NOTAS:

[4] Carlos Alfredo Becú en su estudio sobre "La moral de la Lucha por

la Vida", observa que imitar y simular son condiciones de éxito en la

lucha por la mejor adaptación a la vida social.

"Si fuera necesario desarrollar aún más esos principios de ética

social, llegaríamos a preconizar, no sólo la necesidad de evitar las

divergencias, sino la obligación moral positiva de identificarnos, en

absoluto, con el medio social. En otras palabras, abdicar de nuestra

personalidad, pues su acción podría obstaculizar nuestro triunfo en

la lucha. Es lo que se llama _habilidad_ en la vida, englobando en

esta palabra un grupo de procedimientos encaminados a templarnos al

unísono de nuestros conciudadanos. Es, en resumen, erigir en principio

de moral social la supresión de nuestras individualidades, ahogadas en

la necesidad de imitar a los demás o simular sus caracteres. Es este

un principio darwiniano, cuya excelencia, considerándolo como la mejor

templada de las armas para la lucha por la vida, puede ser demostrada

también con argumentos darwinianos. Es, en efecto, la reproducción

dentro de las sociedades humanas, de una curiosa forma de adaptación

al medio estudiada en ciertos insectos por Alfred Russell Wallace, el

co-creador de la doctrina de Darwin, naufragado luego en un pantano

espiritualista. Llamóle _mimicry_, que se traduce _mimetismo_, y

consiste en una adaptación tan perfecta del animal al medio, que no

sólo ha conseguido organizar su fisiología para la vida en cierto

ambiente, sino que ha copiado con pasmosa fidelidad, su forma, tamaño,

coloración, etc. De esta manera, el insecto, que vive entre hojas

verdes o ramitas secas, consigue parecerse tanto a una hoja o a una

ramita, que pasa desapercibido entre ellas, y se libra así de sus

enemigos; es, como vemos, un excelente medio de luchar por la vida. Un

ejemplo criollo de mimetismo es el _mamboretá_, lindo bichito vinculado

a ciertas agradables reminiscencias infantiles. Es una verdadera hoja

de gramilla tierna, y se necesita toda la perspicacia de un muchacho

travieso para descubrirlo, cuando, estirando sus patas largas y

delgadísimas, se desliza entre las matas de pasto."

Un hombre-mamboretá es el ejemplar más perfecto de la especie, en

cuanto a sus aptitudes para la lucha por la vida; a esta conclusión

nos lleva una ordenada lógica, partiendo de la doctrina darwiniana.

Es, como vemos, un concepto radicalmente distinto del usual en los

malos comentadores del pensador inglés, y especialmente, de quienes han

intentado edificar sociologías rengas sobre sus principios biológicos.

Sería acaso inútil confirmar con ejemplos la teoría anterior. Basta

recordar que la imitación es, según Tarde, la más enérgica de las

fuerzas sociales; y esta simple mención del sociólogo francés, me

evita la ingrata labor de diluir pensamientos ajenos para confirmar

lo propio. Y si de la imitación pasamos al verdadero mimetismo,

considerado como medio de lucha por la existencia, los ejemplos

no serán menos frecuentes. Son repeticiones de ideas o doctrinas,

declaraciones, frases e interjecciones, o bien, en una situación más

evidente, copias de insignias, prendas de indumentaria. Recuérdese

la importancia de sacar cruces y otros emblemas durante ciertas

persecuciones religiosas, o chalecos colorados bajo el gobierno de don

Juan Manuel de Rozas. Estos últimos casos de mimetismo, en nada se

diferencian del estudiado por Wallace.

"Pero sin recurrir a ejemplos que pueden considerarse excepcionales,

bastará un examen imparcial y sensato, aunque somero, para convencernos

de que la organización social contemporánea impone ese mimetismo como

norma de moral colectiva, y como condición para vivir en sociedad.

Recuérdese lo dicho anteriormente sobre la habilidad en la vida.

