Dije, y me puse a descargar.
--_No..., no..., no...._ (exclamó Iwa.) _¡Tú dejar
que me maten!_
--¡Yo no quiero que te maten, desgraciado!--exclamé,
20 estrechando las ardientes manos del joven.
--_¡Pero mí sí querer! ¡Matar tú a mí, por Dios_!...
--¿Quieres que yo te mate?
--_¡Sí..., sí..., hombre bueno! ¡Sufrir mucho!_
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
25 Volvíme a los soldados, y les dije con tono de voz que hubiera
conmovido a una piedra:
--¡Españoles, compatriotas, hermanos! Otro[61-3] español, que
ama tanto como el que más[61-4] a nuestra patria, es quien os
[suplica.]
--¡Dejadme solo con este hombre!