20 Y el pobre viejo se echó a llorar amarguísimamente.

--Todo eso está muy bien... (repuso el Juez de abastos);

pero la ley no se contenta con que usted reconozca sus calabazas.

Es menester que la autoridad se convenza al mismo tiempo

25 de la preexistencia de la cosa, y que V. la identifique con

pruebas fehacientes....--Señores, no hay que sonreírse....--¡Yo

soy abogado!

¡Pues verá V. qué pronto le pruebo yo a todo el mundo,

sin moverme de aquí, que esas calabazas se han criado en mi

huerta!--dijo _el tío Buscabeatas_, no sin grande asombro de

30 los circunstantes.

Y soltando en el suelo un lío que llevaba en la mano, agachóse,

arrodillándose hasta sentarse sobre los pies, y se puso a

desatar tranquilamente las anudadas puntas del pañuelo que lo

envolvía.

(p73)

La admiración del Concejal, del revendedor y del corro subió

de punto.[73-1]

--¿Qué va a sacar de ahí?--se preguntaban todos.

Al mismo tiempo llegó un nuevo curioso a ver qué ocurría

05 en aquel grupo, y habiéndole divisado el revendedor,

exclamó:

--¡Me alegro de que llegue V., tío Fulano! Este hombre

dice que las calabazas que me vendió usted anoche, y que

están aquí oyendo la conversación, son robadas....--Conteste

10 V....

El recién llegado[73-2] se puso más amarillo que la cera, y trató

de irse; pero los circunstantes se lo[73-3] impidieron

materialmente, [73-4] y el mismo[73-5] Regidor le mandó quedarse.

En cuanto al _tío Buscabeatas_, ya se había encarado con el

15 presunto ladrón, diciéndole:

--¡Ahora verá V. lo que es bueno!

El tío Fulano recobró su sangre fría, y expuso:

--Usted es quien ha de ver[73-6] lo que habla; porque si no

prueba, y no podrá probar, su denuncia, lo llevaré a la cárcel

20 por calumniador.--Estas calabazas eran mías; yo las he

criado, como todas las que he traído este año a Cádiz, en mi

huerta del _Egido_,[73-7] y nadie podrá probarme lo contrario.

--¡Ahora verá V.!--repitió _el tío Buscabeatas_ acabando de

desatar el pañuelo y tirando de él.[73-8]

25 Y entonces se desparramaron por el suelo una multitud de

trozos de tallo de calabacera, todavía verdes y chorreando

jugo, mientras que el viejo hortelano, sentado sobre sus piernas

y muerto de risa, dirigía el siguiente discurso al Concejal y

a los curiosos:

30 --Caballeros: ¿no han pagado Vds. nunca contribución?

Y ¿no han visto aquel libraco[73-9] verde que tiene el recaudador,

de donde va cortando recibos, dejando allí pegado un tocón o

pezuelo,[73-10] para que luego pueda comprobarse si tal o cual

[73-11] recibo es falso o no lo es?

(p74)

--Lo que V. dice se llama el _libro talonario_--observó

gravemente el Regidor.

--Pues eso es lo que yo traigo aqui: el _libro talonario_ de mi

huerta, o sea[74-1] los cabos a que estaban unidas estas calabazas

05 antes de que me las robasen.--Y, si no, miren Vds.--Este

cabo era de esta calabaza.... Nadie puede dudarlo....

--Este otro..., ya lo están Vds. viendo..., era de esta

otra.--Este más ancho..., debe de ser de aquélla....

¡Justamente!--Y éste es de ésta.... Ése es de ésa....

10 Ésta es de aquél....

Y en tanto que[74-2] así decía, iba adaptando un cabo o pedúnculo

a la excavación que había quedado en cada calabaza al ser

arrancada, y los espectadores[74-3] veían con asombro que,

efectivamente, la base irregular y caprichosa de los pedúnculos

15 convenía del modo más exacto con la figura blanquecina y leve

concavidad que presentaban las que pudiéramos llamar cicatrices

de las calabazas.

Pusiéronse, pues, en cuclillas los circunstantes, inclusos

20 los polizontes y el mismo Concejal,[74-4] y comenzaron a

ayudarle al _tío Buscabeatas_ en aquella singular comprobación,

diciendo todos a un mismo tiempo con pueril

regocijo:

--¡Nada! ¡Nada! ¡Es indudable! ¡Miren Vds.!--Éste

es de aquí.... Ése es de ahí.... Aquélla es de

25 éste.... Ésta es de aquél....

Y las carcajadas de los grandes se unían a los silbidos de los

chicos, a las imprecaciones de las mujeres, a las lágrimas de

triunfo y alegría del viejo hortelano y a los empellones que los

guindillas daban ya al convicto ladrón, como impacientes por

30 llevárselo[74-5] a la cárcel.

Excusado es decir que los guindillas tuvieron este gusto;

que el tío Fulano vióse obligado desde luego a devolver al

revendedor los quince duros que de él había percibido; que el

revendedor se los entregó en el acto al _tío Buscabeatas_,(p75)

y que éste se marchó a Rota sumamente contento, bien que fuese

diciendo[75-1] por el camino:

--¡Qué hermosas estaban en el mercado! ¡He debido

traerme[75-2] a _Manuela_, para comérmela[75-3] esta noche y guardar

05 las pepitas!

Noviembre de 1877.

Novelas Cortas · 第 117 / 274 题