Para terminar, digamos breves palabras sobre las diversas teorías
expuestas para la explicación de los fenómenos de mimetismo: tres
merecen recordarse principalmente. La de Darwin y Wallace, puramente
selectiva; la de Wagner y De Lanessan, emigratoria; la de Wood, Poulton
y otros, fotográfica.
Para los primeros, las homogeneidades de color y de forma son simple
resultado de la selección de los mejor adaptados: los individuos que
por cualquiera circunstancia encontráronse revestidos de un aspecto
semejante a su medio, han escapado a sus enemigos y al reproducirse
transmitieron ese carácter a sus descendientes, mientras los otros
desaparecieron, vencidos en la lucha. En el polo, el oso, gracias a
su blancura, tiene probabilidades de llegar hasta su presa; lo mismo
ocurre al león que pasea dominador sobre la arena del desierto. La
oruga no es descubierta por los pájaros gracias a su color análogo
al de las hojas de vid. La semejanza con objetos u otros animales
respondería al mismo fin protectivo y sería también un simple resultado
de la selección natural. Esta teoría no explica todos los fenómenos de
simulación observados en los animales, sino puramente los de índole
selectiva; y para estos mismos no resulta muy satisfactorio atribuir
al azar las variaciones favorables que han sido conservadas por la
selección.
Moritz Wagner, a cuyas ideas se inclina De Lanessan, cree que los
animales provistos de una coloración homocroma con su medio, han
buscado voluntariamente los sitios u objetos donde dominan su propio
color o sus propias formas, con el fin de escapar más fácilmente a
la vista de sus enemigos o de sus presas. Esta teoría explica muchos
fenómenos no encuadrables en la anterior, pero no basta por sí sola
para explicarlos todos.
Para otros casos, la explicación más razonable consistiría en admitir
una influencia refleja o fotoquímica de la coloración del medio sobre
la del animal, cuyo mecanismo no se conoce; las experiencias de Wood,
de Poulton y otros, parecen muy probantes en favor de esta teoría
parcial, que algunos autores llaman "fotográfica". Es de advertir que,
de todas, ésta es la que encuadra mejor en la concepción lamarckiana.
Las tres teorías son parcialmente exactas; sólo resultan falsas cuando
se pretende aplicarlas con exclusión de las otras. El error de cada una
está en la pretensión de excluir a las demás. Esta serie de fenómenos
es producto de un determinismo complejo; creemos que además de las
causas apuntadas deben existir otras secundarias, no estudiadas todavía
por los naturalistas. En sus formas propiamente psicológicas--es decir,
voluntarias y conscientes--los fenómenos de simulación observados en
los animales no son ya un resultado de esas causas que actúan sobre
la especie, sino manifestaciones de la conducta individual adaptada a
cada circunstancia: _son la expresión, transitoria o permanente, de la
conciencia que tiene el animal de la utilidad de simular_ (VI).