30 --¡No digo que es _afrancesado_!--exclamó uno de ellos.

--¡Arriero del diablo! (dijo el otro): ¡cuidado con lo que

me dices![61-5] ¡Mira que te rompo la crisma![61-6]

--¡Militar de los demonios! (contesté con la misma fuerza.)

Yo no temo a la muerte.[61-7]--¡Sois dos infames sin corazón! (p62)

¡Sois dos hombres fuertes y armados, contra un moribundo

inerme!... ¡Sois unos cobardes!--Dadme uno de esos

fusiles, y pelearé con vosotros hasta mataros o morir...; pero

dejad a este pobre enfermo, que no puede defenderse.--¡Ay!

05 (continué, viendo que uno de aquellos tigres se ruborizaba): si,

como yo, tuvieseis hijos; si pensarais que tal vez mañana se verán

en la tierra de este infeliz, en la misma situación que él,

solos, moribundos, lejos de sus padres; si reflexionarais en[62-1]

que este polaco no sabe siquiera lo que hace en España; en que

10 será un quinto[62-2] robado a su familia para servir a la ambición

de un Rey..., ¡qué diablo![62-3] vosotros le perdonaríais....--¡Si;

porque vosotros sois hombres antes que españoles, y este polaco

es un hombre, un hermano vuestro!--¿Qué ganará España

con la muerte de un tercianario? ¡Batíos[62-4] hasta morir con

15 todos los granaderos de Napoleón; pero que sea[62-5] en el campo

de batalla! Y perdonad al débil; ¡sed generosos con el vencido;

sed cristianos, no seáis[62-6] verdugos!

--¡Basta de letanías![62-7]--dijo el que siempre había llevado

la iniciativa de la crueldad, el que hacía andar a Iwa a fuerza

20 de bayonetazos, el que quería comprar un empleo al precio de

su cadáver.

--Compañero, ¿qué hacemos?[62-8]--preguntó el otro, medio

conmovido con mis palabras.

--¡Es muy sencillo! (repuso el primero.) ¡Mira!

25 Y sin darme tiempo, no digo de evitar, sino de prever sus

movimientos, descerrajó un tiro sobre el corazón del polaco.

Iwa me miró con ternura, no sé si antes o después de morir.

Aquella mirada me prometió el cielo, donde acaso estaba ya

el mártir.

30 En seguida los soldados me dieron una paliza con las baquetas

de los fusiles.

El que había matado al extranjero, le cortó una oreja, que

guardó en el bolsillo.

¡Era la credencial del empleo que deseaba!

(p63)

Después desnudó a Iwa, y le robó... hasta cierto medallón

(con un retrato de mujer o de santa) que llevaba al cuello.

Entonces se alejaron hacia Almería.

Yo enterré a Iwa en este barranco..., ahí..., donde

05 está V. sentado..., y me volví a Gérgal, porque conocí que

estaba malo.[63-1]

Y, con efecto, aquel lance me costó una terrible enfermedad,

que me puso a las puertas de la muerte.

--Y ¿no volvió V. a ver a aquellos soldados? ¿No sabe V.

10 cómo se llamaban?0

--No, señor; pero, por las señas que me dió más tarde la

viejecita que cuidó al polaco, supe[63-2] que uno de los dos

españoles tenía el apodo de _Risas_, y que aquél era justamente el

que había matado y robado al pobre extranjero.

15 En esto nos alcanzó la galera: el viejo y yo subimos al

camino; nos apretamos la mano, y nos despedimos muy contentos

el uno del otro.--¡Habíamos llorado juntos!

Novelas Cortas · 第 110 / 274 题