IX.--LOS SIMULADORES PATOLÓGICOS

Quien haya frecuentado por algún tiempo una clínica de patología

mental, sabe cuán frecuente es la tendencia mórbida a la simulación,

a veces subconsciente o automática. Krafft-Ebing ha señalado los

trastornos de la fantasía, determinados en los locos por asociaciones

mentales mórbidas, llevándolos tan pronto a la mentira como a la

simulación. Hemos visto docenas de enfermos que han fingido síntomas

aislados o cuadros clínicos completos, ora con el propósito de

interesar al médico por su salud, ora engañándole sin un propósito

especial bien definido. Fuera de los consultorios y de las salas de

hospital, el hecho se presenta a los médicos con igual frecuencia,

aunque bajo aspectos muy variables. En numerosos desequilibrados y

anormales suele existir una marcadísima tendencia a la simulación,

que se manifiesta en cualquier circunstancia, de manera irresistible

para el simulador, como si el hábito mismo la convirtiera en

un fenómeno automático. Estos sujetos son los que llamamos

_simuladores-patológicos_.

El contralor de la conducta está en ellos perturbado por una anomalía

del funcionamiento mental; resulta de ello una pérdida del "sentido

de la adaptación al medio", de que el sujeto tiene conciencia o

subconciencia, procurando compensarla mediante simulaciones complicadas.

En algunos de estos sujetos la simulación es un resultado directo de

la anormalidad mental: son los psicópatas. En otros es un producto

indirecto, pues el desequilibrio psíquico exagera la sugestibilidad

del individuo y lo predispone a simular bajo la influencia de otros

sujetos: son los sugestionados.

* * * * *

1.º. La tendencia a la simulación en los degenerados, no escapó

a la aguda perspicacia de Morselli. "La falsedad del carácter es

también anomalía frecuente en los degenerados; ofrecen una tendencia

irresistible a mentir, a fingir, a disimular, a calumniar. Muchos se

tejen una vida de embustes, y no siempre porque ello les convenga.

Típico del desequilibrio del carácter es afirmar distraídamente una

cosa, un hecho, sin reparar en las consecuencias de la afirmación;

después se la sostiene con el empecinamiento habitual en los

espíritus pequeños, hasta que, a fuerza de repetirla, transfórmase

por autosugestión en una creencia sincera (falsificación de los

recuerdos, ilusiones de la memoria)". Aquí reside el origen de la

simulación inconsciente que se observa en tantos degenerados, llegando

al colmo en los histéricos. Y definiendo algunas modificaciones del

carácter de los alienados, debidas a la exageración de los sentimientos

egotistas, dice: "carácter _falso_ (astucia, complacencia en la mentira

y fecundidad de invención para calumniar, propias de la histérica,

del querulante, del loco razonante; mendacidad desvergonzada del

alcoholista, el morfinómano, el ebefrénico masturbador; obsequiosidad

hipócrita del epiléptico; picardía y tenaz premeditación de todos

los alienados movidos por alguna idea impulsiva a cometer actos

perjudiciales o criminosos, por ejemplo, el incendio o el suicidio;

disimulación del paranoico delirante y alucinado; etcétera)".

No repetiremos las exageraciones tocantes a las relaciones entre la

histeria y la simulación; los trabajos de clínicos distinguidos,

principalmente de Gilles de la Tourette y Pierre Janet, han demostrado

que muchos de los fenómenos que se creían simulados son esencialmente

patológicos, ajenos a la voluntad del sujeto, debidos a fenómenos de

subconciencia, automatismo, restricciones del campo de la conciencia,

etcétera.

En este grupo se observan dos formas clínicas diversas. En un caso la

enfermedad determina una tendencia mórbida a la simulación consciente;

en el otro la enfermedad, mediante torcidos procesos psicológicos,

arrastra al enfermo a simular inconscientemente. La anormalidad

mental suele impedir una apreciación exacta de las condiciones en

que se presenta la lucha por la vida; además, como observa Morselli,

las mentiras y las simulaciones voluntarias, "frecuentísimas en los

alienados, los degenerados y las histéricas, reiterándose, pueden

terminar por ser creídas sinceramente": la mendacidad y la simulación

tórnanse, con el tiempo, involuntarias.

Caben en este grupo algunos tipos intermedios entre la salud y la

locura, ya recordados. Estos individuos, por su deficiencia mental,

no consiguen armonizar su conducta con el medio en que viven; esa

inadaptación real los induce a colocarse en terreno falso, simulando

adaptaciones ficticias, creyendo que ellas facilitarán una lucha

que no aciertan a plantear en condiciones normales. Otras veces la

simulación es producida por la morbosidad psíquica y no tiene ningún

propósito--real ni ilusorio--de lucha o adaptación.

