Eran, pues, las diez y media de la mañana cuando aquel día
10 se paraba _el tío Buscabeatas_ delante de un puesto de verduras
del mercado de Cádiz, y le decía a un aburrido polizonte que
iba con él:
--¡Estas son mis calabazas!--¡Prenda V. a ese hombre!
Y señalaba al revendedor.
15 --¡Prenderme a mí! (contestó el revendedor, lleno de sorpresa
y de cólera.)--Estas calabazas son mías; yo las he
comprado....
--Eso podrá V. contárselo al Alcalde--repuso _el tío
Buscabeatas_.