VIII.--LOS SIMULADORES POR TEMPERAMENTO

Hemos dicho que existen dos grupos de factores esenciales. Los

mesológicos, propios del ambiente, producen el simulador adquirido;

los orgánicos, propios del temperamento individual, caracterizan al

simulador congénito. Así como hay mentirosos, valientes, avaros,

ambiciosos, que lo son por temperamento y a pesar de todos los

obstáculos que el medio puede oponer a su peculiaridad psicológica, así

hay también simuladores-natos, en quienes predomina el factor orgánico

en la determinación de la tendencia a simular.

En los de este grupo puede no existir un propósito socialmente

utilitario; así como el mentiroso-nato miente para satisfacer un

impulso de su cerebro, como el pródigo-nato derrocha su fortuna sin

medir las desventajas que ello le reporta, como el delincuente-nato se

ensaña en la víctima por carecer de sentido moral y no porque en ello

tenga lucro, el simulador-nato simula desinteresadamente; la simulación

es el fin de su conducta y no un medio para obtener ventajas de otra

índole. En este sentido puede considerarse como un juego; y es sabido

que el valor biológico de este último consiste en que tiende siempre a

adoptar formas de actividad específicamente útiles para la mente y para

el cuerpo.

Todo lo dicho puede generalizarse a los disimuladores de esta misma

categoría. Estudiaremos aquí los tipos mejor caracterizados del grupo:

el _simulador fisgón_ y el _simulador refractario_.

* * * * *

1.º. Hemos conocido algunos simuladores fisgones. Sujetos mentalmente

superiores, hiperestésicos e hiperactivos a la vez, exuberantes de vida

y de alegría, su ocupación característica es deleitarse en "tomar el

pelo" a los tontivanos, haciendo un verdadero deporte de la _fisga_:

"burla que se hace de una persona, con arte, usando de palabras

irónicas o de acciones disimuladas", según la define el Diccionario

de la Academia. Esa forma de juego, a puro ingenio, suele llevarlos a

simulaciones extraordinarias, elevándolos de muchos codos sobre los

demás simuladores.

El _fisgón_, "que tiene por costumbre fisgar o hacer burla", según la

Academia, (la palabra francesa equivalente es _fumiste_) no simula

para adaptarse a las condiciones de lucha por la vida, sino por

tendencia natural, expresión, acaso, de simulaciones utilitarias de sus

antepasados, transmitidas hereditariamente como tendencia psicológica.

El objetivo del simulador fisgón está en la simulación misma y en el

placer intelectual que le reporta realizar su propósito. Es, a menudo,

un artista de la simulación: trabaja, apasionadamente, por amor a su

arte.

La base fisiológica de este tipo suele ser una exuberante salud

física, moral e intelectual; sin ella el organismo no tiene el exceso

de energías que el fisgón derrocha sin propósito útil, por simple

satisfacción de su temperamento. La risa, como fenómeno psicológico--no

como expresión mímica, que puede ser inconsciente y muequear sobre

el rostro de los idiotas--es un privilegio de la salud y de la

superioridad intelectual; entra abundantemente en la psicología de

este tipo. Diríanse escritas por un superhombre fisgón las palabras de

Nietzsche: "¡De esta corona de risa, de esta corona de rosas rientes

me he coronado; he proclamado sagrada mi risa!... Esta corona de risa,

esta corona de rosas rientes, a vosotros, hermanos, os la arrojo! ¡He

proclamado sagrada la risa. Hombres superiores: aprended, pues, a

reir!". (_Zarathustra_).

Su derroche de actividad prueba que el fisgón posee energías sobrantes

en la lucha por la vida. El hombre inferior limítase a economizar,

aprovechando útilmente lo que posee para no ser vencido; el juego

desinteresado es un derroche y revela superioridad.

