CAP. XXVII

Los diez y seis hombres de la escuadra trabajan en silencio: Están a

pocos pasos de las líneas alemanas y el más leve rumor puede

descubrirles: Abren una zanja que en pocos momentos se atuye de agua

fangosa. Las alambradas rotas y retorcidas salen de entre el barro

desgarrándoles la carne, y cavan enredados en ellas. Cuando los cohetes

se encienden en el aire, los peludos franceses quedan inmóviles en el

lago de cieno. De tarde en tarde una ametralladora perdida en la noche,

desgrana sus truenos: El sonido se esfuma a intervalos en las ráfagas

del viento y la lluvia, tiene repliegues profundos como si tomase la

forma quebrada del terreno: Se revela de pronto, y de pronto se amengua,

en una línea llena de dramatismo. Los soldados prolongan la zanja hasta

un barranco, y el agua se precipita haciendo torrente. Comienza a

perfilarse la forma de la trinchera. Aparecen algunos muertos

enracimados en el fondo, y los soldados van sacándolos de entre el cieno

y alineándolos sobre el talud. Desentierran dos ametralladoras

retorcidas como virutas. El cabo mete su linterna por la boca de los

abrigos: La luz tiembla sobre el agua dormida, las ratas trepan

asustadizas por el muro de tierra, y unas botas negras e hinchadas

rompen el haz de la charca. Las aguas hacen un círculo en torno. Los

pies del muerto tienen un ligero vaiven. El cabo murmura:

--Dejaremos para mañana achicar el agua.

Un peludo se acerca, y mete la cabeza atisbando por detrás del cabo:

--¡Aquí parece que no se ha salvado ninguno!

El cabo le mira por encima del hombro:

--¡Las ratas!

--¡Esos ya descansan!

--Pues tú no te cambiarías por ellos... Y al cabo, si no hoy, mañana,

todos estaremos así.

Se alejan encorvados bajo el temporal. Se oye el rumor del agua que baja

al barranco. El soldado murmura:

--¡Si la guerra acabase!...

--¿Tú, qué gente tienes allá abajo?

--Mujer y tres hijos. ¿Y tú?

--¡Nadie!

--¿Eres soltero?

--Soy divorciado.

El cabo mete la linterna por la boca de otro abrigo. La luz tiembla

sobre el agua negra. Un perro de lanas nada teniendo en los dientes el

brazo de un cuerpo que se hunde. Se ve la mano lívida. El perro nada

hacia la luz.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 31 / 45 题