Los padres tienen mucho cuidado de buscarles con tiempo mugeres de su

estado y condicion y si podian en el mesmo lugar; y poquedad era entre

ellos buscar las mugeres para si, y los padres para sus hijas casamiento;

y para tratarlo, buscavan casamenteros que lo rodeassen: concertado y

tratado, concertavan las aras y dote, lo qual era muy poco, y davalo el

padre del moço al consuegro, y hazia la suegra allende del dote vestidos

a la nuera y hijo; y venido el dia, se juntavan en casa del padre de la

novia, y alli aparejada la comida, venian los combidados y el sacerdote,

y juntado los casados y consuegros, tratava el sacerdote quadrarles,

pues lo avian bien mirado los suegros y estarles bien y assi le davan su

muger al moço essa noche si era para ello y luego se hazia la comida y

combite; y de ay adelante quedava en casa del suegro el yerno, trabajando

cinco o seis años por el suegro, y sino lo hazia, hechavanle de casa y

travajavan las madres diesse siempre la muger de comer y bever al marido

en señal de casamiento. Los viudos y viudas sin fiesta ni solemnidades se

concertavan, con solo ir ellos a casa dellas y admittirlos y darles de

comer se hazia el casamiento; de lo qual nacia que se dexavan con tanta

facilidad como se tomavan. Nunca los yucataneses tomaron mas de una como

se ha hallado de otras partes tener muchas juntas, y los padres algunas

vezes contrahen matrimonio por sus hijos niños hasta que sean venidos en

edad y se tratan como suegros.

§ XXV.—_Répudiation fréquente des Yucatèques. Leurs mariages._

Anciennement ils se mariaient à l’âge de vingt ans: aujourd’hui ils le

font de douze à treize; aussi se répudient-ils bien plus facilement,

se mariant comme ils le font, sans amour, sans connaissance de la vie

matrimoniale et des devoirs qu’elle impose: quand les parents du fils

ne réussissaient pas à lui persuader de retourner avec sa femme, ils

en cherchaient une autre et les parents de la femme un autre mari. Les

hommes ayant des enfants laissaient avec la même facilité leurs femmes,

sans appréhension que d’autres les prissent ou qu’ils pussent eux-mêmes

retourner à elles. Avec tout cela, ils sont fort jaloux et supportent

difficilement que leurs femmes soient infidèles; et maintenant qu’ils ont

vu dans des cas semblables les Espagnols tuer les leurs, ils commencent

à les maltraiter et à les tuer à leur tour. Si, en les répudiant, leurs

enfants étaient encore en bas âge, ils les laissaient à leurs mères;

s’ils étaient grands, les garçons allaient avec le père et les filles

avec la mère.

Quoique la répudiation fût une chose si commune et si familière à

ces Indiens, les anciens et ceux qui tenaient aux bonnes mœurs la

condamnaient; il y en avait donc beaucoup qui n’en avaient jamais eu

qu’une. Ils n’en prenaient jamais qui portassent leur propre nom du côté

paternel, car ils regardaient un mariage de ce genre comme une mauvaise

action, de même qu’un mariage contracté avec sa belle-sœur, veuve d’un

frère. Ils n’épousaient ni leurs belles-mères ni leurs belles-sœurs,

du côté de leurs femmes, ni leurs tantes maternelles; et si l’un d’eux

le faisait, on considérait son union de mauvais œil. Du reste ils se

mariaient sans scrupule avec toutes leurs autres parentes du côté

maternel, fût-ce même avec leurs cousines germaines.

Les pères avaient grand soin de chercher de bonne heure à leurs fils

des femmes de leur condition et, si faire se pouvait, du même endroit

qu’eux: il y avait une sorte de bassesse pour les hommes à chercher

eux-mêmes leurs femmes, ou pour les pères à chercher eux-mêmes des maris

pour leurs filles; à cet effet ils s’adressaient à des personnes qui

se chargeaient de ce soin. Les choses une fois arrangées, on concertait

le douaire et la dot, ce qui était fort peu de chose: le père du futur

en remettait le montant au beau-père et, en outre de la dot, la mère

faisait des habits pour sa belle-fille et pour son fils. Le jour des

noces, tous s’assemblaient dans la maison du père de la future: un repas

y était préparé. Les convives se trouvant réunis avec les fiancés et

leurs parents, le prêtre, ayant suffisamment reconnu que ceux-ci avaient

mûrement considéré l’affaire, donnait au jeune homme sa femme, s’il était

destiné à la recevoir cette même nuit, après quoi avait lieu le festin.

