CAP. XXIV

El grito enorme de la batalla estremece toda la tierra picarda. Las

aldeas están llenas de soldados, de caballos, de carros de municiones:

En las esquinas hay puestos de café caliente, y los ventorrillos de las

carreteras, iluminados por una luz de petróleo, rebosan de uniformes: La

lumbre de las pipas abre rojos reflejos en las caras que gesticulan en

un vaho de humo, y se enraciman delante del mostrador. De tarde en tarde

un soldado sale a la puerta, mira al cielo y tiende la mano para

cerciorarse de la lluvia. A lo largo del camino, carros de

ametralladoras, carros de forrajes, carros de municiones, carros de

artillería, esperan la orden de ruta: Cruzan automóviles con oficiales,

y se pierden rápidamente en la niebla: Cruzan ciclistas con el fusil en

banderola, jadeantes, obstinados sobre los pedales, y patrullas de

caballería, y escuadras de infantes. Canta en la noche una gaita de

escoceses; los cohetes abren sus rosas en el aire; los reflectores

exploran la campaña, y los carros vuelven a rodar deshaciendo las

carreteras. Tres hogueras, tres grandes hogueras, rojean sobre la

llanura: Tres aldeas que los alemanes, al retirarse, han puesto en

llamas.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 28 / 45 题