Esta última condición le permite fisgarse de los individuos que,

no encontrándose en igual caso, luchan ineptamente por la vida. No

le guía el propósito malsano de perjudicar a las víctimas de la

simulación: sólo busca el deleite de precipitar a otros espíritus en

los despeñaderos de sus ficciones. Los candidatos para la práctica

de la fisga no son siempre el tonto y el ignorante; el éxito sobre

ellos no reportaría al fisgón grandes satisfacciones intelectuales.

Cuanto más ilustradas e inteligentes sean las víctimas, tanto mayor

es el éxito; el fisgón tiene, casi siempre, cierto orgullo de la

propia superioridad; eso, en ciertos casos, le hace cruel para con los

vanidosos y solemnes, que prefiere como víctimas de su fisga.

La psicología del simulador-fisgón es compleja; entran en su

composición el ironista, el pícaro y el impertinente. Pero todos esos

rasgos están convergiendo hacia el objetivo principal: la simulación.

Como casos clásicos de simuladores-fisgones son dignos de recordarse

los de "Lemice Terrieux" y "Leo Taxil", ambos franceses, que alcanzaron

renombre universal.

"Lemice Terrieux"--nombre que suena Le Mystérieux: el misterioso--es

un distinguido escritor francés, colaborador de revistas literarias

ultramodernas. Este fisgón simuló, durante muchos años, una serie de

inventos y sucesos que descansaban sobre un absurdo, disimulado siempre

tras apariencias lógicas; la prensa, las sociedades científicas y el

mismo gobierno les prestaron su atención, estudiándolos detenidamente.

Llegó, según refieren las crónicas, a engañar a la misma Academia de

Ciencias. Con motivo de un accidente ferroviario presentó una memoria

a la Academia exponiendo la manera de evitar los accidentes; esa

corporación científica la tomó en consideración, apercibiéndose después

que se trataba de una colosal simulación científica, la más absurda que

imaginarse pueda.

"Leo Taxil"--de pila: Gabriel Jogand Pagés--ha realizado el record de

la fisga. Durante doce años simuló ser ardiente católico, dedicándose

a combatir la Masonería. Inventó un Rito Paládico o culto de Satanás,

para combatirla; una querida suya, también fisgona, simuló ser gran

sacerdotisa del Paladismo, convertida por Taxil. La cosa llegó hasta

engañar al mismo papa León XIII, quien recibió en audiencia particular

al gran fisgón Taxil y mandó su apostólica bendición a la sacerdotisa

convertida. Por fin, el formidable fisgón, ante el público más selecto

de París, reunido en los salones de la Sociedad Geográfica, describió

personalmente todos los detalles de su memorable farsa, declarando que

la había organizado por puro placer y porque era "fumista" nato...

En Francia, parecen abundar los grandes simuladores fisgones. Entre

sus literatos contemporáneos son numerosísimos los que, aparte de sus

méritos literarios, poseen el talento de esta simulación. Mallarmé

tiene en sus libros páginas llenas de puntos suspensivos, que el lector

debe interpretar subjetivamente. Peladan simula ser gran sacerdote

de ritos que no existen y dice profesar el culto del androginismo.

D'Annunzio (italiano que ha sufrido contagios franceses) ha simulado,

en sus primeros libros, ser partidario del amor sororal y pueden

considerarse como simples ficciones los más de sus "refinamientos"

amorosos. Se comprende que el primero no ha creído que significaran

algo sus puntos suspensivos, ni el segundo aspiró a convertirse en

andrógino, ni el tercero amó a sus hermanas: son, simplemente, estetas

de la fisga. En verdad, Nordau ha incurrido en error interpretando como

signos degenerativos algunos hechos simulados, simple producto de una

fisga complicada de estetismo.

* * * * *

2.º. En la vida social desfilan sujetos inadaptados o inadaptables a

su ambiente; algunos son pasivos y quedan derrotados en la lucha;

otros reaccionan contra las condiciones del medio, convirtiéndose

frecuentemente en simuladores. Estos _simuladores refractarios_ son el

producto de importantes factores orgánicos, pero sólo se exteriorizan

bajo especiales influencias del medio.

En ellos la simulación no es, como en los fisgones, el fin de sí misma.

