CAP. XXXVI

Al amparo de nieblas y tinieblas, las tropas alemanas abandonan las

trincheras que la artillería enemiga desmorona y aplasta. Inician una

retirada sigilosa, y aun cuando para encubrirla sostienen el fuego en

algunos sectores, las patrullas inglesas, que mantienen el contacto,

descubren la maniobra. Los cañones alargan sus tiros, y comienza el

bombardeo de la segunda línea. Los reflectores esclarecen el campo, y,

bajo el cielo nebuloso del alba, pasa un vuelo de aviones. Los alemanes

se tienden en tierra, cercados por una cortina de fuego; los aviones los

descubren, y las granadas comienzan a caer sobre ellos. Entre nubes de

humo y turbonadas de tierra, vuelan los cuerpos deshechos: Brazos

arrancados de los hombros, negros garabatos que son piernas, cascos

puntiagudos sosteniendo las cabezas en la carrillera, redaños y

mondongos que caen sobre los vivos llenándolos de sangre y de

inmundicias. Los alemanes, viéndose descubiertos, comienzan a gritar:

--¡Ingleses! ¡Ingleses! ¡Piedad! ¡Piedad, que somos hombres!

Es un mugir de espanto como en los eclipses de sol tienen los toros en

la dehesa. Sobre el horizonte tiembla de continuo el resplandor de la

batalla, y el tronar de la artillería parece una voz que saliese de los

abismos de la tierra.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 40 / 45 题