II.--DIFUSIÓN DE ESTAS SIMULACIONES

Las simulaciones de estados patológicos ofrecen vasto campo de

observación y de estudio. Así como es fácil encontrar en el mundo

biológico los primeros ejemplos de simulación en general, también se

encuentran los de enfermedades simuladas. El hecho se explica, puesto

que entre las especies animales aparece el principio de asociación para

la lucha, originando el sentimiento de solidaridad; por eso, en los

animales que se asocian pueden encontrarse enfermedades simuladas.

Los animales asociados con el hombre, adaptados a la domesticidad,

simulan con frecuencia estados patológicos. Poseímos un perrito muy

inteligente que recurría con frecuencia a la astucia. Enfermó en

cierta ocasión y le regalamos de golosinas; curado de su pasajera

dolencia, dos meses más tarde, viendo un plato con dulce de leche,

el astuto animal simuló estar enfermo; echóse en un rincón llorando

enternecedoramente. Nadie sospechaba el motivo de su repentina

enfermedad; el dulce fué comido sin darle participación alguna. Pocos

momentos después el animal curó de su fingida dolencia, resignándose,

apresuradamente, a lamer los platos pringosos de dulce.

Entre los hombres de campo los hay muy hábiles para reconocer las

enfermedades simuladas por los animales. Todos hemos visto caballos que

se fingen enfermos antes de ser atados; después de estarlo desisten de

su simulación, trabajando sin inconvenientes.

Es harto conocido el ejemplo del pato que arrastra el ala al volar,

simulando estar herido, con el propósito de defender su nido mediante

esa estratagema. Al estudiar las simulaciones en el mundo biológico,

hemos recordado que muchos insectos, viéndose amenazados, fingen estar

muertos. Cuando niños, todos pasamos emocionantes momentos contemplando

las luchas entre el gato y el ratón; este último suele simular estar

mal herido o moribundo para intentar la fuga en momento inesperado.

Recorriendo los libros de Romanes, Wallace, Cuénot y otros, podría

coleccionarse una larga serie de ejemplos de simulación de enfermedades

en los animales.

En los hombres son frecuentísimas; en todos los idiomas y dialectos

existen modismos o vocablos especiales para expresarlas. En la jerga

popular mil frases lo revelan, y algunas de ellas están generalizadas

entre las personas cultas.

No se crea que el fenómeno es moderno. Basta abrir el Génesis para

encontrar a Raquel simulando estar indispuesta para no levantarse de la

cama donde tiene escondidos ciertos ídolos robados; en otra parte, en

el Libro de los Reyes, encontramos a David simulando haber perdido la

razón para sustraerse a las iras de Saúl; y en otro pasaje de ese libro

pornográfico que se llama la Santa Biblia, Amnón, hijo de David, simula

estar enfermo para guardar cama y desahogar su amor incestuoso con su

propia hermana Tamar.

Es seguro que antes de los tiempos a que la Biblia se refiere existían

enfermedades simuladas. Como observa Tomellini, el hombre debió

concebir esta forma de simulación al observar por vez primera que

ante el quejumbroso ¡ay! del enfermo sus semejantes le rodeaban de

atenciones cuidadosas, eximiéndole de ciertos deberes fundamentales

que la lucha por la vida impone. Sin engolfarnos en el análisis de

las formas que debió revestir este fenómeno a través de la historia,

limitémonos a decir que donde hay asociación en la lucha y sentimientos

de solidaridad social, algunos sujetos astutos simulan estar enfermos

para explotar esos sentimientos.

En un epigrama de Marcial encontramos la historia picaresca de Celio,

que simulaba estar enfermo de gota para no cumplir ciertas obligaciones

de la vida cortesana; pero con tan mala suerte que a fuerza de fingir

la enfermedad acabó por contraerla de veras. Apiano cuenta de un tal

que para esquivar persecuciones se fingía ciego, no sospechando que al

quitarse el emplasto se encontraría realmente privado de la vista; y

Plinio, para probar la fuerza de la imaginación, refiere de un sujeto

que soñó estar ciego y despertó privado de la vista. No son raros los

hechos de este género; Montaigne, en sus ensayos (Libro II, Cap. XXV),

aconsejó "de ne contrefaire le malade", por ser peligroso para el

simulador.

Es seguro que en ciertas épocas de mayor relajación moral se ha

difundido extraordinariamente la costumbre de simular enfermedades.

Casos hay de ella en la mitología y Ulises se valió muchas veces de

este recurso para salir de aprietos. En la edad media esta clase

de superchería llegó a ser epidémica; bástenos recordar la famosa

"Cour des Miracles", donde se reunían todos los mendigos, pícaros y

trapizondistas del viejo París. La novela picaresca española es una

verdadera enciclopedia de simulaciones y difícil es encontrar un sólo

relato en que no aparezca un falso mendigo que simule enfermedades para

explotar la credulidad del prójimo.

Son muchísimos, sin duda, los acontecimientos históricos de importancia

en que la simulación por parte de altos personajes juega un papel

principal; Boisseau indica varios; otros son recordados en el

diccionario de medicina de Dechambre y algunos en los demás autores.

Pero no es nuestra tarea repetir sus datos ni investigar otros nuevos;

Ésa es obra paciente de cronistas.

Sólo agregaremos que la disimulación de las enfermedades responde

siempre al propósito general de todas las simulaciones: el fin es

adaptarse en el sentido de las menores resistencias. La simulación

de la enfermedad es, precisamente, una disimulación de la salud, y

viceversa. Simúlase la enfermedad cuando ella ofrece ventaja sobre

la salud; se simula ésta cuando la enfermedad coloca al sujeto en

condiciones desfavorables que conviene ocultar.

La simulación en la lucha por la vida · 第 45 / 56 题