Un caso extraordinario, clásico en la historia de la neuropatología, es

el referido por Gilles de la Tourette, relativo a la célebre Sor Juana

de los Ángeles. Aquella histérica creía ser poseída a menudo por un

sujeto que la violaba vigorosamente, en complicidad con diablos y otros

seres sobrenaturales; afirmó encontrarse en cinta, y como no faltaron

algunos de los signos físicos de su embarazo simulado, el inocente

sujeto que ella acusaba como autor de sus alucinaciones fué condenado.

Conocemos un caso singular de simulación en una histérica ansiosa

de tener prole. A fuerza de desearlo, comenzó su abdomen a aumentar

lentamente de volumen y se suprimieron ciertas funciones periódicas de

su organismo. Consultó a varios médicos que no atinaban a complacer

su pretensión de ser madre; hubo uno, por fin, más inepto o más

complaciente, que le diagnosticó embarazo extrauterino, indicándole

el nombre de un distinguido cirujano a fin de hacerse operar. Éste,

sugestionado por el diagnóstico de su colega, encontró en realidad

algunos síntomas de probabilidad, creyendo por autosugestión encontrar

otros de certeza, sugestión contagiada a uno de sus practicantes que

creyó "oir" latidos donde simplemente los sospechaba el otro. Se

procedió a operar a la enferma y se encontró "peritonismo histérico",

es decir, hinchazón producida por gases. La simuladora había

transformado en convicción obsesiva su deseo de maternidad; las únicas

víctimas fueron el operador y el agregado que "oyó los latidos".

Otro caso de neurópata simulador merece, por lo extraordinario,

recordarse en pocas líneas. Se trata de un original literato, enfermo

de neurastenia cerebral, con impulsos ambulatorios conscientes pero

irresistibles; un caso de aquéllos que frecuentemente llegaban a la

clínica de Charcot: sujetos que viajaban al azar, sin objetivo y sin

rumbo, repitiendo en la vida real la leyenda de Ashavero. Este enfermo

posee en grado sobresaliente varios caracteres psicológicos; sobre

fondo enteramente psicopático es genialoide, simulador, mentiroso y

generoso; todo en grado característico. Ha simulado los hechos más

inverosímiles, sin tener en ello la menor utilidad, ni siquiera el

deseo de ser creído. En un caso le vimos convertirse en cerebro y brazo

de una terrible asociación secreta, cuyo nombre envidiárale cualquier

delirante sistematizado: "Liga Americana de la Democracia pura";

consiguió iniciar a varios jóvenes en los misterios de la sociedad,

consagrándolos reformadores sociales y profetas del americanismo.

Sabiendo que sus viajes son el resultado de impulsos irresistibles

de duración variable, llegó a simular que respondían al propósito de

ejecutar misiones de la asociación creada por su fantasía. Realizó

otras curiosas simulaciones, hostigado por sus anomalías mentales. Para

eludir el modesto compromiso de un banquete ofrecido a varios amigos,

simuló haber muerto, haciendo distribuir las esquelas de invitación a

sus exequias fúnebres. Otra vez simuló intenciones homicidas contra un

joven colombiano, cobohemio suyo; recorría las calles de Buenos Aires,

anunciando a voz en cuello que le asesinaría; pero, al encontrarle,

todo terminó en un caluroso abrazo de cofrade. Simuló diversos viajes

a Montevideo, con el propósito imaginario de reñir con otro joven,

desequilibrado como él, que había plagiado algunos de sus escritos;

pero jamás realizó sus viajes, limitándose a no salir de su habitación

por todo el tiempo que simulaba estar ausente. Por fin, ha simulado

numerosos hurtos con el propósito de verse enredado en montepinescas

aventuras policiales y, según nos ha manifestado, para estudiar el

ambiente carcelario y la psicología de los delincuentes que--nuevo

Dostoiewsky--deseaba utilizar como material para una novela naturalista.

Es un _simulador-mentiroso_, mixto, caso típico de los que Delbrück

llama "pseudología fantástica", estudiados también por Koeppen y

Kraepelin.

En la parte especial de esta obra ("La simulación de la locura")

estudiamos con minuciosidad la psicología de los delincuentes en

sus relaciones con la tendencia y la aptitud para simular, así

como el estado mental de los simuladores de la locura, punto asaz

controvertido, especialmente por los psiquiatras y criminologistas

italianos; algunos de ellos--creyendo que puede ser un argumento en

favor de las teorías de la Escuela--pretenden que la simulación de

la locura es una característica del delincuente nato, opinión que no

compartimos.

