30 --¡Es el más alto! ¡El de las blancas vestiduras!

Y ¿sabéis por qué lo dijimos? Porque su compañero lloraba

y él no; porque su tranquilidad revelaba que él era mártir;

porque su humildad denotaba que él era el Rey.

En cuanto a su figura, me parece estarla viendo todavía. (p48)

Imaginaos un hombre de más de setenta años, enjuto de carnes,

de elevada talla y algo encorvado por la edad. Su rostro, surcado

de pocas pero muy hondas arrugas, revelaba la más

austera energía, dulcificada por unos labios bondadosos que

05 parecían manar persuasión y consuelo. Su grave nariz, sus

ojos de paz, marchitos por los años, y algunos cabellos tan

blancos como la nieve, infundían juntamente reverencia y confianza.

Sólo contemplando la cara de mi buen padre y la de

algunos santos de mi devoción, había yo experimentado hasta

10 entonces una emoción por aquel estilo.

El sacerdote que acompañaba a Su Santidad era también muy

viejo, y en su semblante, contraído por el dolor y la indignación,

se descubría al hombre de pensamientos profundos y de acción

rápida y decidida. Más parecía un general que un apóstol.

15 Pero ¿era cierto lo que veíamos? ¿El Pontífice preso, caminando

en el rigor del estío, con todo el ardor del sol, entre

dos groseros gendarmes, sin más comitiva que un sacerdote,

sin otro hospedaje que el portal de una casa de postas, sin otra

almohada que una silla de madera?

20 En tan extraordinario caso, en tan descomunal atropello, en

tan terrible drama, sólo podía mediar un hombre más extraordinario,

más descomunal, más terrible que cuanto veíamos[48-1]....--El

nombre de NAPOLEÓN circuló por nuestros labios.

¡Napoleón nos tenía también a nosotros en el interior de

25 Francia! ¡Napoleón había revuelto el Oriente,[48-2] encendido en

guerra nuestra patria, derribado todos los tronos de Europa!--¡Él

debía de ser quien arrancaba al Papa de la Silla de San

Pedro[48-3] y lo paseaba así por el Imperio francés, como el pueblo

judío paseó al Redentor por las calles de la ciudad deicida!

30 Pero ¿cuál era la suerte del beatísimo prisionero? ¿Qué

había ocurrido en Roma? ¿Había una nueva religión en el

Mediodía de Europa? ¿Era papa Napoleón?

Nada sabíamos..., y, si he de deciros[48-4] la verdad, por lo

que a mí hace,[48-5] todavía no he tenido tiempo de averiguarlo....

(p49)

--Yo se lo diré a V., por vía de paréntesis, en muy pocas

palabras, Capitán.--Esto completará la historia de V., y dará

toda su importancia a ese peregrino relato.

Novelas Cortas · 第 98 / 274 题