Una esperanza me quedaba.... Que Ramón me estuviese (p19)
aguardando en la ermita de San Nicolás, y que por este motivo
no hubiese vuelto al campamento faccioso.
--¡Cuál será su pena al ver que no asisto a la cita! (pensaba
yo.)--¡Me creerá muerto!--¿Y, por ventura, tan lejos
05 estoy de mi última hora? ¡Los facciosos fusilan ahora siempre
a los prisioneros; ni más ni menos que nosotros!...
Así amaneció el día siguiente.
Un Capellán entró en mi prisión.
Todos mis compañeros dormían.