Es harto conocida la importancia que tienen en medicina legal las

simulaciones de los neurópatas en general y particularmente de los

histéricos. Para eludir cuestiones incidentales suprimimos cualquier

consideración al respecto[9].

* * * * *

2.º. La vida en sociedad es intrincada red de sugestiones de toda

índole. Se extiende desde la útil sugestión del maestro sobre el

alumno, hasta la perniciosa de un condiscípulo perverso; desde la

caricia bondadosamente sugestiva de la madre hasta el cáliz de

voluptuosidad en que las biltroteras ofrecen tentadores refinamientos;

desde el ejemplo educador del laboratorio hasta el veneno de una

amistad perniciosa. Todo en la vida es fuente de sugestiones que pueden

llevar al mal como al bien: se transforman, se adaptan a las exigencias

de cada edad, de cada profesión, de cada temperamento, de cada ambiente.

En ese vaivén de sugestiones es lógico ver germinar un tipo

frecuentemente observable; bajo la influencia de sugestiones diversas

algunos individuos son arrastrados a hacer de la simulación un hábito

irresistible.

Si la sugestión es fuerza omnipotente--pues así como arrastra al delito

a un degenerado mental, lleva al heroísmo a un entusiasta y al martirio

a un místico--lógico es que en circunstancias especiales induzca a la

simulación, o encamine en este sentido las tendencias de un sujeto ya

predispuesto al fraude.

En la psicología de este tipo suelen combinarse diversos caracteres

convergentes, aunque derivados de grupos diversos; se suman la

credulidad, el misticismo y el estetismo, mezclados con la vanidad, el

exhibicionismo y la mentira. Algunas veces se descubre una simulación

de audaces perversidades en sujetos ingenuos, inocentes; así en un

literato inteligente, pero degenerado, comprobamos detrás de una

irresistible tendencia al erotismo simulado, la castidad y el onanismo.

El _simulador-sugestionado_ lo es de segunda mano. El impulso para

simular le viene de otros individuos. En psicología colectiva se sabe

que la sugestión de la masa sobre el individuo puede arrastrarle a

simular cosas que en realidad no ha hecho ni es capaz de hacer; en

una reunión de huelguistas la sugestión del ambiente era tan grande

que muchos entusiastas simulaban haber apaleado a obreros que no se

adherían a la huelga; uno de ellos, incapaz de ninguna acción mala,

simuló lesiones que dijo recibir en la refriega con el apaleado,

imitando, sin saberlo, el clásico ejemplo de Pisistrato. Más tarde se

asombraba de la sugestión del medio, que le había inducido a simular la

realización de actos contrarios a sus sentimientos.

Otras veces la sugestión es individual e indirecta. Conocemos un

colega, sugestionado por otro, que para ser estimado y respetado

cree debe parecérsele; simula su manera de hablar y sus gestos, y,

por hábito, lo hace ya inconscientemente, con pleno automatismo. De

sugestión indirecta nos dan abundante ejemplo los _snobs_, que simulan

los gustos e ideas que están de moda. Entre los literatos novicios

es frecuente encontrar sujetos que simulan poseer malas cualidades,

creyéndolas verdaderas en los fisgones por quienes están sugestionados;

el _snob_ literario suele fingir todo lo que cree verdadero en sus

modelos.

Un joven literato, sugestionado por los decadentes franceses, creyóse

obligado a simular los refinamientos y vicios fingidos por éstos,

conceptuándolos verdaderos. Simulaba ser maricón, haschichista,

morfinómano y alcoholista; vestía trajes raros; trasnochaba en los

cafés, simulando estar ebrio, aunque sentía repulsión orgánica por

las bebidas alcohólicas. Simuló estar enamorado de una joven que

decía víctima de la lujuria infamante de su propio padre; de esta

simulación le nació la ocurrencia de simular un suicidio, después de

haber simulado un pretendido envenenamiento de su supuesto suegro y

confesarse arrepentido de ello. Todo era producto de sus pueriles

sugestiones, fruto de las fisgas de los estetas y superhombres cuyas

obras leía con predilección y bajo cuya influencia vivía.

Agregaremos que es común observar la autosugestión en muchos

simuladores, que al fin realizan con sinceridad sus simulaciones.

Igual fenómeno ocurre con los otros fraudulentos: algunos mentirosos

acaban por creer sus propios embustes y muchos imitadores se convencen

fácilmente de su originalidad. Por otra parte, conviene reconocer que

muchas veces hay un fondo sincero en lo que se simula: el solo hecho de

querer fingir algo significa que el individuo estima o desearía poseer

la cualidad simulada.

La simulación en la lucha por la vida · 第 41 / 56 题