CAP. XII

La marinería se arremanga y entra chapoteando por el agua llena de

fosforescencias. A lo largo de la playa flotan más de cien cadáveres

alemanes inflados y tumefactos. Uno hay que no tiene cabeza; otros

descubren en el vientre y en las piernas lacras amoratadas, casi negras.

Comienza la faena de ponerles velachos con las pértigas y lienzos de las

tiendas. Valiéndose de los bicheros, les hacen brechas en la carne

hidrópica, y clavan los astiles donde van las lonas. Luego,

supersticiosos y diestros, los empujan hasta encontrar calado: Sesgan la

vela buscando que la llene el viento, y, al tobillo o al cuello, les

amarran las escotas. Los muertos se alejan de la playa como una

escuadrilla de faluchos: Se les ve alinearse bajo la luna, y partir

hacia el horizonte marino empujados por la fresca brisa que sopla del

tercer cuadrante. Pasa un aliento de alegría sobre aquellas almas

infantiles y crédulas. Un grumete, con la gorra en la mano, y las luces

de las estrellas en los ojos fervorosos, clama en su vieja lengua

céltica:

--¡Madre del Señor! ¡Ya no tengo miedo a los muertos!

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 16 / 45 题