V.--PREDOMINIO DE LA SIMULACIÓN EN LA PERSONALIDAD

El hombre lucha por la vida adaptando su conducta a las condiciones

del ambiente en que se desenvuelve; la actividad mental le permite

discernir las ventajas o desventajas que un hecho o una cualidad

personal implican para el desenvolvimiento de la personalidad. La

conciencia de esas ventajas o desventajas hace que el individuo adapte

su carácter a las condiciones de lucha, simulando las cualidades que la

observación y la experiencia demuestran ventajosas, y disimulando las

perjudiciales.

Puesto que todos los hombres simulan y disimulan, ¿en cuáles

estudiaremos el carácter propio de los simuladores, sus diversas

manifestaciones, los factores determinantes de su peculiar modalidad

mental y la importancia extraordinaria que para algunos reviste en la

lucha por la vida?

Conviene distinguir el sujeto simulador, que lo es de manera habitual y

permanente, del sujeto que se ve precisado a simular accidentalmente,

sin que ello constituya una característica de su funcionamiento mental.

El primero posee el carácter simulador, psicológicamente considerado;

al segundo no puede llamársele simulador, aunque el azar le arrastre

a usar con provecho algunas simulaciones. De igual manera llámase

mentiroso al que miente por tendencia o por hábito, sin considerar tal

a quien miente alguna vez por circunstancias especiales; y decimos

tímido a quien lo es en todas ocasiones, sin llamar así a cuantos

pueden sufrir un acceso de timidez circunstancial. Buscaremos, pues,

los caracteres psicológicos propios del simulador _en los sujetos que,

por tendencia o por hábito, se valen preferentemente de la simulación

como medio astuto de adaptarse a las condiciones de la lucha por la

vida_.

Como sabemos, en sus manifestaciones voluntarias y conscientes, y en

muchas subconscientes e involuntarias, su resultado es proporcionar

al simulador una ventaja[5]. La forma normal de la simulación

es simplemente utilitaria, lo mismo que la forma normal de la

disimulación: el simulador saca provecho de las aptitudes que pone en

acción.

El estudio sintético de este carácter fué generalmente descuidado.

Teofrasto, en sus "Caracteres", traducidos y vivificados por La

Bruyère en su interesante traslado al medio político y social de su

época, esbozó algunas notas sobre la simulación en el carácter. Pero

los "caracteres éticos", no obstante admirar por la clarividencia de

la observación y por su estilo digno y elegante, no constituyen un

documento psicológico, tal como puede exigirlo el criterio moderno en

esta índole de observaciones.

El arte, rico de ejemplos para el estudio de cualquier tipo

psicológico, ha sacado partido del simulador, en sus diversas

modalidades. Sin detenernos en un análisis que para ser completo

llenaría por sí solo una monografía, recordaremos que uno de los tipos

más interesantes de Dickens, el Pechniff de su "Martín Chuzzlewit",

podría exhibirse como modelo en su género, ya por la fantasía que le

atribuyó su autor, como por la animación y realidad de su silueta

psicológica. Desde otro punto de vista, la simulación juega en el

arte un rol esencial, como producto imaginativo; en muchas obras

maestras del arte, todos los tipos son el simple fruto de una fantasía

exuberante servida por una perfecta posesión del idioma.

Entre los escritores científicos modernos, Pérez, Fouillée, Azam,

Paulhan, Levy, Ribot, Malapert, Ribery, Mantegazza, y otros que

estudiaron el carácter en general y sus tipos especiales, no aislan

el tipo general del fraudulento, o del astuto, ni especifican el tipo

del simulador. Sergi, estudiando las degeneraciones humanas, enuncia

diversos tipos, sin aludir al que estudiamos. Venturi, al esbozar

sus característicos _menores_, no menciona siquiera al simulador.

Se explica: el hipócrita, el mentiroso, el astuto, el simulador, se

entremezclan íntimamente y es difícil hacer distinciones que, por

sutiles, podrían parecer artificiosas. Pero ser hipócrita, mentiroso,

astuto o simulador no es lo mismo. Esos diversos tipos psicológicos

componen un grupo más general, el de los _fraudulentos_, donde todos

caben y se entrelazan, influyéndose recíprocamente, como hermanos de

una misma familia, como ramas de un mismo tronco.

_Simular_, hemos dicho, es adoptar los caracteres exteriores y visibles

de lo que se simula, a fin de confundirse con lo simulado. La mentira,

la hipocresía, la astucia, pueden asumir formas que impliquen la

simulación, pero no son siempre y necesariamente simulaciones.