Lo que les lleva a simular es el deseo de disonar con su ambiente,

disgregando las ideas de los individuos entre quienes viven y luchan;

son sujetos cuya finalidad es negativa y cuya simulación suele serles

perjudicial.

Hacen el efecto de aquellos individuos que se disfrazan de fantasmas

para asustar a los demás, y acaban por recibir una bala enviada por

alguno de los que debían asustarse. Suelen considerar malo su ambiente,

al cual no saben o no pueden adaptarse. Sus actos son contradictorios

con los ajenos; pero no son espontáneos, sino simulados. Son

divergentes, intencionalmente dispuestos para hacer resaltar lo que

consideran malo, injusto o inútil en su medio.

En su compleja psicología se combinan elementos aparentemente

heterogéneos. Hay algo de místico, de orgulloso, de esteta y de

descortés, engarzado en el mosaico de la simulación. Ofrece este tipo

dos ramificaciones compuestas, con fisonomía propia, el _poseur_ y el

_épateur_. El primero es un refractario combinado con un vanidoso y un

esteta; el segundo resulta de la anastomosis del refractario con el

exhibicionista y el paradojal.

Es refractario el niño que en la escuela simula no poder aprender sus

lecciones, cuando ya las sabe, por espíritu de indisciplina y como

protesta contra las exigencias de un maestro inepto; la joven que

simula odiar un candidato a esposo, rico y joven, aunque en realidad lo

anhela; el creyente que simula ser ateo para enfrenar los excesos de

su familia compuesta de beatos; el sabio que se finge ignorante para

mortificar a un grupo de pedantes; el bueno que simula ser malo, para

protestar contra la hipocresía de los tartufos; etc., etc.

Hemos conocido un caso típico digno de recordarse: un joven estudiante

de ingeniería, de inteligencia clara e ilustración estimable, aunque

neurópata. El medio familiar y el ambiente social en que vivía no

eran de su agrado; los frenos domésticos y las conveniencias sociales

le torturaban insufriblemente. En esas condiciones leyó libros

anarquistas, encontrando exacta su parte negativa, la crítica de

las costumbres e instituciones sociales, aunque no se convenció de

la eficacia de la violencia para reformar la sociedad. No obstante

su disconformidad con las ideas del anarquismo, simuló pertenecer

a esa secta y, especialmente, a su grupo más exaltado: el de los

individualistas dinamiteros. Su objetivo era mostrar a los individuos

del medio en que vivía cuán absurdas eran sus mentiras convencionales.

A esta fundamental simulación del anarquismo agregó otras secundarias,

no menos curiosas. Así, por ejemplo, frente a la indiferencia de

los demás ante su anarquismo, orientó su conducta por un sendero de

simulación habitual; todos sus actos, uno por uno, eran lo inverso de

lo que en igualdad de circunstancias hubiera hecho otro individuo.

Vestía en pugna con la estética más elemental, pudiendo engalanarse con

rica indumentaria; vivió varios años en los más plebeyos conventillos;

simplificó sus comidas hasta desbordar los límites fisiológicos de

la nutrición mínima; en el orden moral simuló adoptar las doctrinas

de resistencia pasiva predicadas por Tolstoy, a fin de mostrar cuán

despreciables son los hombres violentos.

Entre sus simulaciones secundarias la más interesante fué la de su

propia temibilidad. Siendo el sujeto más inofensivo simulaba ser

peligroso, para que las autoridades se preocupasen de las doctrinas que

fingía profesar; hízose arrestar en un _meeting_ obrero, con el único

propósito de exhibir un enorme cuchillo al ser revisado por la policía;

de esa manera--pensaba--las autoridades y la burguesía, espantadas por

el anarquismo, procurarían corregir los males que minan la sociedad

contemporánea.

Este simulador desistió al fin de sus curiosas ficciones; dejó el

anarquismo, resignándose a distanciarse del medio social a cuyos

prejuicios e hipocresías no sabía adaptarse.

La simulación en la lucha por la vida · 第 40 / 56 题