CAP. XXIII

Las bombas caen en lluvia sobre las trincheras alemanas, las desmoronan,

las escombran, las arrasan: Es un ciclón de fuego. Y la artillería

teutona, si responde rabiosa en unos parajes, en otros calla impotente

para cubrir la extensa línea que los aliados atacan. Sus parapetos están

llenos de muertos, y los soldados atónitos, huraños a los jefes, esperan

el ataque de la infantería enemiga, sin una idea en la mente, ajenos a

la victoria, ajenos a la esperanza. Eran los dueños de la fuerza, y

advierten oscuramente que otra fuerza superior ha nacido contraria a

ellos, contraria a los destinos de Alemania. Una sima profunda se abre

en aquellas almas ingenuas y bárbaras, otro tiempo llenas de fe. Los

jefes sienten la muda repulsa del soldado, el desasimiento de la tierra

invadida, el anhelo pacífico por volver a los hogares: Y a los que están

en las trincheras se les emborracha para darle bríos, y a los que sirven

las ametralladoras se les trinca con ellas porque no puedan desertar, y

el látigo de los oficiales que recorren la línea de vanguardia, pasa

siempre azotando.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 27 / 45 题