A dater de ce moment le gendre restait dans la maison de son beau-père

et travaillait pour son compte pendant cinq ou six ans: s’il négligeait

de le faire, on le chassait de la maison; mais les mères s’arrangeaient

pour que la femme donnât toujours de quoi manger à son mari, en signe de

mariage. Les veufs et veuves s’unissaient sans fêtes ni solemnités: il

suffisait aux premiers de se rendre à la maison d’une veuve, d’y être

reçus et d’y trouver à manger de sa main, pour que le mariage eût lieu;

aussi ne se séparaient-ils pas avec moins de facilité qu’ils se prenaient

pour époux. Les Yucatèques n’ont jamais eu l’usage d’épouser plus d’une

femme, comme cela s’est vu dans les pays voisins, où l’on en a plusieurs

à la fois. Il arrivait quelquefois que les pères contractaient mariage

pour leurs enfants en bas âge, qu’ils unissaient ensuite en leur temps,

et jusque-là ils ne se traitaient pas moins comme alliés.

§ XXVI.—_Modo de bautismo en Yucatan. Como lo celebravan._

No se halla el baptismo en ninguna parte de las Indias, sino en esta de

Yucatan, y aun con vocablo que quiere dezir nacer de nuevo o otra vez,

que es lo mesmo que en la lengua latina _renascor_, porque en la lengua

de Yucatan _zihil_ quiere dezir nacer de nuevo o otra vez, y no se usa

sino en composicion de verbos, y assi _caput zihil_ quiere dezir nacer de

nuevo. No hemos podido saber su origen, mas de que es cosa que an siempre

usado y a que tenian tanta devocion, que nadie lo dexava de recebir, y

tanta reverencia que los que tenian peccados, si eran para saber los

cometer los avian de manifestar, especialmente a los sacerdotes para

recebirlo, y tanta fee en el que no lo iteravan en ninguna manera. Lo que

pensavan recebian en el era una previa disposicion para ser buenos en sus

costumbres, y no ser dañados en las cosas temporales de los demonios,

y venir mediante el y su buena vida a conseguir la gloria que ellos

esperavan, en la qual, segun en la de Mahoma, avian de usar de manjares y

beveres.

Tenian pues esta costumbre para venir a hazer los baptismos, que criavan

las indias los niños hasta edad de tres años, y a los varoncillos

usavanles siempre poner pegada a la cabeça en los cabellos de la

coronilla una contezuela blanca, y a las muchachas traian ceñidas por

las senes muy abaxo con un cordel delgado y en el una conchuela asida

que les venia a dar encima de la parte honesta, y destas dos cosas era

entre ellos peccado y cosa muy fea quitarla de las mochachas antes del

baptismo, el qual les davan siempre desde edad de tres años hasta doze y

nunca se casavan antes del baptismo.

Quando alguno avia que quisiesse baptizar su hijo, iva al sacerdote y

davale parte de su intento, el qual publicava por el pueblo el baptismo y

el dia en que lo hazia, el qual ellos miravan siempre no fuesse aciago.

Esto hecho el que hazia la fiesta que era el que movia la platica, elegia

un principal del pueblo a su gusto para que le ayudasse a su negocio y

las cosas del. Despues tenian de costumbre elegir a otros quatro hombres

ancianos y honrados que ayudassen al sacerdote el dia de la fiesta a las

cerimonias, y estos elegian juntamente a su gusto con el sacerdote. Y en

estas elecciones entendian siempre los padres de todos los niños que avia

que baptizar, ca de todos era tambien la fiesta y llamavanlos a estos que

escogian _chaces_. Tres dias antes de la fiesta ayunavan los padres de

los mochachos y los officiales, abstiniendose de las mugeres.

El dia juntavanse todos en casa del que hazia la fiesta y llevavan los

niños todos que avian de baptizar, a los quales ponian en el patio o

plaça de la casa, que limpio y sembrado de hojas frescas le tenian por

orden en rengla los varones por si y las niñas por si, ponian les como

padrinos una muger anciana a las niñas, y a los niños un hombre que los

tuviessen a cargo.

