V.--ENFERMEDADES QUE PUEDEN SIMULARSE

El número de enfermedades que pueden simularse aumenta proporcionalmente

a la difusión de los conocimientos médicos, entre los profanos; sus

probabilidades de éxito disminuyen en razón directa de los adelantos

científicos del diagnóstico médico. Cuando los médicos sabían menos, la

simulación era fácil; actualmente es cada día más difícil.

Recorriendo numerosos tratados de medicina militar y obras especiales

sobre enfermedades simuladas, encontramos en número enorme las que se

ha intentado simular. Para dar una idea de ello no bastaría su simple

enumeración, y sería imposible tratar de cada una en particular[11].

Como puede suponerse, muchas de esas simulaciones son muy hábiles y

podrían despistar a más de un médico inexperto. No se trata simplemente

de síntomas subjetivos, artificialmente provocados, cuyo origen escapa

a la perspicacia del perito. Algunos simuladores se provocan una

aceleración del pulso, acompañada de ligera excitación y elevación

de la temperatura cutánea, mediante la permanencia en el recto de

supositorios irritantes, o bien de ajo y tabaco, provocando su contacto

una hiperemia rectal intensa acompañada de los fenómenos indicados. Más

conocido es el recurso empleado para simular la fiebre; el simulador

frota la cubeta del termómetro en un pliegue de la camisa y le imprime

un movimiento de rotación sobre su propio eje; el inconveniente del

sistema consiste en que el sujeto no puede graduar su fraude y de

pronto tiene 45 grados que contrastan con su excelente estado general.

Nunca olvidaremos un caso de "fiebre histérica" observada por dos

colegas distinguidos, que demostramos ser una burda simulación.

Un médico francés, Benoit, refiere los medios empleados por

los presidiarios franceses de Nueva Caledonia para simular las

manifestaciones del escorbuto. Se frotan los miembros inferiores con

corteza de caoba; ésta contiene una savia ligeramente cáustica que toma

un ligero tinte vinoso al ser expuesta al aire. Se producen los edemas

mediante ligaduras aplicadas en los miembros y sobre las partes así

edematizadas provocan la aparición de manchas equimóticas, golpeándose

con una muñeca de lienzo llena de sal o arena mojada; frótanse

fuertemente las encías con la misma corteza y las hacen sangrar

pinchándolas con una aguja. (Slocker).

La midriasis suele ser frecuentemente simulada mediante instilaciones

de atropina; la simulación de la miosis, por la eserina y otros

constrictores pupilares, es muy rara. Las conjuntivitis suelen ser

provocadas o mantenidas mediante la irritación artificial de la

conjuntiva; algunas veces se emplean substancias que obran física o

químicamente.

Es conocidísimo el caso de un simulador cuya conjuntivitis no cedía

a ningún tratamiento; habiéndole aislado y maniatado para evitar su

fraude, descubrióse que mantenía su afección aplicando el ojo durante

horas junto al agujero de la cerradura, donde la corriente de aire frío

se encargaba de satisfacer su propósito. Mencionan todos los autores la

provocación de conjuntivitis mediante el contagio voluntario del pus

blenorrágico. Marshall observó una verdadera epidemia de estos casos

en soldados ingleses que deseaban obtener su licencia. Se refieren

casos de cataratas provocadas mediante la introducción de agujas muy

finas hasta el cristalino; Gavin observó nueve casos en un mismo

cuerpo de lanceros. Las otorreas suelen simularse introduciendo miel,

queso blando, jugos animales o vegetales, sangre, etc., en el conducto

auditivo externo; otras veces son provocadas introduciendo cuerpos

extraños.

Las hemoptisis y las hematemesis suelen ser simuladas, especialmente

por neurópatas que desean preocupar a sus médicos. Conocimos una

enferma que se mordía la mucosa interior de los labios y mejillas,

acumulaba sangre en la boca, y luego, mezclada con mucosidades, la

esputaba, simulando violentos accesos de tos; bastó indicarle que su

fraude era conocido para suprimir los esputos de sangre. La hematemesis

simúlase por análogos procedimientos, tragando la sangre y vomitándola

en seguida. Muchos enfermos consiguen fácilmente hacer sangrar sus

encías o muelas cariadas, pretendiendo que la sangre viene de la

garganta.

Las simulaciones de la ictericia son conocidas de antigua fecha. Las

más burdas consisten en mojar el cuerpo con soluciones colorantes.

Fumando tabaco macerado en aceite de coco al que se añade el fósforo

de una cerilla se obtienen perturbaciones generales, color ictérico

de la piel y de las conjuntivas; este ardid, recordado por Benoit,

es un verdadero envenenamiento por el fósforo. Más ingenioso es el

que describe Slocker; consiste en colocar en la axila una compresa de

algodón empapada en vinagre y espolvoreada con azafrán, previamente

sumergido en aquel líquido durante algunas horas; hecha la aplicación,

el individuo se acuesta, provoca una abundante transpiración,

apareciendo pronto un color amarillento en todo el cuerpo, inclusive en

las conjuntivas. Un médico nos refiere haber observado, durante mucho

tiempo, un sujeto que se quejaba de tener las manos amarillentas; para

curar de su inexplicable enfermedad visitó sucesivamente a numerosos

médicos, siguiendo sus prescripciones con puntualidad. Súpose después

que se teñía las manos con solución muy diluida de ácido pícrico,

ignorándose el motivo que pudiera inducirle a persistir en tan original

simulación.

La introducción de riñones u otros órganos de animales pequeños en

la nariz, ha servido para simular pólipos nasales; el ozena simúlase

introduciendo algodones embebidos en substancias fétidas o fragmentos

de substancias orgánicas en putrefacción.

Los autores de dermatología recuerdan que la tiña favosa suele ser

simulada quemando con ácido nítrico una zona de cuero cabelludo. Un

profesor nos dijo conocer a un joven que por ese procedimiento eludió

un compromiso de matrimonio.

Podríamos continuar indefinidamente, si quisiéramos detallar todas las

formas de fraude empleadas por el hombre para obtener las facilidades

concedidas al enfermo en los pueblos civilizados. Es indudable que

las enfermedades simuladas se desconocían y se desconocen en aquellos

pueblos donde, con fines selectivos, se mata a los enfermos; allí sólo

se concibe con fines de suicidio.

Como complemento de esta reseña de la simulación de estados

patológicos, sólo puede agregarse que el hombre, en la lucha por

la vida, puede verse obligado a simular la muerte, negación de la

vida misma. Esa simulación puede ser física; otras veces la muerte

es simulada, desde el punto de vista legal solamente, gracias a la

ocultación o desaparición del supuesto muerto; estos casos no son

raros en derecho civil y su importancia es grande. En la literatura

este recurso suele ser empleado con frecuencia para crear posiciones

inesperadas e interesantes; "La muerte civil" ha dado tema a un drama

harto conocido.

La simulación en la lucha por la vida · 第 48 / 56 题