"La imitación y la simulación representan, pues, en la sociedad, la

forma usual de la adaptación; y a este último concepto se reduce, como

hemos visto, la idea darwiniana de la lucha por la vida". (_Archivos de

Psiquiatría y Criminología_, Buenos Aires, Septiembre, 1903.)--(Nota de

la 3.ª edición).

[5] "La organización del carácter, su desarrollo y su fijación,

producen ciertas formas psicológicas completamente análogas a los

fenómenos del mimetismo estudiados por los naturalistas. El carácter

asume, en ellas, apariencias engañadoras que disimulan su verdadera

naturaleza, y la confusión así determinada tórnase, en principio, en

beneficio del individuo o de la sociedad, no de ambos. El hombre suele

tener interés en disimular su carácter. Simula entonces voluntaria y

conscientemente, o por el contrario, instintivamente, cualidades o

defectos que en realidad no posee o posee débilmente.

"Algunas de estas simulaciones se observan corrientemente. Las más

voluntarias, y por eso mismo accidentales, no constituyen un sistema

constante. Sábese, de ha tiempo, que a los perezosos gusta asumir

actitudes provocativas, para ocultar su escasa bravura y evitar

que los demás procuren comprobarla. Esto es ya semi-voluntario y

semi-instintivo, pudiendo manifestarse continuamente o producirse por

casualidad...".

"La simulación preséntase bajo dos formas principales, simétricamente

opuestas. En la primera, mediante una fuerte inhibición, compénsase una

tendencia exuberante que podría ser peligrosa, dejando ver solamente

los rasgos opuestos a la tendencia que se desea ocultar. En la segunda,

en cambio, simúlase activamente una tendencia que en realidad no

existe. Hay, principalmente, disimulación en la primera forma, y

simulación en la segunda; en esto no hay nada absoluto. La disimulación

simula la cualidad opuesta a la que se oculta y la simulación disimula

la cualidad opuesta a aquélla cuyos síntomas se ponen en evidencia". F.

Paulhan, "La simulation dans le caractère", en _Revue Philosophique_,

Diciembre 1902 y Mayo 1903. (Nota de la 3.ª ed.).

[6] Merecen especial mención dos artículos de Paulhan, aparecidos

en la "Revue Philosophique". En el primero estudia la disimulación

de los sentimientos afectivos (_el falso impasible_), en el segundo

la simulación de los mismos (_el falso sensible_); en ambos casos

el simulador procede movido por un propósito netamente utilitario,

procurando adaptarse al sentimiento social del medio en que vive. Ambos

estudios son de una concepción y una claridad casi perfectas.--(Nota de

la 3.ª edición).

[7] Ramos Mejía ha estudiado particularmente _Los Simuladores del

talento_, en un interesante libro de proyecciones políticas.

"Estos hombres mediocres e inútiles que son la expresión humana

de aquella animalidad defensiva, tienen en su espíritu, como los

paralíticos y los mudos en su cerebro, _suplencias_ de extraordinaria

aplicación, el don de espera del batracio oportunista, las

transmutaciones de la forma, el uso del color, las actitudes, las

complicadas comedias de todo lo que hiere el sentido alerta de sus

enemigos. Todo ello no les sirve para agredir, sin embargo, porque la

iniciativa es propiedad del talento como la fecundidad de la vida; pero

se defienden con armas cuyo uso y mecanismo ignora aquél, porque es

inocente y sin malicia frecuentemente...".

"Ciertas aptitudes dispersas que por una educación progresiva han

llegado a un desarrollo considerable, establecen por el uso la

corrección falaz de un funcionamiento complicado, alcanzando a

constituir verdaderos _aparatos mentales_, que invitados al movimiento

por cualquier remoto peligro, entran en acción con la regularidad de un

mecanismo registrador. Tales aparatos están generalmente constituidos

por grandes o pequeñas disposiciones para la simulación: _aptitudes y

actitudes_, ambas combinadas, porque en el fondo no hay otra cosa que

histrionismo desvergonzado".