Esto hecho tratava el sacerdote de la purificacion de la posada, hechando

al demonio della. Para echarlo ponian quatro vanquillos en las quatro

esquinas del patio en los quales se sentavan los quatro chaces con un

cordel largo asido de uno a otro, de manera que quedavan los niños

acorralados en medio a dentro del cordel, despues pasando sobre el

cordel avian de entrar todos los padres de los niños que avian ayunado

dentro del circuito. Despues o antes ponian en medio otro vanquillo

donde el sacerdote se sentava con un brasero, y un poco de maiz molido

y de su encienso. Alli venian los niños y niñas por orden y echavales

el sacerdote un poco de maiz molido y del encienso en la mano, y ellos

en el brasero; y ansi hazian todos, y estos saumerios acabados, tomavan

el brasero en que los hazian, y el cordel con que los chaces los tenian

cercados y echavan en un vaso un poco de vino y davan lo todo a un indio

que lo llevasse fuera del pueblo, avisandole no beviesse ni mirasse atras

a la buelta y con esto dezian quedava el demonio echado.

El qual assi ido verrian el patio y limpiavanlo de las hojas del arbol

que tenia que se dize _cihom_ y echavan otras de otro que llaman _copo_,

y ponian unas seras en tanto que el sacerdote se vestia. Vestido salia

con un jaco de pluma colorado y labrado de otras plumas de colores, y

que le cuelgan de los estremos otras plumas largas y una como coroza

en la cabeça de las mesmas plumas, y debaxo del jaco muchos listones

de algodon hasta el suelo como colas, y con un isopo en la mano de un

palo corto muy labrado, y por barbas o pelos del isopo ciertas colas de

unas culebras que son como caxcaveles, y con no mas ni menos gravedad

que ternia un papa para coronar un emperador, que cosa era notable la

serenidad que les causavan los aparejos. Los chaces ivan luego a los

niños y ponian a todos sendos paños blancos en las cabeças que sus madres

para aquello traian. Preguntavan a los que eran grandecillos si avian

hecho algun peccado y tocamiento feo, y si lo avian hecho, confessavanlo,

y separavanlos de los otros.

Esto hecho mandava el sacerdote callar y sentar la gente, y començava

el a bendezir con muchas oraciones a los mochachos, y a santiguarlos

con su isopo, y con mucha serenidad. Acabada su bendicion se sentava y

se levantava el principal que avian los padres de los mochachos elegido

para esta fiesta, y con un guesso que el sacerdote le dava iva a los

mochachos y amagava a cada uno por si nueve vezes con el guesso en la

frente; despues mojavale en un vaso de una agua que llevava en la mano,

y untavales la frente, y las faciones del rostro y entre los dedos de

los piez y los de las manos a todos sin hablar palabra. Esta agua hazian

de ciertas flores y de cacao mojado y desleido con agua virgen que ellos

dezian traida de los concavos de los arboles o de los montes.

Acabada esta unctura se levantava el sacerdote y les quitava los paños

blancos de la cabeça y otros que tenian colgados a las espaldas en que

cada uno traia atadas unas pocas de plumas de un paxaro muy hermoso

y algunos cacaos, lo qual todo recogia uno de los chaces, y luego el

sacerdote les cortava a los niños con una navaja de piedra la cuenta que

avian traido pegada en la cabeça; tras esto ivan los demas ayudantes del

sacerdote con un manojo de flores y un humaço que los indios usan chupar;

y amagavan con cada uno dellos nueve vezes a cada mochacho, y despues

davanle a oler las flores y a chupar el humaço. Despues recogian los

presentes que las madres traian y davan dellos a cada mochacho un poco

para comer alli, ca de comida eran los presentes, y tomavan un buen vaso

de vino y presto en medio ofrecianlo a los dioses y con devotas plegarias

les rogavan recibiessen aquel don pequeño de aquellos mochachos, y

llamando otro oficial que les ayudava que llamavan _Cayom_ davanse lo que

lo beviesse, lo qual hazia sin descançar que diz que era peccado.

