CAP. XXXIV

La infantería avanza en negras oleadas; retiembla la tierra bajo el

golpe uniforme de las ferradas botas; hay un coro de voces profundas:

--¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante!

Una convulsión recorre la trinchera, y perdura vibrante en el tintineo

de las bayonetas. Los alemanes gritan:

--¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

Son miles de voces. Asoman apenas las puntas de los cascos, y los

franceses las aplastan a golpes de granada. Al abrigo de la trinchera,

desmoronada y llena de muertos, los alemanes hacen fuego de repetición.

Acompasados, se echan los fusiles a la cara, y disparan. Innumerables

lagartijas de llama rasgan las tinieblas. La ola de asaltantes, zuavos y

legionarios extranjeros, penetra en la trinchera, y un bramido bestial

los acoge. Las granadas ponen fuego en las yacijas de paja y en los

capotes de los muertos, y el humo y el olor de la carne chamuscada sirve

de fondo al clamor de los heridos. Un soldado alemán, envuelto en

llamas, corre a través del campo dando gritos. El incendio, que rampa

solapado por el fondo de la trinchera, a momentos, bajo el golpe de las

granadas, se aviva y surge, llenando de reflejos las puntas de los

cascos y el acero de las bayonetas. Se revela el rostro de los soldados,

pálidos, salpicados de sangre, cubiertos de lodo, con los ojos agudos

como puñales.--La artillería de los aliados bombardea el campo que se

extiende a retaguardia de la trinchera, y su fuego de cortina cierra el

paso a las reservas que acuden a reforzar la primera línea. Los heridos

alemanes se incorporan suplicantes:

--¡Franceses! ¡Franceses! ¡Camaradas!

Los que restan ilesos arrojan los fusiles y levantan los brazos:

--¡Camaradas! ¡Camaradas!

Forman grupos sombríos, atónitos, con una torva expresión de desamparo.

La derrota los embrutece y envilece:

--¡No somos prusianos! ¡Somos bávaros!

Y otro grupo, arrodillado en el fango, con los brazos en alto:

--¡Los bávaros no queríamos la guerra! ¡Franceses! ¡Franceses!

¡Camaradas!

Perdida la esperanza de vencer, ciega como un instinto, ingenua y

brutal, parecen bueyes desalentados. Los franceses les conceden cuartel

con el gesto orgulloso de la victoria.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 38 / 45 题