--¿Piensa V. andar largo?[56-9]
--¿Yo?--Hasta la venta....
--En este caso, eche V. por esa vereda[56-10] y cortaremos
camino.
25 --Con mucho gusto. Esa cañada me parece deliciosa.--Bajemos
a ella.
Y, siguiendo al viejo, cerré el libro, dejé el camino y descendí
a un pintoresco barranco.
Las verdes tintas y diafanidad del lejano horizonte, así como
30 la inclinación de las montañas, indicaban ya la proximidad del
Mediterráneo.
(p57)
Anduvimos en silencio algunos minutos, hasta que el minero
se paró de pronto.
--¡Cabales!--exclamó.
Y volvió a quitarse el sombrero y a santiguarse.
05 Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la
orilla de un hermoso torrente.
--¡A ver,[57-1] abuelito!... (dije, sentándome sobre la hierba.)
Cuénteme V. lo que ha pasado aquí.
--¡Cómo!¿Usted sabe....--replicó él, estremeciéndose.
10 --Yo no sé más... (añadí con suma calma), sino que aquí
ha muerto un hombre...; ¡y de mala muerte, por más
señas![57-2]
--¡No se equivoca V., señorito, no se equivoca usted!--Pero
¿quién le ha dicho...?