CAP. XXXI

Sobre la gran llanura picarda, la batalla se encrespa. Por el laberinto

de zanjas cavado a retaguardia de la primera línea de trincheras, y

camino para llegar a ellas, avanzan escuadras de infantes ingleses y

franceses, que corren en fila india, resbalando y chapoteando en el

barro, anhelantes por llegar. Las bombas alemanas ruedan, encendiendo

los aires en el caos gris de la niebla, y estallan, desmoronando los

taludes. En algunas ocasiones queda cegado el paso, y la tropa desfila

bajo la descubierta del fuego enemigo, ligera y dispersa. El vasto campo

de la batalla se les aparece de pronto, nebuloso y profundo, estremecido

de instante en instante por las lumbres y el trueno de los cañones.

Agazapándose, entran otra vez en el laberinto de zanjas, y caminan

enterrados en el barro hasta las corvas, pero con un aliento nuevo.

Pelotones de infantes arriban a la primera línea de trincheras por

diversos caminos y en distantes parajes; el laberinto de zanjas es un

hormiguero de hombres. Sobre el talud que da vista al campo enemigo, las

escuadras alínean sus fusiles, y hacen fuego por descargas. Los

torpedos, al estallar, destruyen los parapetos y sepultan a los hombres;

trazan en el cielo su lenta curva; caen humeantes; abren hoyos

profundos. Y, en el fondo de la llanura, flamea sobre el cielo negro el

resplandor de tres aldeas en llamas, rodeadas de clamores:--Un cerco de

mujeres trágicas que abrazan a sus hijos, y de viejos que levantan los

brazos.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 35 / 45 题