"Tienen en el espíritu todos los elementos de la ilusión y un

dispositivo teatral por medio del cual, combinando simples _manchas_,

dan en el lienzo la sensación completa de cosas que a la distancia

resultan acabadas; con la escoba sugieren la sensación de un hombre,

con un diario una bandera, con el bastón un cetro y si el público tiene

cierta disposición, que las precauciones y el interés de otros han

suscitado, resultan: estigma de la gloria las erupciones, cicatrices

los traumatismos y rastro de la vigilia estudiosa las ojeras libertinas

de la mala noche...".

"En la esgrima de estas aptitudes de protección, _el defensivo_ suele

tener golpes de éxito que le equiparan al genio; porque llegar a la

cumbre sin talento, ilustración, virtudes domésticas elementales,

siquiera, es, sin duda, poseer un género singular de superioridad. ¿No

lo tiene, acaso, el que por medio del silencio recamado con la falsa

pedrería de los gestos, de los monosílabos y exclamaciones, mantiene

por largo tiempo la sensación de su misteriosa existencia? Hay un arte,

casi estoy por decir que es una ciencia, que enseña a vislumbrar los

provechos del silencio y revela el secreto de sus usos, educando la

perseverancia y el dominio tan útil sobre la fisonomía y los nervios.

Poseerlo es una de las características más humanas de la protección.

¡Cuántas cosas no teje detrás de él la imaginación popular! Pero ¡ay!

de él, el día en que _el defensivo_, a fuerza de tironeársela, pierde

en un instante de desequilibrio la preciosa virginidad de la lengua,

entregándose a un verdadero _libertinaje_ verbal que le arranca

violentamente de aquel olimpo prestigioso de la sombra...".

"No es menos defensiva, en muchos casos, la misma oratoria, cuando

como ese silencio fructífero, se emplea para ocultar pobrezas mentales

vergonzantes. Ese orador verboso, pero estéril, de todos tan conocido,

es el tipo del _defensivo superior_, mezcla curiosa de tintorero

astigmate, por la abundancia de colores chillones que maneja; de

pirotécnico, por el ruido inútil que produce; de cómico, por el

gesto abusivo, la _pose_ sugerente, el ademán de atleta y de augur

confundidos fraternalmente, con que sugiere la sensación de plenitud,

en el vacío. Nadie, como él, más feliz, cuando despliega sus abundantes

trapos de serpentina, dominando la atención de la simplicidad de

espíritu, con aquella verbosidad venturosa que pone láminas a su inútil

facundia. Es el espíritu más consumado de prestidigitación psicológica,

el mentiroso emotivo por excelencia. Su charla no es jamás vehículo de

ideas, o si a las veces existe alguna, lo que parece bien raro, es sólo

en un estado tal de dilución, que no sería posible pescarla en aquel

mar de papelillos multicolores. Algunos, más alados que otros, suelen

en ocasiones suspenderse un poco más arriba de la tierra, porque con

la maravillosa inflexión de la voz y algunas otras raras cualidades

puramente externas, o encantan el oído o sorprenden la sensibilidad

tocándola con mansedumbre. Por ese medio acaban por dominar el

corrillo, desterrar el aburrimiento de la expectativa y conquistar

el prestigio de la atención en los cerebros dóciles al engaño. Su

habilidad protectiva, está principalmente en detenerse cuando ya

asoma dentro de su incoercible verborragia la vaga silueta de aquel

delicioso _macaneador_, cuyo espíritu, tan ingenuamente expansivo, vela

siempre experto dentro del alma del orador. Hay que reconocer, con

todo, que tiene la facultad de hacerse oir siempre en los más graves

problemas, por la audacia en el abordaje, la felicidad envidiable en

la cita y aquella rara habilidad con que pone al servicio de todas las

inteligencias la chispeante vulgarización de las arduas cuestiones".

