CAP. XX

Cerca del amanecer llega un convoy de heridos. Bajo las acacias

desmochadas se tienden cuarenta carros de la Cruz Roja. Falta sitio, y

las monjitas belgas, refugiadas en aquel hospital de una villa francesa,

ofrecen sus celdas y sus lechos, blancos como altares, para los soldados

de la República. Los corredores rebosan de heridos. Yacen las camillas a

uno y otro rumbo del muro, formando una vía dolorosa llena de quejas y

largos ayes. Algunos heridos leves, pálidos y soñolientos, con los

vendajes salpicados de sangre y de barro, descansan en los bancos del

locutorio. La escalera está llena de soldados dormidos, con las mochilas

por cabezal: Se arrebujaban en pardas mantas, exhalaban un vaho húmedo:

Son bisoños aspeados, y tan rendidos de fatiga, que, al entrar bajo

techado, tiran la mochila por delante y se tumban.--Los corredores están

llenos de movimiento, de voces y de lodo. En el camino que forman las

dos hileras de camillas, los clavos de las fuertes botas militares dejan

su impronta. Al ruido de los pasos, una mano, que muestra su lividez

bajo la suciedad del barro y de la pólvora, levanta el hule del

cabecero:

--¡Me muero de sed! ¡Me muero de sed!

Es una voz sofocada. Se ve la frente envuelta en vendajes de gasa con

roeles de sangre fresca, y todo el rostro desaparece bajo los vendajes.

De otras camillas se escapa una queja débil, de otras palabras

acalenturadas, estertores, gritos de delirio, también hay algunas en

silencio profundo, como féretros. Los gritos, las suplicaciones, las

frases caóticas devanadas sin tregua, hacen babel. Un herido no cesa de

gritar:

--¡Los ingleses! ¡Los ingleses!

Retiembla la camilla, saca los brazos agitando las manos:

--¡Los ingleses! ¡Los ingleses!

Y siempre lo mismo, el mismo sopor inexpresivo en el grito, el mismo

pensamiento oscuro dando vueltas como la piedra de un molino. Era más

angustioso de oír que una queja desgarrada. Otro herido da voces

heroicas; otro, ríe con gran jolgorio:

--¡No te vayas, Juana! ¡Escucha, Juanita!... ¡Ja, ja!... ¡Si no te

pellizco!

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 24 / 45 题