IV.--LA SIMULACIÓN COMO ELEMENTO DEL CARÁCTER

Los medios que usan todos los hombres para luchar por la vida son

semejantes, variando su intensidad y la proporción de sus diversos

elementos. El hombre sin carácter se deja arrastrar por las

manifestaciones comunes de la actividad humana, sin tener un gesto o

una modalidad personal; el hombre de carácter, en cambio, desarrolla

aptitudes bien diferenciadas, procurando afirmar su personalidad en

la lucha, sin preocuparse de lo que su actividad representa para las

rutinas convencionales en su medio social.

Por eso, tener o no "carácter", es un coeficiente de afirmación del

individuo contra la colectividad que tiende a amalgamarlo en la masa.

En realidad, los hombres de carácter intenso y diferenciado son los

que más luchan por la vida; los demás lo hacen dentro de condiciones

tan uniformes, y con tan escasa energía, que su actividad resulta

imperceptible en el movimiento social; los indiferentes no luchan,

porque en rigor no viven.

Si, como venimos demostrando, la simulación sirve para adaptarse mejor

a las condiciones del medio, fingiendo cualidades cuya utilidad para

la lucha está probada y disimulando otras que son reconocidamente

perniciosas, debe confirmarse esta verdad en los hombres sin carácter

y en los hombres de carácter. En los primeros encontramos las _formas

sociales de la simulación_, es decir, las que son comunes a todos

los individuos que luchan por la vida dentro de un mismo ambiente

social; en los segundos percibimos las _variaciones individuales de la

simulación_, formas personales y bien diferenciadas, que decididamente

caracterizan al individuo.

En la masa de los hombres amorfos, la simulación suele ser un simple

reflejo de las simulaciones más difundidas, anastomosándose por una

parte con las mentiras convencionales, y por otra con la imitación en

todas sus formas, para cuyo estudio podrán consultarse las conocidas

obras de Nordau y Tarde. Obsérvese este hecho fundamental: _la

simulación es una mentira en acción_, al mismo tiempo que _sólo es una

imitación aparente_, según hemos explicado en el capítulo primero;

fácil será, pues, inducir la difusión combinada de estas tres formas

fraudulentas para la adaptación de la conducta al medio en que se actúa.

El "espíritu gregario", propio de todas las asociaciones de individuos,

impone a los hombres sin carácter cierta manera de ser, de pensar,

de sentir y de actuar, conforme a las condiciones comunes a todo el

agregado; el individuo, para no sucumbir en la lucha por la vida,

procura aproximarse lo más posible a esa común manera de ser,

adaptándose por todos los medios[4].

Por esos motivos, la simulación forma parte de todos los caracteres

humanos, entra como elemento psicológico en la constitución de

cualquier personalidad, normal o anormal. Estudiando las innumerables

formas colectivas e individuales de la simulación entre los hombres,

hemos podido comprobar que ningún individuo está eximido de simular en

la lucha por la vida; y para la muchedumbre de los sin carácter "saber

vivir" equivale a "saber simular". Los hombres, en general, adáptanse

tanto mejor a su ambiente cuanto más desarrollada tienen la aptitud

para simular.

Todo individuo de la especie humana es, en cierto modo y cantidad,

simulador; en determinadas circunstancias necesita serlo forzosamente.

En los amorfos la simulación no llega a ser intensa ni compleja, por

la sencilla razón de que nada lo es en ellos; cuando la afirmación de

la personalidad no lo exige, los medios de lucha no se desenvuelven

o lo hacen escasamente. Con una simulación débil coexisten otras

condiciones adaptativas, débiles también, que no imprimen carácter

determinado al individuo; el hombre larvadamente simulador puede

ser, a la vez, larvadamente modesto, hipócrita, generoso, embustero,

ambicioso, delincuente o servil. Esos elementos se combinan sin formar

un carácter, lo mismo que la sobreposición o combinación de todos

los colores determina su negación, según se demuestra en el conocido

aparato de física. Un hombre equilibrado, sin nada suficiente para

afirmar su individualidad, no tiene carácter; la simulación será en su

mente uno de los tantos resortes necesarios para adaptar la conducta a

la vida social.

Cuando la lucha es más intensa, todos los medios se intensifican: la

simulación entre otros. En este sentido general, los característicos

simulan más que los indiferentes, puesto que luchan por la vida con

más energía y tienen más ocasiones útiles para simular.

Lo mismo que los demás rasgos psicológicos especiales, la simulación

puede ser predominante o secundaria en la personalidad del hombre de

carácter.

En el primer caso tendremos un tipo psicológico caracterizado por

la simulación; en el segundo un tipo mixto, sobre cuya conducta la

simulación ejerce influencia subalterna.

La aptitud o la tendencia a simular llega a su acmé en determinados

individuos, en quienes la simulación alcanza la misma intensidad que

el individualismo en el Stockmann ibseniano, y el valor en el Moreira

criollo. Esos constituyen el tipo psicológico especial, cuyas diversas

manifestaciones analizaremos: el "simulador característico".

Cada uno de estos caracteres especiales desempeña en el conjunto

social una función útil, equilibrando la acción de su antagonista. El

simulador tiene su antítesis en el ingenuo,--pariente del "Cándido",

de Voltaire--que representa el otro extremo de la inadaptación a las

condiciones de la lucha por la vida; Bianchi ha definido ese tipo

como característico del _sincerismo_, y Mantegazza lo estudia bajo la

clasificación de "ingenuo". Ambos pueden perjudicarse por su propia

exageración, pero del contraste entre las dos funciones nace el justo

medio útil, enseñando al amorfo a no simular menos de lo que necesita y

a no ser más sincero de lo que conviene.

La simulación en la lucha por la vida · 第 36 / 56 题