Las simulaciones activas y voluntarias, además de referirse a otras
especies animales, pueden ser relativas a estados especiales del
animal mismo. Son las llamadas "ficciones"; en realidad no son más que
simulaciones, usadas, como siempre, en calidad de medios de lucha por
la vida.
Llegada es la oportunidad de hacer notar que cuanto mayor es el
desenvolvimiento mental de una especie, mayor es su posibilidad de
fingir y engañar a sus enemigos. La conciencia del acto que realiza
aumenta progresivamente, así como la noción de su utilidad; en cierto
grado de la escala biológica encontramos animales que simulan tan
hábilmente como el hombre mismo.
Numerosos son los insectos que en presencia de sus enemigos simulan
estar muertos o se inmovilizan para aprovechar sus semejanzas con
cosas inanimadas: algunas _Cucullia_ se dejan caer al ser tocadas y
su aspecto inmóvil es idéntico al de un fragmentillo de madera. Otros
animales simulan estar dormidos mientras acechan sus presas; el ratón
suele fingirse muerto para escapar del gato; el zorro es memorable y
ha inspirado el libro clásico de Goethe. Muchos animales cubren su
cuerpo con hojas, flores, lodo, etc., siendo perfectamente disimulados
bajo el disfraz; para evitar los ataques de sus adversarios, caminan
con el objeto a cuestas. (Un fenómeno de este grupo nos sugirió, por
asociaciones de ideas, la filogenia de los fenómenos de simulación).
Algunos se cubren con otro animal, no comestible para sus enemigos:
es característico el caso de la _Dromia_, que coloca sobre su dorso
una esponja, manteniéndola fijada por medio de dos patas posteriores,
convenientemente transformadas para su objeto. Este caso es análogo
al de algunos indios de las pampas americanas, que suelen ocultarse
bajo el vientre de los caballos para no ser vistos por los enemigos,
llevando sus ataques por sorpresa; y es sabido que usando de un ardid
semejante logró Ulises escapar con sus compañeros de la caverna de
Polifemo, después de haber reventado el ojo del cíclope.