VI.--CLASIFICACIÓN DE LOS SIMULADORES

"Es necesario resignarse a no conocerlo ni explicarlo todo, limitándose

a determinar lo que es posible conocer; es la única manera de saber

algo. Un análisis, una clasificación _psicológica_, he ahí lo que, por

ahora, consideramos posible. Sepamos contentarnos con eso, tanto más

que ello tiene su interés, su valor y su alcance. Lo mismo pensaron y

han intentado realizar los autores que más recientemente ocupáronse

de la cuestión del carácter. En el punto de vista psicológico se

han colocado todos, inclusive el mismo Fouillée". Estas palabras de

Malapert justifican la imposibilidad de ofrecer una clasificación

exacta de los simuladores característicos, según las causas

determinantes de su peculiar modalidad psicológica.

Los factores que se combinan para la determinación del carácter

son complejos; Levy ha particularizado sus investigaciones en la

dilucidación de este tópico. En general, encuéntranse dos tendencias;

la una atribuye mayor importancia a los factores congénitos, la otra

a los adquiridos; a la primera refiérense los autores que van desde

Schopenhauer hasta Sully y Ribot, mientras se plegan a la segunda desde

Rousseau y Mill hasta Payot y Sergi. A este último pertenece la teoría

de la "estratificación del carácter", que es, sin duda alguna, la mejor

y más sostenible de las expuestas por los partidarios de la influencia

del medio en la formación del carácter.

Indudablemente ambos factores tienen importancia: la herencia da

el impulso, la educación lo modifica. Existen caracteres de raza,

de nación y de sexo que nacen con el individuo e influyen sobre su

carácter, sin olvidar, también, la herencia psicológica de los

ascendientes inmediatos. El temperamento individual, expresión de

condiciones orgánicas determinadas, influye en la constitución del

carácter, como sostienen Fouillée y Manouvrier. Pero es innegable que

sobre ese fondo de predisposición congénita actúan nuevos factores

mesológicos, modificando la orientación del carácter e imprimiéndole

tendencias nuevas; negarlo equivaldría a desconocer toda influencia a

la educación y, en general, a la sugestión, que tiene tanta parte en la

psicología de todo miembro de un agregado social.

Existen, en suma, _dos grupos fundamentales_ de factores determinantes

en la psicología de los simuladores: los congénitos y los adquiridos.

Según predominen los unos o los otros, tendremos los _simuladores

natos_ y los _simuladores producidos por el medio_.

Los simuladores por predominio de tendencias congénitas se explican.

En general, encontramos en todo característico un hombre de carácter

o un anormal. Esto mismo se advierte en el simulador, combinado,

en una proporción que varía de lo mínimo a lo máximo, con factores

propios del ambiente. En favor de la existencia de este grupo abogan

dos argumentos definitivamente aceptados en ciencia. La doctrina

de la evolución ha establecido que los caracteres adquiridos por

los individuos de cualquier especie animal, pueden transmitirse a

sus descendientes si son ventajosos en la lucha. Y si, como venimos

demostrando, la simulación es un medio útil en la lucha, es lógico

admitir el carácter hereditario de la aptitud para la simulación. Los

caracteres psicológicos se heredan lo mismo que los morfológicos:

verdad indiscutida ya en psicología y cimentada por los excelentes

estudios de Ribot y otros.

El segundo grupo está determinado por la adaptación del individuo

a las influencias directas del medio en que vive. El ambiente, sin

duda, acentúa o determina aptitudes especiales en ciertos sujetos,

influencia facilitada por la predisposición mental de muchos de ellos,

cuya deficiente síntesis psicológica los predispone a exagerar una de

las facetas de su prisma en detrimento de las demás. Esa adaptación al

ambiente, determinada por las condiciones de éste, puede, como hemos

visto, transmitirse después por herencia.

Los individuos de los pueblos primitivos, cuya civilización es de

tipo violento, tienden menos a la simulación que los de pueblos cuya

civilización es de tipo fraudulento. En los primeros predominarán los

hombres como Alejandro o Nerón; en los segundos, Maquiavelo o Bismarck.

Pero después de distinguir esas dos grandes ramas, complícase toda

tentativa de clasificación; en general, las que se refieren a fenómenos

psicológicos o sociales no pueden tener la precisión realizable en

ciencias menos inexactas. Nos limitaremos, pues, a esbozar los tipos

especiales de simuladores que es posible distinguir y aislar, gracias a

su combinación con otros caracteres complementarios, reconociendo que

estos grupos podrán ser completados o corregidos cuando observaciones

mejores que las nuestras lo demuestren conveniente.

Concretando, puede afirmarse que los simuladores característicos llegan

a serlo bajo la influencia de tres órdenes de causas que provocan,

acentúan o extreman el pequeño coeficiente de simulación que todos

tenemos en nuestro carácter.

En primer lugar vemos algunos sujetos en quienes la simulación se

intensifica por efecto del medio social mismo, obedeciendo al

principio general que la determina: la utilidad en la lucha por la

vida; son los simuladores del tipo _mesológico_, cuyo carácter es

esencialmente utilitario. En otro grupo encontramos a los que simulan

por tendencia natural, fruto de misteriosa predisposición hereditaria;

los llamaremos simuladores _congénitos_. Por fin, en otros casos,

encontramos simuladores característicos cuyo carácter se organiza

sobre un terreno mórbido, constituyendo el grupo de los simuladores

_patológicos_.

Entre los primeros pueden distinguirse dos variedades principales: el

astuto y el servil; entre los segundos, el fisgón y el refractario;

entre los últimos, el psicópata y el sugestionado.

{ astutos

{ mesológicos {

{ { serviles

{

{ { fisgones

Simuladores { congénitos {

{ { refractarios

{

{ { psicópatas

{ patológicos {

{ sugestionados

[Ilustración]

Veamos las modalidades psicológicas de cada uno de estos complejos

caracteres, nacidos sobre el tronco común de los fraudulentos; los

pondremos en mayor relieve recordando casos típicos ilustrativos. Se

sobreentiende que los tipos esbozados serán característicos, es decir,

sujetos cuya tendencia a la simulación es acentuada. Además, los

caracteres humanos suelen ser _complejos_; veremos cuáles combinaciones

favorecen más la simulación.

Digamos dos palabras sobre los artistas dramáticos en sus relaciones

con el tema que estudiamos. Podría considerárseles como _simuladores

profesionales_, y, por ende, conferirles un sitio en el estudio de la

psicología de los simuladores. Pero en realidad, no hay simulación en

este caso; por un acuerdo previo entre el artista y su público, está

suprimido el objetivo de provocar una confusión entre el simulador y

el personaje cuyos caracteres el artista finge. Esta simulación es

convencional y sólo tiene finalidades estéticas, ajenas a todo engaño

utilitario. Esta forma profesional es educable; la carrera artística

es un perfeccionamiento educativo de la aptitud para simular. No

olvidemos, sin embargo, que en los artistas dramáticos es frecuente

la autosugestión del personaje; pero ésta es una deficiencia en arte

verdadero, pues el ideal del intérprete es conservar la autocrítica de

su rol, midiendo su palabra, su gesto y su emotividad. La autosugestión

facilita el desempeño de un papel y transmite más intensamente al

público la emoción del personaje interpretado; pero también expone a

yerros graves, por la pérdida del contralor propio en el momento en que

más se lo necesita.

Excluidos, pues, estos simuladores profesionales, entremos al análisis

de los grupos señalados.

La simulación en la lucha por la vida · 第 38 / 56 题