El hombre lucha por la vida adaptando su conducta a las condiciones
del ambiente en que se desenvuelve; la actividad mental le permite
discernir las ventajas o desventajas que un hecho o una cualidad
personal implican para el desenvolvimiento de la personalidad. La
conciencia de esas ventajas o desventajas hace que el individuo adapte
su carácter a las condiciones de lucha, simulando las cualidades que la
observación y la experiencia demuestran ventajosas, y disimulando las
perjudiciales.
Puesto que todos los hombres simulan y disimulan, ¿en cuáles
estudiaremos el carácter propio de los simuladores, sus diversas
manifestaciones, los factores determinantes de su peculiar modalidad
mental y la importancia extraordinaria que para algunos reviste en la
lucha por la vida?
Conviene distinguir el sujeto simulador, que lo es de manera habitual y
permanente, del sujeto que se ve precisado a simular accidentalmente,
sin que ello constituya una característica de su funcionamiento mental.
El primero posee el carácter simulador, psicológicamente considerado;
al segundo no puede llamársele simulador, aunque el azar le arrastre
a usar con provecho algunas simulaciones. De igual manera llámase
mentiroso al que miente por tendencia o por hábito, sin considerar tal
a quien miente alguna vez por circunstancias especiales; y decimos
tímido a quien lo es en todas ocasiones, sin llamar así a cuantos
pueden sufrir un acceso de timidez circunstancial. Buscaremos, pues,
los caracteres psicológicos propios del simulador _en los sujetos que,
por tendencia o por hábito, se valen preferentemente de la simulación
como medio astuto de adaptarse a las condiciones de la lucha por la
vida_.
Como sabemos, en sus manifestaciones voluntarias y conscientes, y en
muchas subconscientes e involuntarias, su resultado es proporcionar
al simulador una ventaja[5]. La forma normal de la simulación
es simplemente utilitaria, lo mismo que la forma normal de la
disimulación: el simulador saca provecho de las aptitudes que pone en
acción.
El estudio sintético de este carácter fué generalmente descuidado.
Teofrasto, en sus "Caracteres", traducidos y vivificados por La
Bruyère en su interesante traslado al medio político y social de su
época, esbozó algunas notas sobre la simulación en el carácter. Pero
los "caracteres éticos", no obstante admirar por la clarividencia de
la observación y por su estilo digno y elegante, no constituyen un
documento psicológico, tal como puede exigirlo el criterio moderno en
esta índole de observaciones.
El arte, rico de ejemplos para el estudio de cualquier tipo
psicológico, ha sacado partido del simulador, en sus diversas
modalidades. Sin detenernos en un análisis que para ser completo
llenaría por sí solo una monografía, recordaremos que uno de los tipos
más interesantes de Dickens, el Pechniff de su "Martín Chuzzlewit",
podría exhibirse como modelo en su género, ya por la fantasía que le
atribuyó su autor, como por la animación y realidad de su silueta
psicológica. Desde otro punto de vista, la simulación juega en el
arte un rol esencial, como producto imaginativo; en muchas obras
maestras del arte, todos los tipos son el simple fruto de una fantasía
exuberante servida por una perfecta posesión del idioma.
Entre los escritores científicos modernos, Pérez, Fouillée, Azam,
Paulhan, Levy, Ribot, Malapert, Ribery, Mantegazza, y otros que
estudiaron el carácter en general y sus tipos especiales, no aislan
el tipo general del fraudulento, o del astuto, ni especifican el tipo
del simulador. Sergi, estudiando las degeneraciones humanas, enuncia
diversos tipos, sin aludir al que estudiamos. Venturi, al esbozar
sus característicos _menores_, no menciona siquiera al simulador.
Se explica: el hipócrita, el mentiroso, el astuto, el simulador, se
entremezclan íntimamente y es difícil hacer distinciones que, por
sutiles, podrían parecer artificiosas. Pero ser hipócrita, mentiroso,
astuto o simulador no es lo mismo. Esos diversos tipos psicológicos
componen un grupo más general, el de los _fraudulentos_, donde todos
caben y se entrelazan, influyéndose recíprocamente, como hermanos de
una misma familia, como ramas de un mismo tronco.
_Simular_, hemos dicho, es adoptar los caracteres exteriores y visibles
de lo que se simula, a fin de confundirse con lo simulado. La mentira,
la hipocresía, la astucia, pueden asumir formas que impliquen la
simulación, pero no son siempre y necesariamente simulaciones.
