Donde hay vida, hay lucha por la vida. En todos los casos la Naturaleza
ha provisto a los seres vivos de medios ofensivos y defensivos útiles
para la supervivencia de los mejor adaptados a las condiciones del
medio; no siempre son los más fuertes, considerada la fuerza en un
sentido mecánico o cuantitativo, sino los más diestros o astutos para
substraerse a las infinitas causas destructivas que gravitan sobre los
seres vivos, o los más hábiles para proveer a la propia alimentación.
En esa lucha, directa o indirectamente combatida, los seres vivos
emplean recursos de índole variadísima. Recorriendo la serie evolutiva
de las especies animales y vegetales, se ven dos grandes categorías de
recursos: los unos a base de fraude, los otros fundados en la violencia.
La intensificación de la lucha por la vida, por el aumento numérico
de los individuos que tienen análogas necesidades, estimula el
perfeccionamiento y desarrollo de los medios de lucha. La adquisición
de un carácter ventajoso, ofensivo o defensivo, coloca a su poseedor
en condiciones favorables para el éxito, asegurando su vida y su
reproducción, y transmitiendo, mediante esta última, el nuevo carácter
adquirido, que será igualmente provechoso a su descendencia. Y, en
efecto, en toda especie viva, los individuos más robustos, más ágiles,
más astutos, más prudentes, según las circunstancias especiales en que
luchan por la vida, tienen más probabilidades de sobrevivir.
De todos esos medios, usados para la adaptación, algunos son verdaderas
armas punzantes, lacerantes, cortantes o contundentes: aguijones,
sierras, dientes, probóscides, aparatos eléctricos, etc. En otros
casos trátase de recursos defensivos: autotomía evasiva, posiciones
o actitudes especiales, defensas químicas, aparatos venenosos,
secreciones urticantes o tóxicas. Otras veces es utilísima la fuerza
muscular; la agilidad en el ataque y la defensa pueden ser decisivos
para el triunfo en la lucha por la vida. Otros seres vivos, animales y
vegetales, se asocian con individuos de la misma o de otras especies
diferentes, para luchar mancomunados contra peligros comunes; etcétera,
etcétera.
El uso de estos medios de lucha tórnase cada vez más complejo a
medida que las especies adquieren una estructura orgánica complicada.
En el reino animal, las funciones biofilácticas, o defensivas de la
vida, se acompañan de un desenvolvimiento psíquico progresivo, mejor
acentuado desde que aparece un sistema nervioso encargado de regir la
unidad del ser vivo, su individualidad. Culmina este desenvolvimiento
en la especie humana, que por su estructura cerebral y sus funciones
mentales está colocada en el término del _phylum_ más evolucionado
de los vertebrados; esa circunstancia hace que en el hombre los
medios de lucha por la vida sean más complejos que en las demás
especies animales, pues su inteligencia le ha permitido reforzar los
deficientes, suplir los ineficaces e imaginar medios artificiales
de aumentar su propia capacidad ofensiva y defensiva. Limitados
sus medios físicos de lucha por la dimensión de su organismo, por
su sistema óseo y muscular, por su resistencia a la fatiga, ha
centuplicado su fuerza oponiendo la inteligencia a los seres enemigos
que pueblan el ambiente; pero al mismo tiempo, en la lucha entre
hombre y hombre, entre sociedad y sociedad, ha perfeccionado casi
ilimitadamente sus medios de lucha mediante la mentira y el fraude, la
astucia y la simulación.
En ninguna otra especie animal se presenta bajo más múltiples aspectos
la lucha por la vida; sólo en el hombre los medios de lucha llegan
a ser un producto casi puramente intelectual. Y, como es fácil de
comprender, la violencia física personal sigue siendo lo esencial en
la lucha entre los salvajes, entre los niños y entre las personas
incultas, a la vez que los medios de lucha se tornan más intelectuales
en las sociedades civilizadas, en los adultos y en las personas cultas.
Se produce, en otras palabras, una evolución que tiende a hacer primar
las aptitudes mentales sobre las aptitudes físicas.