Esto hecho se despedian las mochachas primero, a las quales ivan sus

madres primero a quitarles el hilo con que avian andado hasta entonces

atadas por las renes, y la conchuela que traian en la puridad, lo

qual era como una licencia de poderse ya quando quiera que los padres

quisiessen casar. Despues despedian por si a los mochachos, y idos venian

los padres al monton de las mantillas que avian traido, y repartianlo de

su mano por los circumstantes y officiales. Despues acabavan la fiesta

con comer y bever largo; llamavan a esta fiesta _Emku_, que quiere

dezir baxada de Dios. El que la avia hecho principalmente moviendola y

haziendo el gasto, allende de los tres dias que se avia, como por ayuno,

abstenido, se avia de abstener nueve mas y lo hazian inviolablemente.

§ XXVI.—_Sorte de baptême au Yucatan. Comment on le solennisait._

On ne trouve de baptême en aucune partie des Indes, excepté dans le

Yucatan[114], où il existe désigné sous un nom qui signifie naître de

nouveau ou une autre fois: le mot est identique avec le latin _renasci_;

car dans la langue du Yucatan _zihil_ veut dire renaître. Mais il n’est

usité qu’en composition verbale; ainsi _caput-zihil_ signifie naître de

nouveau. Nous n’avons pu retrouver son origine; on sait seulement que

c’est une coutume qui a toujours existé et à laquelle ils avaient tant

de dévotion qu’ils ne laissaient jamais de s’y conformer. Ils y avaient

un tel respect que ceux qui avaient des péchés sur la conscience ou

qui se sentaient inclinés à en commettre quelqu’un, s’en confessaient

particulièrement au prêtre, afin d’être en état de recevoir le baptême,

et ils y mettaient une si grande foi qu’ils ne l’auraient réitéré pour

quoi que ce fût. Ils croyaient y recevoir une disposition préalable à

se conduire honnêtement, et se trouver garantis de toute atteinte des

démons dans les choses temporelles; par ce moyen et une vie réglée, ils

espéraient obtenir la béatitude qu’ils attendaient, dans laquelle, comme

en celle de Mahomet, ils auraient trouvé le plaisir avec les femmes,

ainsi qu’à boire et à manger.

Voici la coutume qu’ils avaient pour se préparer au baptême: les femmes

étant chargées d’élever les enfants jusqu’à l’âge de trois ans, mettaient

sur la tête des petits garçons quelque chose de blanc attaché entre

les cheveux à l’occiput; quant aux petites filles, elles portaient de

la ceinture en bas une corde fort menue, à laquelle était attachée une

petite coquille qui venait à se trouver placée justement au-dessus des

parties sexuelles; on regardait comme un grand péché et une chose fort

malhonnête d’ôter ces choses aux petites filles avant leur baptême, qui

leur était toujours administré entre trois et douze ans, et jamais on ne

les mariait auparavant.

Lorsque quelqu’un désirait faire baptiser son enfant, il allait au prêtre

et lui faisait part de son intention: celui-ci publiait le baptême dans

toute la commune, ayant soin toujours que la cérémonie ne tombât pas en

un jour malheureux. Cela fait, celui qui en avait fait la proposition,

et qui, par conséquent, se chargeait de la fête, choisissait à son goût

un des principaux de la localité, afin de l’aider dans tout ce qui y

avait rapport. Après cela, on avait coutume d’en choisir encore quatre

autres d’entre les anciens et des plus honorables, qui prêtaient secours

au prêtre dans ses fonctions le jour de la fête: ce choix se faisait

toujours d’accord avec le prêtre lui-même. Les pères de tous les enfants

à baptiser avaient également part à cette élection, car la fête était

du ressort de tous: à ceux qui avaient été désignés pour accompagner

le prêtre on donnait le titre de _chac_[115]. Durant les trois jours

précédant la fête, les pères des enfants jeûnaient ainsi que ces

officiers, s’abstenant d’user de leurs femmes.

Au jour convenu, tous ensemble se réunissaient dans la maison de celui

qui faisait la fête, amenant avec eux les enfants à baptiser: on les

rangeait dans la cour ou la place de la maison qui avait été balayée et

parsemée de verdure; les garçons se plaçant d’un côté, sous la garde d’un

homme qui faisait comme l’office de parrain à leur égard; et de l’autre,

les filles à qui l’on donnait une matrone pour prendre soin d’elles.

