CAP. XXI

En la sala de operaciones, blanca e iluminada, médicos y enfermeros con

delantales, no se dan reposo lavando heridas, restañando la sangre,

rasgando vendajes. Sobre los tableros de mármol, las lámparas de alcohol

levantan sus lenguas azules; los ayudantes desinfectan tijeras y pinzas;

el olor del cloroformo, olor a manzanas, satura el aire. El Doctor

Verdier murmura mientras desnudan a un herido:

--Me temo que seamos desbordados... Habrá que ver de habilitar la

iglesia, porque aquí pronto nos faltará sitio. ¿Y paja? ¿Tendremos paja

para hacer camastros?

Está librándose una gran batalla; se oye el bombardeo lejano y

constante. Patrullas de caballería, carros de ametralladoras, convoyes

de municiones escoltados por tropas de infantes, desfilan sin intervalo

por la única calle de la villa, para ir a perderse en la bruma del

Suroeste.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 25 / 45 题