Cerremos este parágrafo, cuyo minucioso análisis pudiera prolongarse
indefinidamente, afirmando que: _todos los seres que luchan por la vida
poseen medios ofensivos y defensivos adaptados a las contingencias
habituales de la lucha_.
III.--ASPECTOS ACCIDENTALES, INSTINTIVOS Y VOLUNTARIOS DE LOS
FENÓMENOS DE SIMULACIÓN
Cada medio de lucha alcanza desigual difusión en las diversas especies
vivas; algunos están generalizados, otros son patrimonio de pocas
especies. Aquí predominan los medios fundados en la violencia; allá
los que se asemejan al fraude. La posibilidad de este último implica
cierto desenvolvimiento mental y aumenta en proporción a él; por
eso lo observamos especialmente en el hombre, y al apreciarlo en
otras especies animales usamos palabras cuyo valor originario es
esencialmente humano.
Dentro del _fraude_, que es un término genérico, podemos distinguir
diversas formas fundamentales, diferenciadas, aunque vinculadas
entre sí por formas intermediarias. La simulación y la mentira son
ramas nacidas del tronco común del engaño, de la astucia, en abierta
oposición con la violencia. Sin embargo, pueden diferenciarse sus
manifestaciones.
La _mentira_--estudiada en sus grandes manifestaciones sociales por
Nordau--es una forma de fraude exteriorizado mediante el lenguaje; la
mentira se dice, no se hace. Los diccionarios académicos definen la
mentira: "expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree
o piensa"; y el verbo mentir: "decir o manifestar lo contrario de lo
que se sabe, cree o piensa". Indúcese, claramente, y así el uso lo
consagra, que la mentira es, en suma, una forma de fraude exteriorizada
mediante las diversas formas del lenguaje, hablado o escrito.
Antes de definir la simulación conviene que la distingamos también
de la _imitación_, cuya importancia en la evolución de los agregados
sociales estudió agudamente Tarde. Ella consiste en hacer algo a
semejanza de lo imitado, que sirve de modelo. Las mismas Academias
dicen textualmente del verbo imitar: "ejecutar una cosa a ejemplo o
semejanza de otra". La imitación se refiere al hecho en sí mismo, en su
realidad: imitar una buena o mala acción significa hacer otra realmente
buena o mala.
Cuando no se ejecuta a semejanza de otra, pero se finge hacerlo,
hay _simulación_, fenómeno cuyas manifestaciones estudiaremos en
este ensayo. El diccionario académico explica con demasiada pobreza
este vocablo: "acción de simular". De este verbo solamente dice:
"representar una cosa, fingiendo o imitando lo que no es". En la voz
"fingimiento" léese: "simulación, engaño o apariencia con que se
intenta hacer que una cosa parezca diversa de lo que es". Definiciones
imperfectas, todas ellas. Convendría decir, de manera general, que en
la simulación: _las apariencias exteriores de una cosa o acción, hacen
confundirla con otra, sin que efectivamente le equivalga_. El actor
dramático que desempeña en la escena un papel de homicida--Otelo,
pongamos por caso,--no imita a Otelo, pues ello significaría dar muerte
a la actriz que hace de Desdémona; el actor _simula_ matar. Sólo si
matara de verdad, sería _imitador_ del personaje que representa; el que
imita una acción ajena, buena o mala, no simula; no aparenta hacerla,
la hace en realidad.
Creemos que ese breve ejemplo, sencillo para mayor claridad, basta para
poner de relieve la diferencia entre imitación y simulación, entre el
_hecho real_ de la una y la _simple apariencia_ de la otra. Pero en la
observación corriente suelen transgredirse esas distinciones, por no
existir una línea divisoria que separe de manera absoluta lo uno de lo
otro.
Partiendo de esta definición entremos a nuestro tema.