Cela fait, le prêtre s’occupait à purifier la maison, chassant le démon

du lieu. A cet effet, on plaçait un petit banc aux quatre angles de la

cour: les quatre chacs s’asseyaient tenant une corde de l’un à l’autre,

de façon à ce que les enfants demeurassent en quelque sorte renfermés au

milieu, après quoi les pères tous ensemble qui avaient observé le jeûne

jusque-là, passaient par-dessus la corde pour entrer dans l’enceinte. Au

milieu était une autre banquette où le prêtre s’asseyait, ayant à côté de

lui un brasier avec du maïs moulu et de l’encens[116]. Les petits garçons

et les petites filles s’approchaient en ordre, et le prêtre leur mettait

dans la main un peu du maïs et de l’encens qu’ils jetaient tour à tour

dans le brasier. Cela passé et les encensements terminés, on enlevait

le brasier et la corde dont les chacs faisaient l’enceinte; ceux-ci

versaient un peu de vin dans un vase qu’ils donnaient avec ces choses à

un homme pour les porter hors de la commune, en lui recommandant surtout

de ne pas boire le vin et de ne pas regarder par derrière à son retour.

De cette manière, on disait que le démon était chassé.

On balayait ensuite la cour et on la nettoyait de la verdure qui s’y

trouvait et qui était des feuilles d’un arbre appelé _cihom_; on les

remplaçait par d’autres d’un arbre nommé _copo_, et on étendait quelques

nattes, pendant que le prêtre revêtait ses habits. Il se présentait

bientôt après revêtu d’une tunique de plume rouge, travaillée d’autres

plumes de diverses couleurs et d’où pendaient d’autres plumes plus

grandes, et par-dessus comme une grande quantité de rubans de coton

qui pendaient jusqu’à terre: sur la tête il portait une sorte de mitre

travaillée en plume de la même manière, et à la main comme un petit

goupillon de bois, sculpté avec art, dont les poils étaient des queues de

serpent analogues aux serpents à sonnette. Il sortait ainsi n’ayant ni

plus ni moins de gravité qu’un pape en aurait pour couronner un empereur;

et c’est une chose notable de voir la sérénité que lui donnait tout

cet appareil. Les chacs aussitôt s’avançaient vers les enfants et leur

mettaient sur la tête des linges blancs que leurs mères avaient apportés

à cet effet. Ils demandaient aux plus grands s’ils n’avaient pas commis

quelque péché ou attouchement obscène, et s’ils l’avaient fait, ils le

confessaient et on les séparait des autres.

Cela terminé, le prêtre commandait à tout le monde de s’asseoir et de se

taire; il se mettait ensuite à bénir les enfants avec certaines prières,

et à les sanctifier avec son goupillon avec beaucoup de majesté. La

bénédiction finie, il s’asseyait: celui que le père des enfants avait

choisi pour aider principalement à cette fête, se levait alors, et armé

d’un os que le prêtre lui donnait, il allait à chaque enfant et le lui

passait neuf fois au front; il le trempait ensuite dans un vase d’eau

qu’il portait à la main, en oignait à tous le front et le visage, ainsi

que les interstices des doigts des pieds et des mains, sans dire un seul

mot. Cette eau se composait de certaines fleurs et de cacao mouillé et

délayé dans de l’eau vierge qu’ils disaient provenir des concavités des

bois ou des montagnes.

A la suite de cette onction, le prêtre se levait; il leur ôtait de la

tête les linges blancs qu’on leur avait mis, ainsi que d’autres qu’ils

avaient aux épaules, où chacun d’eux portait quelques plumes d’un fort

bel oiseau et des grains de cacao. L’un des chacs recueillait toutes

ces choses, après quoi le prêtre coupait avec un couteau de pierre aux

petits garçons ce qu’ils portaient attaché à la tête; derrière le prêtre

marchaient ses autres aides, un bouquet de fleurs à la main avec une

pipe à parfums que les Indiens ont coutume de fumer; ils en faisaient

neuf passes à chaque enfant et ensuite lui donnaient tour à tour à

sentir le bouquet et à aspirer la pipe. Ils recueillaient après cela les

présents que les mères avaient apportés et en donnaient un peu à manger

là même à chacun des enfants; car ces présents étaient de victuailles.

Ils prenaient un grand vase rempli de vin, ils l’offraient rapidement

aux dieux, en les priant avec des paroles de dévotion d’agréer ce faible

hommage de la part des enfants, puis appelant à eux un autre officier,

dont le titre était _Cayom_, ils lui donnaient le vase qu’il devait vider

d’un trait; car s’arrêter pour prendre haleine eût été un péché.

