El número de enfermedades que pueden simularse aumenta proporcionalmente
a la difusión de los conocimientos médicos, entre los profanos; sus
probabilidades de éxito disminuyen en razón directa de los adelantos
científicos del diagnóstico médico. Cuando los médicos sabían menos, la
simulación era fácil; actualmente es cada día más difícil.
Recorriendo numerosos tratados de medicina militar y obras especiales
sobre enfermedades simuladas, encontramos en número enorme las que se
ha intentado simular. Para dar una idea de ello no bastaría su simple
enumeración, y sería imposible tratar de cada una en particular[11].
Como puede suponerse, muchas de esas simulaciones son muy hábiles y
podrían despistar a más de un médico inexperto. No se trata simplemente
de síntomas subjetivos, artificialmente provocados, cuyo origen escapa
a la perspicacia del perito. Algunos simuladores se provocan una
aceleración del pulso, acompañada de ligera excitación y elevación
de la temperatura cutánea, mediante la permanencia en el recto de
supositorios irritantes, o bien de ajo y tabaco, provocando su contacto
una hiperemia rectal intensa acompañada de los fenómenos indicados. Más
conocido es el recurso empleado para simular la fiebre; el simulador
frota la cubeta del termómetro en un pliegue de la camisa y le imprime
un movimiento de rotación sobre su propio eje; el inconveniente del
sistema consiste en que el sujeto no puede graduar su fraude y de
pronto tiene 45 grados que contrastan con su excelente estado general.
Nunca olvidaremos un caso de "fiebre histérica" observada por dos
colegas distinguidos, que demostramos ser una burda simulación.
Un médico francés, Benoit, refiere los medios empleados por
los presidiarios franceses de Nueva Caledonia para simular las
manifestaciones del escorbuto. Se frotan los miembros inferiores con
corteza de caoba; ésta contiene una savia ligeramente cáustica que toma
un ligero tinte vinoso al ser expuesta al aire. Se producen los edemas
mediante ligaduras aplicadas en los miembros y sobre las partes así
edematizadas provocan la aparición de manchas equimóticas, golpeándose
con una muñeca de lienzo llena de sal o arena mojada; frótanse
fuertemente las encías con la misma corteza y las hacen sangrar
pinchándolas con una aguja. (Slocker).
La midriasis suele ser frecuentemente simulada mediante instilaciones
de atropina; la simulación de la miosis, por la eserina y otros
constrictores pupilares, es muy rara. Las conjuntivitis suelen ser
provocadas o mantenidas mediante la irritación artificial de la
conjuntiva; algunas veces se emplean substancias que obran física o
químicamente.
Es conocidísimo el caso de un simulador cuya conjuntivitis no cedía
a ningún tratamiento; habiéndole aislado y maniatado para evitar su
fraude, descubrióse que mantenía su afección aplicando el ojo durante
horas junto al agujero de la cerradura, donde la corriente de aire frío
se encargaba de satisfacer su propósito. Mencionan todos los autores la
provocación de conjuntivitis mediante el contagio voluntario del pus
blenorrágico. Marshall observó una verdadera epidemia de estos casos
en soldados ingleses que deseaban obtener su licencia. Se refieren
casos de cataratas provocadas mediante la introducción de agujas muy
finas hasta el cristalino; Gavin observó nueve casos en un mismo
cuerpo de lanceros. Las otorreas suelen simularse introduciendo miel,
queso blando, jugos animales o vegetales, sangre, etc., en el conducto
auditivo externo; otras veces son provocadas introduciendo cuerpos
extraños.
Las hemoptisis y las hematemesis suelen ser simuladas, especialmente
por neurópatas que desean preocupar a sus médicos. Conocimos una
enferma que se mordía la mucosa interior de los labios y mejillas,
acumulaba sangre en la boca, y luego, mezclada con mucosidades, la
esputaba, simulando violentos accesos de tos; bastó indicarle que su
fraude era conocido para suprimir los esputos de sangre. La hematemesis
simúlase por análogos procedimientos, tragando la sangre y vomitándola
en seguida. Muchos enfermos consiguen fácilmente hacer sangrar sus
encías o muelas cariadas, pretendiendo que la sangre viene de la
garganta.
Las simulaciones de la ictericia son conocidas de antigua fecha. Las
más burdas consisten en mojar el cuerpo con soluciones colorantes.
Fumando tabaco macerado en aceite de coco al que se añade el fósforo
de una cerilla se obtienen perturbaciones generales, color ictérico
de la piel y de las conjuntivas; este ardid, recordado por Benoit,
es un verdadero envenenamiento por el fósforo. Más ingenioso es el
que describe Slocker; consiste en colocar en la axila una compresa de
algodón empapada en vinagre y espolvoreada con azafrán, previamente
sumergido en aquel líquido durante algunas horas; hecha la aplicación,
el individuo se acuesta, provoca una abundante transpiración,
apareciendo pronto un color amarillento en todo el cuerpo, inclusive en
las conjuntivas. Un médico nos refiere haber observado, durante mucho
tiempo, un sujeto que se quejaba de tener las manos amarillentas; para
curar de su inexplicable enfermedad visitó sucesivamente a numerosos
médicos, siguiendo sus prescripciones con puntualidad. Súpose después
que se teñía las manos con solución muy diluida de ácido pícrico,
ignorándose el motivo que pudiera inducirle a persistir en tan original
simulación.
La introducción de riñones u otros órganos de animales pequeños en
la nariz, ha servido para simular pólipos nasales; el ozena simúlase
introduciendo algodones embebidos en substancias fétidas o fragmentos
de substancias orgánicas en putrefacción.
Los autores de dermatología recuerdan que la tiña favosa suele ser
simulada quemando con ácido nítrico una zona de cuero cabelludo. Un
profesor nos dijo conocer a un joven que por ese procedimiento eludió
un compromiso de matrimonio.
Podríamos continuar indefinidamente, si quisiéramos detallar todas las
formas de fraude empleadas por el hombre para obtener las facilidades
concedidas al enfermo en los pueblos civilizados. Es indudable que
las enfermedades simuladas se desconocían y se desconocen en aquellos
pueblos donde, con fines selectivos, se mata a los enfermos; allí sólo
se concibe con fines de suicidio.
Como complemento de esta reseña de la simulación de estados
patológicos, sólo puede agregarse que el hombre, en la lucha por
la vida, puede verse obligado a simular la muerte, negación de la
vida misma. Esa simulación puede ser física; otras veces la muerte
es simulada, desde el punto de vista legal solamente, gracias a la
ocultación o desaparición del supuesto muerto; estos casos no son
raros en derecho civil y su importancia es grande. En la literatura
este recurso suele ser empleado con frecuencia para crear posiciones
inesperadas e interesantes; "La muerte civil" ha dado tema a un drama
harto conocido.