"Deben tener, y la tienen sin duda, una función prevista todos estos

_defensivos inferiores_ que en ocasiones flotan tan arriba, subsisten y

se mantienen por raras virtudes de organización animal hasta por encima

del talento excelso y de los verdaderos méritos. En tan complicada

dinámica, ¿no habrá alguna ley de equilibrio que reclame su menudo

concurso como en las trascendentales de la vida la tiene el gusano y

el molusco, que transforman la naturaleza de los terrenos y alteran el

curso de los ríos por simple acumulación? Ya que no pueden sacar de

sí mismos la fuerza que necesitan, se injertan otra alma, suerte de

autoplastia moral que les permite usar una postiza y hacer alarde de la

abundancia falaz que transitoriamente los redime de su inferioridad...".

La tesis de este libro es paradojal; es necesario poseer talento

verdadero para efectuar con éxito semejante simulación del

talento.--_Los Simuladores del talento_, Buenos Aires, 1904. (Nota de

la 3.ª ed.).

[8] Como complemento lógico de su paradojal estudio sobre los

_simuladores del talento_, examina Ramos Mejía a los _disimuladores del

talento_; esta disimulación es un hecho posible, aunque no frecuente.

"Así como hay quien simule el talento para vivir y triunfar en la lucha

por la vida, así hay también quien, con el mismo fin, lo disimula; de

manera que, frente al grupo numeroso de los simuladores está el de los

disimuladores.

"La disimulación es una función tan defensiva como la otra que le

hace _pendant_. Difieren ambas en que aquélla tiene un carácter de

mayor pasividad y es menos dramática en sus procedimientos. Y, sin

embargo, es más fácil _disimular_ que _simular_, porque el disimulo,

que no tiene el poder sugerente de la mímica y del ruido, se presta

más fácilmente al análisis y al examen de la curiosidad que a menudo

fracasa frente a la deslumbrante movilidad de ésta. La impenetrable

quietud del disimulador ofrece un procedimiento menos rico de recursos

y de engaños que la inquieta variabilidad del simulador.

"El reducido despliegue de sus aptitudes defensivas, se limita

generalmente a _achicarse_, a reducir la superficie de agresión para

ofrecer menos flancos al ataque y pasar más fácilmente desapercibido.

Posee un dominio genial sobre las funciones de relación, la fisonomía

y la emotividad, de manera que ningún agente de perturbación sensitiva

pueda tomar de sorpresa a la más inquieta fibra muscular o al más

humilde de los cilindros nerviosos que conduce impresión o movimiento.

La oclusión completa de todos los canales de exteriorización, para que

todas las funciones circulatorias de la sensación se hagan debajo de la

superficie tegumentaria, constituye algunas de las tantas ruedas del

aparato destinado a imitar la muerte y el silencio, la indiferencia y

la insensibilidad más completa, a los fines de ocultación provechosa"

_Loc. cit._--(Nota de la 3.ª edición).

[9] Dos psiquiatras italianos, Penta y Del Greco, partiendo de la

observación de los simuladores patológicos, y especialmente de

los simuladores de la locura, se inclinan a ver en la simulación

un carácter psicológico inferior, un estigma degenerativo. Todo

lo expuesto en el presente volumen demuestra que es una de tantas

formas de adaptación a las condiciones de la lucha por la vida,

una manifestación de la astucia y del fraude, más evolucionada

que la brutalidad y la violencia, como instrumento de lucha y de

adaptación.--(Nota de la 3.ª edición).

=Cap. V.--Simulación de estados patológicos=

I. Su utilidad en la lucha por la vida.--II. Difusión de estas

simulaciones.--III. Objetivo uniforme de sus diversas formas

médico legales.--IV. Principales aspectos clínicos: eludir el

servicio militar, explotación de la beneficencia, simulación de la

locura.--V. Enfermedades que pueden simularse.--VI. Simulación de

la salud (enfermedades disimuladas).--VII. Conclusiones.

La simulación en la lucha por la vida · 第 43 / 56 题