Las múltiples formas de _simulación_ pueden escalonarse en
diversos grupos, según se las estudie en sus diversas fases, de
las más sencillas hasta las más complicadas; fácil es advertir sus
cambios a través de lo que podríamos llamar su "filogenia". En sus
manifestaciones simples y primitivas preséntase como un fenómeno
accidental: una apariencia útil, un parecido benéfico; la vemos,
después, revestirse de formas progresivamente complejas: una apariencia
que protege de manera estable y general; y ser, por fin, voluntaria y
consciente: deliberadamente ejecutada para beneficiarse en la lucha por
la vida.
En los fenómenos del mundo inorgánico las simulaciones son casuales,
careciendo de valor selectivo. La lucha por la vida sólo existe allí
por la analogía con la lucha propia de los seres organizados, y en
sentido _metafórico_; la simulación no puede ser, en manera alguna,
un medio habitual de lucha por la vida. En esas manifestaciones
inferiores, la simulación es un accidente y la palabra que lo denomina
pierde todo sentido psicológico, pues el hecho es _involuntario e
inconsciente_; no podría ser de otro modo, produciéndose en cosas que
carecen de conciencia y de voluntad. Inútil sería insistir sobre la
verosimilitud de las diversas hipótesis panpsiquistas y los ensayos
de psicología atomística que pretenderían dar psiquis y conciencia
a todo lo existente; esos juegos de palabras son posibles llamando
psiquis y conciencia a cosas que no lo son, y quitando a esos vocablos
su significación psicológica, perfectamente determinada; los bonitos
poemas filosóficos a que nos referimos carecen de fundamentos que
permitan elevarlos a la dignidad de teorías científicas.
También suelen ser _inconscientes e involuntarios_ los fenómenos de
simulación observables en los seres vivos menos evolucionados; así
se la encuentra en los vegetales. Conviene, sin embargo, señalar que
ese mimetismo vegetal puede tener una influencia _selectiva_ en la
supervivencia de los mejor adaptados a las condiciones de la lucha por
la existencia. No admitimos que la simulación pueda ser consciente y
voluntaria en los vegetales, por no observarse en ellos fenómenos
revestidos de esos caracteres, aunque teóricamente el hecho pudiera
admitirse como posibilidad. Son conocidas las importantes discusiones
sobre la sensibilidad e inteligencia de los vegetales, fundadas en
observaciones del mismo Darwin, que concedía a la radícula de los
vegetales la propiedad de sentir, discernir y elegir.
En principio, si las funciones psíquicas existen ya, aunque en forma
elemental, en los más ínfimos organismos vivientes, como funciones
propias de la sustancia viva elemental, del protoplasma, no hay motivo
para negar a los vegetales--evolucionados desde formas simples, en
que los protofitos y los protozoos tuvieron probablemente un origen
común--funciones psíquicas elementales, no desarrolladas por ser
innecesarias a la forma especial de evolución que caracteriza al reino
vegetal. Y es bien claro que "funciones psíquicas" no equivale a
funciones conscientes o voluntarias.
Se explica que, arrancando de estas ideas, seriamente discutibles,
un gran imaginativo, Augusto Strindberg, formulara sus experimentos
destinados a establecer la existencia de funciones nerviosas y
psíquicas en los vegetales.
La simulación determina en el reino animal importantísimas selecciones,
realizadas mediante fenómenos de homocromía (semejanzas de color)
y de homotipía (semejanzas de forma), que en conjunto constituyen
el _mimetismo_. Muchas veces éstos tienen carácter consciente, aun
siendo _involuntarios_. Solamente en pocos casos pueden calificarse de
_conscientes_ y _voluntarios_; entonces representan un medio de lucha
por la vida _elegido_ por el animal, que lo considera el más ventajoso
de cuantos puede utilizar.
Entre los hombres agregados en grupos sociales, vivientes en
sociedad, la simulación es frecuentísima como fenómeno _consciente_ y
_voluntario_.
Este doble carácter permite simulaciones cuyos resultados pueden
invertir la selección natural; gracias a ésa y a otras formas de
fraude, tórnase posible la supervivencia de individuos inferiores,
débiles y degenerados de toda clase, supervivencia bien descrita por
Sergi; es el fenómeno que, actualmente, en sociología, suele llamarse
de selección invertida, "à rebours".