La cérémonie achevée, les jeunes filles prenaient congé du prêtre; mais

auparavant leurs mères leur enlevaient le cordon qu’elles avaient porté

jusque-là autour des reins avec la coquille, insigne de leur pureté, ce

qui était comme une permission de pouvoir se marier, quand il plairait

aux parents de leur choisir un époux. Après les filles venaient les

garçons, qui comme elles prenaient congé du prêtre; puis arrivaient les

pères qui, s’approchant du monceau de linges qu’ils avaient apportés,

les distribuaient de leurs mains aux officiers et assistants. La journée

se terminait avec un grand festin où ils mangeaient et buvaient en

abondance. La fête avait pour nom _Em-Ku_, c’est-à-dire descente de

Dieu. Celui qui l’avait célébrée, surtout en la mettant en train et en en

faisant les frais, devait, en outre des trois jours d’abstinence qu’il

avait eus en forme de jeûne, s’abstenir encore durant neuf jours, et il

le faisait inviolablement.

§ XXVII.—_Confesion entre los yucataneses. Abstinecias y supersticioncs.

Variedad de idolos. Officios de los sacerdotes._

Que los yucataneses naturalmente conocian que hazian mal, y por que

creian que por el mal y pecado les venian muertes, enfermedades y

tormentos, tenian por costumbre confessarse, quando ya estava en ellos,

en esta manera: que quando por enfermedad o otra cosa, eran en peligro

de muerte, confessavan su peccado, y si se descuydavan, traianselo los

parientes mas cercanos o amigos a la memoria, y ansi dezian publicamente

sus peccados, si estava alli el sacerdote, a el, sino a los padres y

madres, y las mugeres a los maridos, y maridos a las mugeres.

Los peccados de que comunmente se acusavan, eran del hurto, homicidio,

de la carne, y falso testimonio, y con esto se creian salvos, y muchas

vezes si escapavan avia rebueltas entre el marido y la muger, por las

desgracias que les avian succedido, y con las que las avian causado.

Ellos confessavan sus flaquezas, salvo las que con sus esclavas los

que las tenian cometian, porque dezian era licito usar de sus cosas

como querian. Los peccados de intencion no confessavan, tenian empero

por malos, y en sus consejos y predicaciones consejavan evitarlos. Que

las abstinencias que comunmente hazian eran de sal en los guisados y

pimienta, lo qual les era grave, y abstenianse de sus mugeres para la

celebracion de todas sus fiestas.

No se casavan despues de viudos un año, por no conocer hombre a muger en

aquel tiempo, y a los que esto no guardavan, tenian por poco templados y

que les vendria por esso algun mal.

Y en algunos ayunos de sus fiestas no comian carne ni conocian sus

mugeres; recibian los officios de las fiestas siempre con ayunos, y lo

mesmo los officios de republica y algunos tan largos que eran de tres

años, y todos estos quebrantarlos eran grandes peccados.

Que eran tan dados a sus idolatricas oraciones, que en tiempo de

necessidad hasta las mugeres, mochachos, y moças, todos entendian en

esto que era quemar encienso y suplicar a Dios les librasse del mal y

reprimiesse al demonio, que esto les causava.

Y que aun los caminantes en sus caminos llevavan encienso y un platillo

en que lo quemar, y assi a la noche do quiera que llegavan, erigian tres

piedras pequeñas y ponian en ellas sendos pocos del encienso, y ponian

les delante otras tres piedras llanas, en las quales echavan encienso,

y rogando al Dios que llamavan _Ekchuah_ los volviesse con bien a sus

casas, y esso hasta ser bueltos a sus casas cada noche lo hazian donde

no faltava quien por ellos hiziesse otro tanto y aun mas.

Relation des choses de Yucatan de Diego de Landa Texte espagnol et traduction française en regard, comprenant les signes du calendrier et de l'alphabet hiéroglyphique de la langue maya; accompagné de documents divers historiques et chronologiques, avec une grammaire et un vocabulaire abrégés français-maya, précédés d'un essai sur les sources de l'histoire primitive du Mexique et de l'Amérique Centrale, etc., d'après les monuments égyptiens, et de l'histoire primitive de l'égypte d'après les monuments américains par l'abbé Brasseur de Bourbourg · 第 20 / 47 段