Sin embargo, no siendo la mente humana un aparato simple, de efecto

único, sino un complejo de acciones y reacciones, rara vez podrá

aparecer un individuo--por muy "característico" que sea--cuya

personalidad tenga una sola manifestación.

Ribot considera la "unidad" del carácter como una de sus cualidades

indispensables, junto con la inneidad y la estabilidad; por ese motivo,

además de los amorfos, se ve obligado a excluir de los caracteres

a los instables, negando también la categoría de característicos a

los intelectuales, los voluntarios y los templados. Esa exageración

del valor de la "unidad" en el carácter humano es compartida por

otros psicólogos; a todos pudieran responder las siguientes palabras

de Tolstoy, en cuya "Resurrección" no escasean las observaciones

psicológicas perspicaces. "Uno de los prejuicios más arraigados y

difundidos consiste en creer que todo hombre posee exclusivamente

ciertas cualidades definidas, que es bueno o malo, inteligente o

bruto, enérgico o apático, y así sucesivamente. Podemos decir de un

hombre que es más a menudo enérgico que apático, e inversamente; pero

decir de un hombre, como suele hacerse, que es bueno o inteligente,

y de otro que es malo o bruto, es desconocer el verdadero carácter

de la naturaleza humana. Los hombres son como un río; aunque formado

siempre por agua, ora es ancho y ora estrecho, lento o rápido, tibio

o helado. Los hombres, también, llevan en sí el germen de todas las

cualidades humanas, y ora manifiestan una, ora otra, mostrándose a

menudo diferentes de sí mismos, es decir, distintos de lo que suelen

aparentar. Pero en ciertos hombres esos cambios son más raros y se

preparan con lentitud, mientras que en otros son más rápidos y se

suceden con mayor frecuencia". En los simuladores, lo mismo que en

los demás característicos, encuéntrase una cualidad predominante, no

excluyente; entre los elementos del carácter algunos se coordinan y

otros se subordinan, combinándose para determinar la resultante: por

eso veremos el tipo del simulador generalmente asociado con otros que

le imprimen fisonomía particular.

En general, pues, junto con la aptitud característica coexisten las

afines, u otras de índole diversa, que pueden no ser afines. Es

frecuentísimo, como observa Venturi, encontrar el tipo mixto del

envidioso-calumniador, del ambicioso-genial: cualidades afines;

también es posible ver pródigos-mentirosos, ladrones-altruístas,

ambiciosos-serviles: caracteres que no se excluyen, aun siendo el uno

útil y el otro perjudicial para la sociedad. Aunque les niega título de

caracteres, Ribot confirma su existencia; los tipos mixtos corresponden

o se aproximan a los que él llama "caracteres contradictorios

sucesivos", "caracteres contradictorios simultáneos" y "caracteres

instables y polimorfos".

Falsearía, en suma, nuestro pensamiento, quien entendiera que la

función característica es _única_ y _excluyente_; ella sólo implica la

intensificación, hasta ser _predominante_ sobre las demás que con ella

coexisten. Con ese criterio estudiamos la psicología de los simuladores.

Preguntad a cualquier médico quién fué Charcot; os contestará,

sin duda: un neurólogo. ¿Y acaso no habría podido ser, también,

afectuoso como padre, celoso como marido, curioso como observador,

pródigo o avaro, astuto o inocente, espontáneo o simulador, en las

mil manifestaciones de su vida? Pero él no ha existido, ni ha sido

"característico", sino como renovador de la patología nerviosa.

Del sacerdote Castro Rodríguez o del anarquista Ravachol, cualquiera

os dirá que fueron homicidas; nadie recordará que el primero era

hipócrita, avaro, mentiroso, ni que el segundo era ladrón, pródigo,

sectario. Fuera de su característica como homicidas, ellos no han

existido.

Al analizar, pues, los diversos tipos de simuladores, los encontraremos

complejos, combinados con otros caracteres afines o predisponentes.

Hay, en efecto caracteres psicológicos que guardan estrecho parentesco:

el mentiroso suele ser fantástico o vanidoso, el modesto suele ser

apático o ingenuo. De igual manera veremos que, siendo astuto o

servil, fisgón o no conformista, psicópata o sugestionable, se está

predispuesto a pertenecer al grupo de los simuladores característicos,

dando fisonomía propia a diversos tipos especiales.

La simulación en la lucha por la vida · 第 37 / 56 题