Granizos y ventiscas en los montes alsacianos y en los Vosgos.--Ya cantó
dos veces el gallo.--Las trincheras tienen una cresta blanca, y,
soterrados en ellas, vestidos de pieles como pastores, los centinelas
acechan el campo enemigo, asomando apenas tras el parapeto cubierto de
nieve. Hay un cañoneo lento, que tiene largas y encadenadas resonancias.
La luz de los reflectores vuela sobre las cumbres, llega al fondo de las
selvas, ilumina el tronco de los abetos y el albo talud de las zanjas,
por donde corren en fila india los soldados que acuden a reforzar las
defensas del Hartmanwillerkopf.--El Viejo Armando, en la jerga de los
peludos.--Sobre el sudario de la nieve, los cohetes abren sus rosas de
colores. Entre Thann y Metzeral se ha iniciado un fuego de ráfagas, y en
los puestos de escucha, los canes, agazapados a la vera de los soldados,
se avizoran.