablen Vds. con más educación,[71-4] so indecentes![71-5] ¡Los
25 hombres no deben faltarse[71-6] de esa manera!--dijo con mucha
calma el polizonte, dando un puñetazo[71-7] en el pecho a cada
interlocutor.
En esto ya había acudido alguna gente, no tardando en presentarse
también allí el Regidor encargado de la policía de los
30 mercados públicos, o sea[71-8] _el Juez de abastos_, que es su
verdadero nombre.
(p72)
Resignó[72-1] la jurisdicción el polizonte en Su Señoría, y enterada
esta digna autoridad de todo lo que pasaba, preguntó al revendedor
con majestuoso acento:
--¿A quién[72-2] le ha comprado V. esas calabazas?
05 --Al tío Fulano,[72-3] vecino [72-4] de Rota....--respondió el
interrogado.
--¡Ése había de ser! (gritó _el tío Buscabeatas_.) ¡Muy
abonado[72-5] es para el caso! ¡Cuando su huerta, que es muy
mala, le produce poco, se mete a robar en la del vecino!
10 --Pero, admitida la hipótesis de que a V. le han robado
anoche cuarenta calabazas (siguió interrogando el Regidor,
volviéndose al viejo hortelano), ¿quién le asegura a V. que
éstas, y no otras, son las suyas?
15 --¡Toma! (replicó _el tío Buscabeatas_.) ¡Porque las
conozco como V. conocerá a sus hijas, si las tiene!--¿No ve
V. que las he criado?--Mire V.: ésta se llama _rebolonda_;[72-6]
ésta, _cachigordeta_;[72-7] ésta, _barrigona_;[72-8] ésta,
_coloradilla_; [72-9] ésta _Manuela_..., porque se
parecía mucho a mi hija la menor....