--Buenos días, abuelo[56-1]...--dije yo.
--Dios guarde a V., señorito...--dijo él.
--¡Muy solo va V. por estos caminos!...
--Sí, señor. Vengo de las minas de Linares,[56-2] donde he estado
05 trabajando algunos meses, y voy a Gádor[56-3] a ver a mi familia.
--¿Usted irá[56-4]...?
--Voy a Almería[56-5]..., y me he adelantado un poco a la
galera[56-6] porque me gusta disfrutar de estas hermosas mañanas
de Abril.--Pero, si no me engaño, usted rezaba cuando yo
10 llegue....--Puede V. continuar.--Yo seguiré leyendo entretanto,
supuesto que el escaso andar de esa infame galera le
permite a uno estudiar en mitad de los caminos....
--¡Vamos! Ese libro es alguna historia....--Y ¿quién
le ha dicho a V. que yo rezaba?
15 --¡Toma! ¡yo, que le he visto a V. quitarse el sombrero[56-7] y
santiguarse!
--Pues ¡qué demonio! hombre.... (¿Por qué he de negarlo?)[56-8]
Rezando iba....--¡Cada uno tiene sus cuentas con
Dios!