Las simulaciones en la sociedad humana y la psicología de los hombres
simuladores, constituyen el tema propio de este ensayo; insistir sobre
ellas sería anticiparnos.
Antes de penetrar a ese mundo de ficción y de mentira, en que todos,
buenos y malos, se ven obligados a simular, aunque más los malos que
los buenos, detengámonos en una explicación no superflua. Al exponer la
doctrina de la "lucha por la vida", dijimos que debía entenderse _en
sentido figurado_, como expresamente lo manifestó Darwin al enunciarla.
De igual manera hablando de _simulación como medio de lucha por la
vida_, conservamos a la frase su originario sentido figurado; de
otra manera, en sentido literal, sólo podría hablarse de lucha y de
simulación al referirse a fenómenos humanos, que fuesen _conscientes_
y _voluntarios_. Lucha y simulación son, en efecto, palabras que se
refieren a la conducta humana; por extensión aplica Darwin la una, y
por extensión aplicaremos aquí la otra, sin pretender que todas las
formas de simulación deban ser iguales a las usadas por el hombre
fraudulento que engaña a sus semejantes.
Los fenómenos de simulación solamente revisten caracteres de conciencia
y voluntariedad cuando la lucha por la vida llega a ser consciente y
voluntaria. Existe, pues, cierto paralelismo entre los caracteres de la
lucha y los medios en ella usados; hay una creciente complejidad en los
fenómenos de simulación, partiendo de los accidentales hasta llegar a
los voluntarios.
Conviene antes de terminar decir dos palabras sobre una cuestión
accesoria a primera vista, pero de indudable utilidad antes de entrar
al análisis de la simulación en la lucha por la vida, pues nos
permitirá reforzar la serie de fenómenos que estudiamos, evidenciando
más su difusión en la naturaleza y en la vida social.
Entre simular y disimular no existe, en realidad, ninguna
diferencia[2], y menos el antagonismo que podría sospechar quien se
atuviera a la forma aparente de ambas palabras. Y decimos aparente,
pues en casi todos los léxicos disimular corresponde aproximadamente
a simular, aun haciéndose entre ambos vocablos algún distingo de poco
valor. Simular: "arte usada con astucia por el hombre a fin de mostrar,
en los actos y en las palabras, todo lo contrario de lo que se tiene
en el espíritu, sea en bien o en mal". Disimular: "arte, estudio de
esconder el pensamiento propio o algún propósito. Simular. Ficción".
No existe, pues, diferencia ni contradicción alguna entre esos
términos; a lo sumo, podrá especificarse que el individuo simula lo que
no es, no tiene o no hace, y disimula lo que es, tiene o hace.
Pero considerándolos en relación con la lucha por la existencia,
su significado es el mismo: el que simula y el que disimula tratan
de ponerse en las mejores condiciones de lucha por la vida, dado el
ambiente en que actúan.
Por otra parte, observando los hechos, fácil es advertir que muchas de
las llamadas disimulaciones son simples simulaciones de las cualidades
contrarias a las disimuladas, y viceversa. El enfermo que disimula su
enfermedad para obtener una póliza de seguro sobre la vida, simula en
realidad un estado de salud. El zorro que finge dormir para sorprender
mejor a su presa, disimula su expectativa y simula el sueño. La
libélula que cierra las alas y se posa sobre el verde tallo de una
planta, confundida con una hoja cuya forma y color se parecen a los de
su cuerpo, buscando no ser vista por sus enemigos, simula ser hoja al
mismo tiempo que disimula ser mariposa. El político oportunista que se
entusiasma ante los electores, defendiendo doctrinas que en lo íntimo
de su caletre considera absurdas, simula las opiniones defendidas y
disimula las que profesa.
Para evitar mayor tedio, no proseguimos la enumeración de casos
análogos a los citados; ello sería ya innecesario, dada la evidencia
del hecho que prueban: la identidad de objeto y de significado entre la
simulación y la disimulación como medios de lucha por la vida.