Sin embargo, no siendo la mente humana un aparato simple, de efecto
único, sino un complejo de acciones y reacciones, rara vez podrá
aparecer un individuo--por muy "característico" que sea--cuya
personalidad tenga una sola manifestación.
Ribot considera la "unidad" del carácter como una de sus cualidades
indispensables, junto con la inneidad y la estabilidad; por ese motivo,
además de los amorfos, se ve obligado a excluir de los caracteres
a los instables, negando también la categoría de característicos a
los intelectuales, los voluntarios y los templados. Esa exageración
del valor de la "unidad" en el carácter humano es compartida por
otros psicólogos; a todos pudieran responder las siguientes palabras
de Tolstoy, en cuya "Resurrección" no escasean las observaciones
psicológicas perspicaces. "Uno de los prejuicios más arraigados y
difundidos consiste en creer que todo hombre posee exclusivamente
ciertas cualidades definidas, que es bueno o malo, inteligente o
bruto, enérgico o apático, y así sucesivamente. Podemos decir de un
hombre que es más a menudo enérgico que apático, e inversamente; pero
decir de un hombre, como suele hacerse, que es bueno o inteligente,
y de otro que es malo o bruto, es desconocer el verdadero carácter
de la naturaleza humana. Los hombres son como un río; aunque formado
siempre por agua, ora es ancho y ora estrecho, lento o rápido, tibio
o helado. Los hombres, también, llevan en sí el germen de todas las
cualidades humanas, y ora manifiestan una, ora otra, mostrándose a
menudo diferentes de sí mismos, es decir, distintos de lo que suelen
aparentar. Pero en ciertos hombres esos cambios son más raros y se
preparan con lentitud, mientras que en otros son más rápidos y se
suceden con mayor frecuencia". En los simuladores, lo mismo que en
los demás característicos, encuéntrase una cualidad predominante, no
excluyente; entre los elementos del carácter algunos se coordinan y
otros se subordinan, combinándose para determinar la resultante: por
eso veremos el tipo del simulador generalmente asociado con otros que
le imprimen fisonomía particular.
En general, pues, junto con la aptitud característica coexisten las
afines, u otras de índole diversa, que pueden no ser afines. Es
frecuentísimo, como observa Venturi, encontrar el tipo mixto del
envidioso-calumniador, del ambicioso-genial: cualidades afines;
también es posible ver pródigos-mentirosos, ladrones-altruístas,
ambiciosos-serviles: caracteres que no se excluyen, aun siendo el uno
útil y el otro perjudicial para la sociedad. Aunque les niega título de
caracteres, Ribot confirma su existencia; los tipos mixtos corresponden
o se aproximan a los que él llama "caracteres contradictorios
sucesivos", "caracteres contradictorios simultáneos" y "caracteres
instables y polimorfos".
Falsearía, en suma, nuestro pensamiento, quien entendiera que la
función característica es _única_ y _excluyente_; ella sólo implica la
intensificación, hasta ser _predominante_ sobre las demás que con ella
coexisten. Con ese criterio estudiamos la psicología de los simuladores.
Preguntad a cualquier médico quién fué Charcot; os contestará,
sin duda: un neurólogo. ¿Y acaso no habría podido ser, también,
afectuoso como padre, celoso como marido, curioso como observador,
pródigo o avaro, astuto o inocente, espontáneo o simulador, en las
mil manifestaciones de su vida? Pero él no ha existido, ni ha sido
"característico", sino como renovador de la patología nerviosa.
Del sacerdote Castro Rodríguez o del anarquista Ravachol, cualquiera
os dirá que fueron homicidas; nadie recordará que el primero era
hipócrita, avaro, mentiroso, ni que el segundo era ladrón, pródigo,
sectario. Fuera de su característica como homicidas, ellos no han
existido.
Al analizar, pues, los diversos tipos de simuladores, los encontraremos
complejos, combinados con otros caracteres afines o predisponentes.
Hay, en efecto caracteres psicológicos que guardan estrecho parentesco:
el mentiroso suele ser fantástico o vanidoso, el modesto suele ser
apático o ingenuo. De igual manera veremos que, siendo astuto o
servil, fisgón o no conformista, psicópata o sugestionable, se está
predispuesto a pertenecer al grupo de los simuladores característicos,
dando fisonomía propia a diversos tipos especiales.