V.--SIMULACIÓN DE LA SALUD

Complemento indispensable del estudio de las enfermedades simuladas es

el de la _simulación de la salud_, por sujetos verdaderamente enfermos,

o sea la disimulación de la enfermedad. Su objetivo se comprende

fácilmente: cuando el estar enfermo determina una situación de

inferioridad en la lucha por la vida, el sujeto recurre a la simulación

de la salud.

En la vida ordinaria es frecuentísima. Las reglas de la más simple

urbanidad la imponen en el trato de gentes; pocas personas habrá que

nunca hayan disimulado una dolencia de poca monta, para recibir con

la sonrisa en los labios a un amigo o amiga estimada. Se asiste a

tertulias disimulando una cefalalgia, a un banquete disimulando una

dispepsia o una colitis, a una cita amorosa disimulando una cistitis

o una uretralgia. Muchos lectores habrán disimulado en su juventud

alguna enfermedad que reputaban vergonzosa, hasta que la intensidad de

los síntomas los obligó a denunciarse al médico y a su propia familia.

Hemos visto un caso de impotencia psíquica que involucraba una doble

simulación. Un joven contrajo matrimonio con una señorita casi

interesante; sufrió durante varias semanas de impotencia psíquica,

siéndole imposible cumplir sus deberes de marido. En los primeros días

la esposa simuló, ante la familia, dolores y molestias que atribuía

a las contingencias de su nuevo estado; el esposo, por su parte,

disimuló su flaqueza haciendo picarescas alusiones a sus transportes

conyugales. Pero al cabo de cierto tiempo consideraron improrrogables

ciertos deberes, consultando a un médico. El pobre esposo trató de

simular una neurastenia, atribuyéndole su impotencia; fácilmente se le

hizo desistir de su irrisoria simulación, demostrándole tratarse de una

simple inhibición psíquica, curada tras breve tratamiento, con visible

regocijo de los cónyuges.

En la lucha entre los sexos, son frecuentes las disimulaciones de

enfermedades. Hombres y mujeres, en vísperas del matrimonio, suelen

disimular cuidadosamente sus enfermedades, temerosos de perder un

buen partido. Muchas veces el médico se ve precisado a ser cómplice

de esas disimulaciones, pues consultado sobre el estado de salud de

los novios el secreto profesional le obliga a no revelar los males

de que los asiste. Una joven, durante las primeras visitas de su

prometido, padecía de terribles cefalalgias; durante horas la joven

sufría en silencio sus dolores, simulando una jovialidad que, de rato

en rato, desaparecía para dar lugar a muecas irreprimibles y a alguna

lágrima. Más tarde, cuando la confianza sobrepúsose a la tiranía de la

etiqueta, confesó sus simulaciones, agregando que obedecían al temor de

ser abandonada si la hubiesen sospechado portadora de males mayores que

los verdaderos.

Todo médico ha visto enfermos disimulando sus dolencias para abandonar

la cama o conseguir la supresión de una dieta desagradable. Otros se

dicen convalecientes para volver a tareas habituales que la enfermedad

les obliga a descuidar. Entre los enfermos cuya asistencia impone el

aislamiento o la reclusión, suelen observarse disimulaciones para

apresurar la vuelta al seno de la familia y de la sociedad.

Disimulan sus enfermedades cuantos están obligados a probar que

gozan de perfecta salud para ser admitidos en un establecimiento o

corporación, o para aspirar a ciertos empleos; nunca faltarán médicos

complacientes que se hagan cómplices activos de estas disimulaciones,

expidiendo certificados falsos. Entre esas simulaciones de la salud

existe un grupo especial que recientemente ha alcanzado extraordinaria

importancia en medicina forense.

El desarrollo de las instituciones de seguros sobre la vida

ha producido formas especiales de simulación para explotarlas

fraudulentamente. Sujetos poco escrupulosos aseguran en su favor

la vida de parientes enfermos; rara manifestación de la lucha por

la existencia, cuyo estudio agregaría un capítulo interesante a la

psicopatología de los parásitos sociales.

El número de estas disimulaciones para explotar el seguro es alarmante;

han sido objeto de estudio especial en el "Primer Congreso de los

médicos de las Sociedades de seguros", celebrado en Bruselas en

Septiembre de 1899. Fundándose en estadísticas precisas, Weir Manton

demostró el aumento de las disimulaciones por estos dos hechos: 1.º.

La mortalidad de los asegurados durante los dos o tres primeros años

siguientes a la celebración del contrato es mucho mayor que en los seis

o siete años posteriores; 2.º. La mortalidad en las diversas formas de

seguro es inversamente proporcional al monto de las primas; los seguros

con primas menores son, proporcionalmente, más nefastos que los seguros

con primas que aumentan con el transcurso del tiempo.

Desde el punto de vista médico legal, en esos casos sólo hay verdadera

simulación de la salud cuando el sujeto conoce su enfermedad; si la

ignora no hay disimulación de enfermedad, sino simple desconocimiento,

y su fraude involuntario no podría legalmente considerarse como

delito. En tales casos suele tratarse de una víctima de la avaricia

de sus parientes o amigos, informados por el médico de un pronóstico

desconocido por el enfermo.

La simulación en la lucha por la vida · 第 49 / 56 题