Los alemanes, aprovechando la oscuridad de la noche, salen de sus
trincheras y llegan a las defensas avanzadas de los franceses. De
pronto el ladrido de un perro da el alerta, y la luz de un reflector los
descubre arrastrándose sobre la nieve, rota la formación y muy
dispersos. Los franceses abren el fuego. Los alemanes, con impulso
unánime, se incorporan y corren hacia las líneas enemigas arrojando
granadas de mano. Cuando unos caen, otros los secundan: Suben
arrastrándose, combaten en oleadas. Los franceses, al abrigo de sus
defensas, hacen fuego de fusil. Es una avanzada de veteranos alpinos, y
en pocos instantes sólo quedan setenta hombres ilesos. Las granadas caen
dentro de la trinchera. Están rotos los hilos del teléfono, y dos
soldados se destacan voluntarios para reparar la avería: Estalla una
granada, y dobla al uno sobre el otro: Quedan en un escorzo blando, sin
horror, como dos hermanos que se besan. El teniente de la segunda
compañía, metido en la garita del teléfono, escribe un parte. Se oyen
los gritos de los alemanes al penetrar en la trinchera. El teniente
dobla el papel y lo sujeta bajo el collar de un perro que espera
moviendo la cola: Le halaga, le saca fuera y lo hace rastrear. Parte el
can como una centella. El teniente da algunos pasos y tropieza con un
herido que se queja caído en el fondo de la trinchera. Otro se venda la
frente algo más lejos. El Teniente Breal los anima con una gran voz:
--¡Viva la Francia! ¡Arriba los muertos!
Y los muertos se levantan, y hay una gran basculada dentro de aquel foso
lleno de oscuridad, de fango y de tumulto. Dos ametralladoras francesas
rompen el fuego sobre el árido descampado por donde avanzan los
alemanes. Sus tiros se cruzan metódicamente como una expresión
matemática, indiferente y cruel a los hombres. A través de la selva
nevada huye la sombra del can: Corre al flanco de un foso, entra por una
senda donde están detenidos muchos carros en fila: Aparece y desaparece:
Salva de un salto el ramaje de los abetos caídos sobre el camino: Corre
con el ijar sobre la tierra: Bajo la luz de los reflectores se agacha
igual que hacen los soldados. Vuelve a vérsele sobre la orilla del foso,
rastrea, desciende por el talud, se mete por el fondo y, moviendo la
cola, entra en una casamata. Dos oficiales escriben a la luz puntiaguda
de un quinqué, y el can, haciendo corcovos, se coloca entre ellos, de
manos sobre la mesa. El Teniente Rousell le halaga y saca el parte que
lleva sujeto en el collar. Comienza a leerlo, y el otro oficial lo va
silabeando delante del teléfono:
--Comandancia de brigada.--Transmito parte del Teniente Breal.--2.ª
Compañía de Cazadores Alpinos.--Fuerzas alemanas, con un golpe de mano,
han conseguido penetrar en nuestras defensas. Me sostengo con los
hombres que me quedan, pero necesito ser auxiliado urgentemente. Tengo
el mando por desaparición del Capitán Douchesne.--TENIENTE BREAL.