10 --Y ¿qué casa era aquélla, abuelito? ¿La del Alcalde?

--No, hijo mío.--Era el Parador de diligencias.

A nosotros, como a militares que éramos, nos tuvieron un

poco más de consideración los gendarmes, y nos permitieron

arrimarnos a la puerta.... Pero no así pasar el umbral.

15 De cualquier modo, pudimos ver perfectamente el siguiente

grupo, que ocupaba uno de los ángulos de aquel portal u

oficina.

Dos ancianos..., ¿qué digo? dos viejos decrépitos, cubiertos

de sudor y de polvo, rendidos de fatiga, ahogados de

20 calor, respirando apenas, bebían agua en un vaso de vidrio,

que el uno pasó al otro después de mediarlo. Estaban sentados

en sillas viejas de enea. Sus trajes talares, blanco el uno,

y el otro de color de púrpura, hallábanse tan sucios y ajados

por resultas de aquella larga caminata, que más parecían humildes

25 ropones de peregrinos, que ostentosos hábitos de príncipes

de la Iglesia....

Ningún distintivo podía revelarnos cuál era Pío VII (pues

nada entendíamos nosotros de trajes cardenalicios ni pontificales),

pero todos dijimos a un tiempo:

Novelas Cortas · 第 97 / 274 题